La oscuridad viene a por mi.

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Vi un linterna a mi lado. No se porque, pero la cogí y apunte a Javier con ella. Parecía que le molestaba, la oscuridad que le rodeaba se iba desvaneciendo, finalmente hubo un gran destello y la oscuridad que le envolvía desapareció, aún así el continuaba acercandosé a mí. Me amenazó con el cuchillo y me atacó con el. Paré el filo con las manos, aunque me las estaba cortando, no podía soltarlo, puesto que lo empujaba hacia mi cuello. Pude darle una fuerte patada en la pierna y soltó el cuchillo, yo aproveche, lo cogí y se lo clave en el pecho, acto seguido su cuerpo se desvaneció.  -A muerto- Me dije a mi mismo.

Repentinamente mi linterna se apagó sola dejandolo todo sumido en la total oscuridad. No se cuanto estuve así, a mi me parecieron horas. Al cabo de un rato decidí intentar encender la linterna, la cual tuvo que recibir varios golpes antes de encenderse. Cuando finalmente se encendió pude ver a los padres de Javi tirados en el suelo, a Javi no se le veía por ninguna parte. Al salir fuera y mirar al cielo vi que esté estaba negro, pero no un negro como el de la noche, si no un negro total, sin estrellas, sin luna, incluso las farolas estaban apagadas, así que decidí ir con la linterna encendida. Empezó a llover, pero llovía esa cosa negra y espesa que me había encontrado antes. Que eso me tocase no podía ser nada bueno, así que cogí un paraguas y fui hasta casa. Tenía que ver si mamá estaba bien, no es que mi madre no sepa defenderse y mucho menos que yo la pudiese defender de alguna manera pero quería asegurarme, salí de mis pensamientos al ver que delante mía se alzaban muchas personas las cuales las rodeaba la misma oscuridad que a Javi. Les apunte con la linterna, instantáneamente todos empezaron a venir hacia mí.
Di media vuelta y corrí. Corrí lo más rápido que pude, detrás mio se escuchaban gritos, golpes metálicos, sonidos de motosierras. Cuando por fin les perdí de vista me dirigí a casa, cogí las llaves e intente abrir la puerta, pero estaba atascada. le dí varios golpes y patadas. Pero no se movía,
seguía intentando abrir la puerta cuando me di cuenta que a los dos lados de la calle estaban las mismas personas de antes. Las cuales empezaron a rodearme. No tenía forma de escapar.

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