No hay monstruos bajo la cama.

93 9 5
                                        

Cuando la pequeña tenía 6 años, su mayor temor eran los monstruos que se ocultaban bajo la cama, hacía a mamá revisar bajo esta para cerciorarse de que los monstruos no estaban ahí. Mamá revisaba el armario de la pequeña, para convencerla de que tampoco se habían escondido ahí, asegurando a la pequeña que los monstruos eran muy grandes como para caber en ese pequeño espacio.

Después de los cuentos de mamá y un beso de buenas noches, la pequeña se disponía a cerrar los ojos con la luz de la habitación prendida, para así, evitar que lo monstruos entrarán a su habitación, por que todos sabía que los monstruos vivían en las sombras.

Los días de tormentas eran los peores, aquellos días entre junio y julio donde el clima de aquel pueblo era deprimente, con lluvias tormentosas que lograban fácilmente deshacerse de la electricidad durante las noches. En esos días de tormenta, los monstruos aumentaban, no sólo estaba aquellos que vivían debajo de su cama, tampoco eran sólo los que se escondían dentro de su armario, en esos días de tormenta, también estaban aquellos monstruos de fuera, que golpeaban contra su ventana para que los dejará pasar.

La pequeña se quedaba quieta para que los monstruos no supieran que estaba despierta. Quería correr con mamá, pero sentía que si lo hacía los monstruos de debajo de la cama le tomarían de los pies, y si acaso se libraba de aquellos, serían los fantasmas del armario quienes la atraparan. Tenía que fingir que no tenía miedo, para proteger a mamá, lo único que le quedaba, lo único que tenía desde que su papá se había ido de casa.

Hallowen era la peor festividad en el año, cuando todos los adolescentes se disfrazaban de monstruos y recorrían las calles pidiendo dulce o truco, la época del año en la que los fantasmas salían a visitar a sus seres queridos, el día en que su casa se llenaba de ellos. Las películas de terror eran su debilidad, era cuando los fantasmas se multiplicaban y se hacían más fuertes, cuando incluso podían invadir sus sueños.

Coforme paso el tiempo la pequeña creció y comprendió que aquellas escenas de las películas de terror sólo eran actuaciones, que nunca habían sido reales. Que aquellos fantasmas de la ventana eran solo las pequeñas ramas de los árboles chocando contra su cristal. Que los fantasmas de Hallowen eran seres queridos que ya no estaban. Aprendió que debajo de su cama no habían monstruos, que tampoco los había en su armario, y que las luces, encendidas o apagadas no hacían la diferencia.

Pero pronto aprendería también, que los verdaderos monstruos estaban en otro lado, en un lugar más profundo, del que era más difícil escapar...

MonsterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora