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Hubieron reconciliaciones periódicas, pero nunca duraron mucho, y la mayor parte del tiempo, fuimos una familia fugitiva, siempre tratando de permanecer un paso adelante de mi padre, que dedicaba, según cabe suponer, su vida entera a dos
cosas: la bebida y el acecho de su esposa e hijos.

Otra vez, yo no sé si esto fue exacto, pero fue la manera que se me presentaron las cosas cuando crecía. Nos asentaríamos en una casa o apartamento alquilados, y la primera cosa que haríamos era correr hacia la primer tienda para comprar algún
horrible rollo de papel de contacto y tornar la mugrienta cocina en algo usable. Las cosas estarían calmadas por un tiempo.

Me uniría a un pequeño equipo de baseball, intentaría hacer algunos amigos, y luego súbitamente mi madre nos diría que papá había descubierto donde vivíamos. Un camión de mudanzas aparecería en mitad de la noche, nosotros empacaríamos nuestras exiguas pertenencias, y como fugitivos, escaparíamos. Mi madre era empleada doméstica y vivíamos de su sueldo junto a una combinación de cupones de alimento, Medicare y otras formas de asistencia pública. Y la generosidad de amigos y parientes.
En algunos casos me vi intoxicado, gracias a una pequeña intervención. Por ejemplo, fue durante el período donde transitoriamente vivimos con una de mis tías, una devota Testigo de jehová. Rápidamente eso se convirtió en el centro de nuestras vidas. Y créanme-eso no fue nada bueno, especialmente para un niño pequeño. De repente, nos encontramos perdiendo muchísimo tiempo con los Testigos: Ir a la iglesia los miércoles por la noche y domingos por la mañana, grupos de estudio de la Watchtower (Revista que reparten los Testígos de Jehová), oradores invitados los fines de semana, estudios bíblicos en el hogar. En ese tiempo yo iba a la escuela, y cuando todo el mundo se paraba con la mano sobre el corazón, para jurar a la bandera, yo debía permanecer
callado, con ambas manos al costado. Cuando los otros niños "Que los cumplas feliz" y soplaban las velitas, yo debía permanecer callado. Y encima que era nuevo en la escuela, sumado a esto, me era muy duro hacer amigos. Pero cuando
eres un fanático Testigo de Jehová, eso está bien. . . olvídalo, me decían. Yo era un paria, siempre metiéndome en problemas, siempre abofeteado por los demás, esto realmente me endureció.

Recuerdo que un día acompañé a mi madre a su trabajo, en un barrio muy rico llamado Linda Isle en Newport Beach. Había un pozo poco de arena cerca del muelle, y un grupo de chicos lanzaba acá y allá un balón de fútbol, jugaban un juego al que a veces llamaban "Matar al chico de la pelota", aunque en el mundo políticamente incorrecto de los adolescente de principios
de los '70, era mejor conocido como Cachar al Raro. Esos chicos eran mayores que yo, y lanzaron una gran carcajada cuando me hicieron mierda con la pelota, pero no me importó, no les tenía miedo. ¿Por qué? Porque en aquellos días había crecido acostumbrado a ser maltratado en la escuela, disciplinado por tíos y tías, y acosado por una variedad de primos. Echaba la culpa de casi todo a los Testigos de Jehová. Quiero decir, a la maldita locura de ser golpeado por un ñ cuñado o por un tío tras haber supuestamente violado, alguna oscura regla de los Testigos. Y eso fue todo lo que sucedió, bajo el pretexto de la religión--en el servicio de un supuesto Dios de amor.

Durante un tiempo, al menos, traté de encajar con los Testigos, aunque desde el principio me pareció algo gigante el esquema de ventas multinivel: vendes libros y revistas puerta a puerta, y cuanto más vendes más respeto obtienes. Una
idiotez total. ¡Yo tenía 8, 9, 10 años, y estaba preocupado por el fin del mundo! Hasta el día de hoy conservo el trauma causado por los Testigos de Jehová. No me suelo emocionar con la Navidad, porque todavía me sigue costando muchísimo creer en todo lo que va de la mano con las fiestas (y estoy hablando como un hombre que ahora se considera un cristiano).Yo quisiera. Amo a mis hijos, amo a mi esposa, y quiero celebrar junto a ellos. Pero en el fondo, están la duda y el
escepticismo; los Testigos me arruinaron las fiestas.

A Heavy Metal Memoir (Dave Mustaine)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora