Parte 2.- Darse.

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Día martes, el segundo de la semana, y el mas largo para mi, un horario de 9 horas sin parar, y la mejor forma para alargarlo es cargar todo ese rato con un tormento de culpabilidad y reproches.
Esos gritos me comían viva, parecía que no se detuvieron desde la tarde de ayer, continuando por toda la noche, en la que solo fingí dormir tratando de engañarme a mi misma, aunque ahora que lo pienso, de haber logrado dormir sería para despertar en una pesadilla, mas bien es un alivio el no haberlo logrado.
Cuando finalmente ese tedioso día terminó, me sentí libre y con las ganas de buscar una distracción, el día ya estaba lo suficientemente desperdiciado, pero tenía la tarde libre, solo faltaba la parte mas complicada, caminar de nuevo por ahí.
Mi cerebro no me ayudó, como era de esperarse, mil posibilidades vinieron a mi cabeza, seguro alguien murió gracias a mi indiferencia y miedo, pude salvar la vida de una persona, o su integridad, estuvo en mis manos, y lo esquivé, nunca me lo iba a perdonar.
¿Que mas hace falta? Claro, me lo imaginaba, seguro los criminales se percataron que pasé por ahí, seguramente es un sitio que frecuentan para actuar y saben que caminaré por ahí todos los días, soy la siguiente víctima en su lista de espera.
Estando a pocos metros del pino medio caído, al costado de las vías del tren sin uso y del barranco en medio de la espesa vegetación en el empinado borde, mi mayor deseo es que este camino a casa sea uno de tantos mas que he dado, que nada vaya a cambiar y que solo esté exagerando las cosas, pero no iba a ser así, estaba por tropezar.
Mis oídos dolieron de nuevo, segundos antes de que ese terrible grito comenzara de nuevo -REACCIONA -Me dije, se me puso de nuevo esta oportunidad, para aliviar mi culpa, no seas como todas las personas de este mugriento país, que pasan de ser parte de la solución a ser parte del problema por la indiferencia, que voltean la cabeza para ignorar algo que saben que pueden cambiar pero no se tienen las agallas, y es algo colectivo.
Me sentí exagerada y tonta, pensé que prefería morir como una heroína a vivir siendo parte de la mediocridad que representa el cancer de la humanidad, pero despertando a mi lado maduro y adulto, caí en cuenta de que probablemente se trata solamente de una persona atascada en el fango y nada más.
Me llené de valor y seguí el sonido, había una neblina leve pero poco tranquilizadora, el grito era de dolor y de pánico, era una voz chillona y exagerada, vibrante, la voz perfecta para alguien en peligro, como si fuese diseñada específicamente para funcionar como una alarma.
No había fango, no había una persona secuestrada, no encontré un cadaver.

HamorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora