No puedo aceptar tal regalo, no va conmigo, es algo que yo no puedo tener, lo devolveré, está decidido.
En unos días el señor Gian y Nora -mi aborrecible tía- se irán a visitar a la abuela de Alex por dos días, algo que hacen cada año, en la misma fecha y siempre es una tortura para mí, ya que desde hace dos años Lola hace una fiesta en la que invita al instituto entero ¡es molesto! Alex y Lola cumplen dieciocho en estos días y tienen la oportunidad perfecta para celebrarlo. Es muy irritante, cada vez que hacen las fiestas yo cierro mi habitación con llave y me pongo algodón en los oídos para no escuchar la intolerante música, me acuesto a dormir aunque no me de sueño. Lo peor es que ponen música que da asco, sus letras son un insulto para la mujer, pero eso es lo que le gusta a la gente ignorante de ahora.
Los siguientes días intento devolverle el regalo a Alex pero se niega rotundamente a recibirlo, así que me toca tomar medidas drásticas y entro a su habitación la cual es un desastre ¡Que desorden! Creo que vi a una rata caminando con unos calcetines encima.
¿Qué es ese olor? Oh, sí, un sándwich podrido. Me apiado de la pobre Lola que fue capaz de quedarse un día en esta horrorosa jungla que Alex hace llamar dormitorio.
Veo la cerradura de la puerta moverse.
—Oh, no.
Inmediatamente me tiro debajo de la cama al estilo matrix aunque caigo de cola y me queda doliendo como si mil demonios me hubieran pateado.
Veo los pies del engendro de rata moverse por toda la habitación durante unos minutos, hasta que para muy cerca de la cama, intento moverme pero mi codo se golpea -con ¿una caja?- Mandándome un corriente eléctrica por todo el cuerpo.
—¡Mierda! —grite en un susurro ahogado.
—¿Mara? —Dice Alex confundido pero yo no contesto, ni siquiera respiro para no hacer ningún ruido. —Me estoy volviendo loco. —Esas palabras me causan tanta gracia que no aguanto y reviento en carcajada.
Enseguida la cabeza de Alex se asoma por el borde de la cama, su boca se abre lo suficiente como para que cincuenta moscas entren por ella. Me saca bruscamente para luego tirarme a la cama, la cual está toda distendida.
— ¡Eres un bruto!
— ¿Qué haces en mi habitación? —pregunta cogiéndome de los brazos para que no pueda escapar.
— ¿Enserio puedes llamar a esta granja, habitación? Hay cientos de animales.
—No seas exagerada.
— ¡¡Que no sea exagerada!! Acabo de ver a una rata correr con unos calcetines encima.
—No es una rata, es un hámster.
— ¿Por qué esta en tu dormitorio?
—Es mi mascota.
— ¿No será tu hermano? — El engendro de rata me fulmina con la mirada—Es que son tan parecidos.
—No me hace gracia.
—A mí sí.
—Ahora dime la verdad ¿Qué haces aquí?
—Quería invadirme de tu salvaje aroma y ¿Qué mejor que esta selva?
Alex no me creyó pero me dejo salir de ese circo que hace llamar habitación. Por suerte dejé la manilla en uno de los cajones de su escritorio. Misión cumplida.
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Veo a mi alrededor y hay muchos borrachos, otros desplomados en el suelo, también adolescentes comportándose como si tuvieran un año de edad, las parejas están besándose, lamiéndose (literalmente), tocándose y otros a punto de desnudarse, ¡uufff tanto amor me enferma!
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Estúpido amor
Teen FictionMara Carbone es una adolescente antipática, solitaria, ermitaña, y por supuesto, que no cree en el amor. Sus razones: - Vuelve seres irracionales e ilógicos a los humanos. - Te hace vivir en una efímera ilusión. - Te aleja de lo real. Pero, ¿Qué pa...