leyenda urbana La Luz mala

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Extensos paisajes de nuestro país dan a quienes habitan el campo la posibilidad de vivir en paz y armonía, en las “soledades” de sitios donde el tiempo es más lento y la vida es felizmente intrascendente. Quizá por eso las tradiciones religiosas, velorios y supersticiones hacen a la monótona vida del gaucho un poco más divertida.

Y así el hombre de campo se inquieta y preocupa por la luz mala, también conocida como “farol de mandinga” o “farol del diablo”. Se trata de fuegos fatuos, “la inflamación de ciertas materias que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, que forman pequeñas llamas que se ven andar por el aire (…) especialmente en pantanos o cementerios”, según la Real Academia Española.

Pero ningún genuino hombre de campoharía caso a definiciones científicas, cuando se puede vivir aterrado por la luz mala. Y no es para menos, si se trata de un alma en pena de un difunto abandonado, que emerge al mundo de los vivos clamando justa venganza, porque sólo las ánimas que murieron en mala ley vagan en reclamo de justicia. 

El gaucho ignoraba su origen, la consideró sobrenatural y le dio el nombre de “luz mala”, creyendo que era un ánima en pena. Según las creencias, se trata del espíritu de un difunto que murió injustamente o que reclama por haber sido enterrado en el cementerio. 

Y no es para menos: antes, los difuntos solían ser velados en sus casas y enterrados en la Iglesia del pueblo. ¿Cómo no salir “embuchao” si a uno lo entierran en el deshonroso cementerio?

Así como los hombres que han engañado a sus difuntos amores deben cuidarse de la Viuda Negra, el gaucho debería temer al “farol de mandinga” si tuvo algo que ver con muertes injustas, o bien si tenía relación con un difunto que todavía no purgó sus penas. 

Personajes cotidianos de la vida rural, como esos hombres de avanzada edad que cuentan historias en los fogones, siempre llevan consigo alguna anécdota en la cual se las tuvieron que ver con la luz mala, algún“trance fiero” del cual se puede salvar -y vaya tomando nota- con la promesa de prenderle una vela a su memoria.
En general nadie se anima a cavar donde sale la luz mala por el miedo que esta superstición infunde en las personas. Los pocos valientes que se animaron a hacerlo, siempre encontraron objetos metálicos o alfarería indígena - muchas veces urnas funerarias con restos humanos-, lo que aumentó el terror. Y como al cavar debajo de la luz se desprende un gas a veces mortal, se recomienda hacerlo con un poncho o alguna manta gruesa de lana, para que no respirar el olor.

Inclusive, una pequeña ayuda de un texto de Hipólito Marcial ayuda a la tarea de sacar la luz del diablo de la tierra: "La luz blanca queaparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar... va a encontrar oro y plata. De la luz roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo".

PESADILLAS: leyendas urbanas de ArgentinaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora