–El restaurante 08:12 p.m. 17/09/2011–
Sentada, aburrida y jugando con la servilleta en espera de la familia Payne Smith. Bufo y dejo de destrozar la servilleta para encontrarme con la mirada de mi padre Steve.
– ¿Qué? –Pregunté ante su mirada de «Quita esa cara»
–Deja de romper las servilletas y siéntate bien que mi hermano y su familia no deben tardar en llegar. –Dijo firme.
Me enderecé en la silla y lo miré.
– ¿Complacido? –Pregunté arqueándole mi ceja izquierda.
–Stephanie déjate de arrogancias y compórtate. –Regañó mi madre Isabela fulminándome con su mirada.
Resoplé hacia mi frente haciendo volar el pequeño mechón que estaba en ella.
–Voy al baño –Dije levantándome–. Con permiso.
Me deslicé a través de la silla y la mesa y caminé con gracia hacia el baño situado a una esquina del lugar. Entré y me paré frente al gran espejo que estaba en toda una pared. Coloqué ambas manos en el lavabo de cerámica pulcramente blanca y me examiné el rostro. Pálida con mejillas ligeramente rosa por el frio del lugar, labios delineados y poco carnosos con falta de atractivo. Algo de labial de vez en cuando no me haría daño. Dejé mi bolsa en la mesa, claro, tenía que ser. Me aparto del espejo y camino hacia la puerta, salgo del baño y rápidamente mi mirada viaja hacia la mesa dónde se encuentran mis padres saludándose como siempre de formales con los que asimilo son los Payne Smith.
Me dirijo lenta y tranquila hacia dónde están, sin apuros, de verdad, no es que no me interese las reconciliaciones familiares pero tampoco es que las ame. Mientras más me voy acercando las miradas se trasladan a mí, no entro en pánico, me gusta llamar la atención. Steve sonríe cálidamente hacia mí y me detengo justo a su lado.
–James, Amanda, ella es Stephanie, nuestra hija. –Me presentó Steve y miró a Isabela quién le sonrió.
Miré hacia el tío James y la tía Amanda y sonreí tímidamente, si acaso mostré mis dientes. Ellos devolvieron la sonrisa sólo que mucho más amigable que la mía.
–Un placer. –Dice James extendiendo su mano hacia mí.
La estrecho cordialmente sin dejar de hacer el intento de una sonrisa, repito lo mismo con Amanda.
–Mucho gusto. –Digo junto con ella.
Tomo asiento al lado de Isabela y entonces me encuentro entre ella y Amanda. Miro hacia mi frente y aún hay una silla sin ocupar. Entonces… ¿falta alguien o sólo fue un mal cálculo con las sillas?
– ¿Quién falta? –Pregunto estúpidamente. ¿De verdad me importa?
–Ah sí, falta nuestro hijo. –Me contesta Amanda.
–Debe de llegar pronto, dijo que tenía una reunión con sus compañeros del colegio y que se presentaría un poco tarde. –Concluyó el tío James.
– ¿En qué año va? –Pregunta Isabela sonrientemente.
Miro a Steve a ver si él también está sonriendo y no soy yo la única tonta que tiene cara de tragedia, y sí, sí tiene en su rostro una sonrisa… o bueno, una semi–sonrisa. Él es parecido a mí, no nos gusta estar con una molesta mueca en la cara no importa cuál sea la situación.
– ¿Y en qué año va Stephanie? –Reacciono al escuchar mi nombre y era James quien me había nombrado y volteo a verle por instinto.
–Va en tercer año. –Contesta Steve.
Viéndolo bien el tío James tiene mucho parecido con Steve. Son hermanos, obviamente se parecen, dahh.
–Eres un año menor que Liam entonces. –Bromea Amanda.
Le sonrío en respuesta suponiendo que Liam es su hijo, o mejor dicho, mi primo.
Comienzan a hablar entretenidamente y lo único que escucho son sus voces como música de fondo. ¿Qué estoy mirando? Creo que hacia la nada. Ni si quiera me interesa si están hablando de mí o del tal primo Liam. Tomo mi bolsa y saco mi teléfono, miro la hora, son las ocho y treinta. Alzo mi mirada y de pronto me gusta lo que veo.
Respiro hondo, no escucho nada, ni las voces de fondo, sólo somos esa viva imagen y yo, o bueno, sólo yo lo estoy mirando. Era alto, se notaba que iba al gimnasio, de cabello castaño igual que el mío y con estilo alborotado, bronceado, labios provocativos y haciéndome rogar que los bese, la palabra sexy se queda sin trabajo ante él. Estaba sonriendo mientras saludaba a lo que asimilo es su amigo en la mesa de al frente. De pronto se despide agitando la mano a los señores, mira hacia donde estoy yo, ¡oh por Dios! ¿Puede ser más bello? Pero se está acercando, y no quiero pensar lo que estoy pensando. La bulla vuelve a mis oídos y el señor James sonríe al verlo y se levanta junto con Amanda. Éste no puede ser el primo Liam.
–Hermano, cuñada, éste es nuestro hijo Liam. –Lo presentó James pero Liam estaba muy distraído viendo a una camarera que pasa cerca por la mesa.
No puedo evitar sentir un golpe de decepción en el estómago.
–Liam hijo, ellos son tus tíos. –Continúo Amanda llamando su atención. Aún me cuesta asimilar todo esto.
–Yo soy Steve. –Se presentó mi padre estrechando su mano y Liam sonreía cómodamente.
Luego estrechó la mano de Isabela y ésta también sonreía abiertamente.
–Un gusto. –Dijo al estrecharle la mano.
Me mira a mí y me pregunto si aún tengo la misma cara de tragedia.
– ¿Y ella? –Se refiere a mí.
–Ella es tu prima, Stephanie. –Contesta Isabela y doy gracias, no tengo palabras.
Extiende su mano hacia mí, reacciono rápidamente y extiendo la mía mientras creo que estoy sonriéndole.
–Un placer, primita. –Me guiña el ojo y ensancho mi sonrisa como una idiota. Creo que tengo que decir algo también.
–Igualmente. –Respondo.
Suelta mi mano y toma asiento en la silla que estaba vacía frente a mí. Ahora sí estamos completos, dos familias reconciliándose, se supone que debo estar feliz, ¿no? Creo que estoy en el sentimiento opuesto, de verdad, me siento decepcionada. Pero justo ahora que llegó el sexy primo Liam, sé que nos van a explicar que fue lo que sucedió en el pasado.
–Bueno… –Habla el tío James.
* * *
Pendejadas, eso fue el motivo de tantos años de separación, ¡sólo pendejadas! Los hombres y sus malditos egos.
Liam tiene mi misma expresión y entonces presiento que le la explicación de lo ocurrido le valió tanta mierda como a mí. Aun así, su rostro de desinterés se le ve de puta madre, ¿podría ser éste chico más sexy?
Suspiro como idiota mientras lo miro sin cautela, él voltea y me mira pero reflexivamente trasladado mi mirada a mi comida en menos de un segundo.
Me pregunto vagamente si soy pendeja, ¿Cómo pude hacer eso? ¿Qué debe pensar de mí? ¿Que soy una niña? ¡Tonta cómo ninguna! ¡Eso soy!
La noche transcurrió en eso… largas e interminables charlas aburridas de un pasado que me vale huevos. Y Liam, bueno él y yo chocamos muchas miradas, yo cómo idiota optaba por solo voltearle la cara.
Miré el reloj, ya son los once, es muy tarde y la cena llegó a su fin, gracias a Dios, pero para mí muy mala suerte, lo peor de la noche, no había iniciado…
