Prologo

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-¿De verdad no hay posibilidades de que entre a un colegio normal?—dije a mi madre mientras me despedía a mí y a mi hermano frente a el Boarding School Blessed Trinity.

Sí, desde que empezamos el primero de secundaria, mi hermano Joan y yo, estamos en un internado. Mi abuelo estudió aquí, mis padres se conocieron aquí, y es una especie de tradición que nosotros también. Ah, por cierto, me llamo Dayana, Dayana Levinson.

Nuevamente empezábamos las clases y llevaba todas las vacaciones de verano pidiéndole a mi madre un cambio de colegio, a uno normal si no era mucho pedir. Pero ella se había reusado desde mi primera suplica, pero yo era testaruda, y aun estando en frente a esta cárcel seguía rogando.

-No, Dayana. Ya habíamos hablado de esto. Solo son este año y otro para que te gradúes—dijo mi madre con una gran sonrisa en su rostro.

Esto era el final de mis suplicas. Ya estábamos aquí y nuevamente se había reusado. No era porque no pudiera entrar en otro colegio, aunque ya han pasado las inscripciones en otros colegios, el dinero puede mover todo y sé que eso no sería un problema para mis padres. Mi madre era agente de finca raíz y mi padre uno de los socios mayoritarios de una cadena de hoteles. Pero al parecer todos opinaban sobre mi vida excepto yo.

Tomé mi maleta y empecé a caminar hacía la gran puerta de madera donde la señora Evanson esperaba. La señora Evanson era la directora del internado desde que recuerdo. Era una mujer de edad ya avanzada pero para el asombro de muchos muy bien conservada. No me sorprendería que tuviera oculto un retrato como el de Dorian Gray en su habitación.

Como todos los años, nos asignaron las habitaciones y nos daban una hora para acomodarnos, después de eso teníamos que estar todos reunidos en el auditorio para la el típico discurso de la señora Evanson. Aquí comenzaba la tortura.

Un hombre caminaba detrás de mí llevando mis maletas—la que había traído conmigo hoy y las que se enviaron por aparte—mientras me dirigía a mi habitación.  Por fin la encontramos, la habitación 325C.

Al entrar en la habitación encontré a mis mejores amigas sentadas en el sofá de la sala común que tenía nuestra habitación. Esa era una de las pocas cosas que me gustaba de estar aquí. Cada año mis compañeras de habitación eran Carolina y Valentina. Todas entramos el mismo día y nos asignaron la misma habitación. Desde entonces somos amigas inseparables. Nuestras familias son muy cercanas. Incluso las 3 familias han pasado navidades juntas un par de veces. Eran de las pocas chicas que me lograban agradar. Simplemente odiaba ese estereotipo que había de que si eres bonita y te gusta la ropa, los zapatos, el maquillaje y etcétera entonces eras tonta o simplemente solo pensabas en chicos. Nosotras tres éramos la diferencia a la regla. Teníamos el amor por todo esto, somos completamente lo que la gente esperaría de una chica pero al mismo tiempo estamos entre las mejores estudiantes de internado. Que fuera bonita no me haría una tonta con una sola neurona rebotando en mi cabeza.

Carolina era alta, de cabello hasta los hombros y negro, ojos del mismo color de la miel y con sexys curvas. Su rostro me recordaba mucho al de Vanessa Hudgens. Toda una belleza. Mi otra amiga, valentina, tenía una piel demasiado pálida, pero eso no la hacía menos hermosa. Tiene un cabello rubio cenizo hasta la cintura con unas pequeñas hondas, unos grandes ojos verdes con unas largas pestañas negras que se notaban más sobre su pálido rostro. Yo por mi parte tenía el cabello castaño cobrizo hasta la mitad de mi espalda con unas hondas, ojos cafés claros y una pequeña figura. A pesar de no ser tan alta como Carolina, tenía unas pequeñas curvas que resultaban bastantes atractivas. Sobra decir que a ninguna de las tres le faltaban las citas. Para este momento Carolina tenía a su novio Taylor, Valentina tenía a Leo y yo estaba sola. No soportaba las relaciones dentro de esta cárcel y no quería tener un novio a distancia, así que por ahora el tener novio no era una opción. Suelo tener citas pero no pasan de eso, una simple cita.

El lugar estaba lleno de maletas así que después de saludarnos cada una se fue a su habitación para organizar las cosas. Desempaque mis maletas, colgué y doblé toda mi ropa en el armario; mis cosas personales terminaron en el baño y mis libros y cuadernos sobre el escritorio y la librería. Tomé un corto baño y me coloque el horrible uniforme. Era una falda gris que se suponía debería ir a la rodilla pero—ya que las reglas están para romperse—la utilizaba más corta, una camisa blanca de manga larga y una corbata.

Una hora después íbamos corriendo por los pasillos porque íbamos tarde para el típico discurso de la señora Evanson. Logramos llegar justo a tiempo para que el típico protocolo empezara.

Como todos los años la señora Evanson dio su largo discurso donde le prometía a los nuevos alumnos que estar en el Boarding School Blessed Trinity era lo mejor que podía pasarles, sin decirles que esto era como estar en prisión sin haber cometido un crimen. Nos entregaron nuestros horarios y se nos pidió inscribirnos en una actividad extracurricular. Lo mismo de todos los años.

Las opciones para las clases extras eran música, teatro, danza, manualidades. Ya había tomado clases de todo eso y no iba a repetirlo. También estaban el grupo de las animadoras y las clases de ballet. Igual que todos los años tendría que volver a tener clases de ballet. Carolina se fue por el grupo de las descerebras y Valentina por teatro. Bueno, al menos algo cambiaría en la rutina de ellas dos.

Este sería otro largo y aburrido año. Se suponía que cada persona debía asistir a una orientación—que en realidad terminaba siendo una corta charla—sobre su nueva actividad extra. Ya que había tomado el curso de ballet desde que había entrado aquí decidí saltarme este paso.

Caminaba sin rumbo por la escuela mirando el suelo cuando me choque con alguien. Estaba a punto de insultar al idiota con el que acaba de toparme cuando vi esos grandes ojos grises. Un apuesto chico estaba al frente mío tomándome por los hombros como prevención a que me callera por el golpe. Nunca lo había visto en todos mis años lo cual solo me decía que era nuevo. Me pidió unas rápidas disculpas y se marchó. Tal vez este año si tuviera cosas nuevas.

El amor NO se elige ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora