En sus manos

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  Había razones para creer que todo iba a ser diferente. Cambiaron muchas cosas e incluso se dejaron de lado ciertos malos hábitos. Con el tiempo las circunstancias fluyeron con cierta suavidad y muchos roces se evitaron, haciendo que la esperanza emergiera lentamente y fundiera sus raíces cimentándose sobre una confianza sólida. Todo marchaba bien y ambos consiguieron sumirse ante una aventura que jamás olvidarían. Yo les observaba jugar entre ellos como si fueran niños, y llegué a pensar que no había pareja en el mundo más afortunada que ese par de enamorados. No había una sola tarde en que no salieran aun para dar una pequeña caminata, siempre tomados de la mano; ni noche en que él no la sorprendiera, siempre con un detalle distinto. A ella se le daba por sacarle sonrisas y él la hacía feliz con sus ocurrencias y romanticismo. Era como tener frente a mis ojos un futuro que nunca llegué a conseguir y que hace tanto dejé de esperar. Ha pasado mucho tiempo y no he vuelto a verlos. He oído de fuentes confiables que están viviendo en una casa de ensueño que él adquirió con el sueldo prometedor de una empresa. Me agrada saberlos felices, cumpliendo ambos su sueño de estar juntos. Nunca llegué a pensar lo mucho que llegarían a quererse cuando los presenté, pero la vida da muchas sorpresas que a uno le llega a parecer que el camino está lleno de ellas, como si formaran parte de una realidad que apenas comenzaba a conocer. Las lecciones arrastran toda expectativa de caprichos, como me sucedió a mí, cuando entendí que si no valoraba lo que tenía tarde o temprano terminaría perdiéndolo todo. Como a él. La amistad puede convertirse en amor con el tiempo, y no hablo de un orden cronológico, hablo del espacio que se dedica a fortalecer esa relación, a ese tiempo que alimenta el sentimiento y poco a poco lo hace evolucionar. Un tiempo que ayude a comprender que nada es imposible, aunque tarde o temprano ese optimismo termine destruyendo al menos pensado. He llegado a extrañarlo, pero también me reconforta el hecho de que esté con ella, y que pueda recibir lo que yo nunca le di o no pude llegar a darle. A veces un amigo se convierte en el mejor lugar para guardar un tesoro. El está en sus manos.  

Aquel abril calídoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora