CAPITULO - 1

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Son las 6 de la mañana.

El sol llena el Sunny, y como de costumbre, Sanji es el primero en levantarse para preparar el desayuno y llamar a los demás.

-Creo que en un día llegaremos a una nueva isla -avisó Nami, y todos sonrieron por la noticia.

-Qué lista es mi Nami-chan -dijo Sanji, con los ojos en forma de corazones.

-¡Estúpido cejas rizadas! -gruñó Zoro, saliendo por la puerta.

Sanji, esta vez, decidió ignorarlo. Ni siquiera había desayunado aún. Pero después de comer, salió a buscar al marimo.

-A ver, hay que organizarnos -dijo Nami, mirando a todos. Jugaron para decidir quién se quedaría en el barco, y les tocó a Sanji y Zoro.

Zoro la miró mal. Sanji le devolvió la mirada con disgusto.

-¿Qué estás mirando, ceja rizada?

El rubio suspiró y se fue a otro lado, dejando sorprendido a Zoro.





Zorro

Zorro estaba en la comisaría, sentado en una silla, apoyado en la mesa, con un café ya bastante frío entre las manos.

-¡¡Zorro!! Estoy harta de tus líos. Llevas años desaparecido. Robin y yo pensábamos que estabas muerto, ¡pero no! Estabas bien vivo, tan vivo como para que me despierte una llamada de la policía a las cinco de la mañana... diciendo que mi hermano pequeño ¡había golpeado a un oficial!

-Eres la única abogada que conozco -se defendió, con indiferencia.

Nami gritó, suspiró y volvió a gritar aún más fuerte.

-¡¡Estúpido!!

A pesar de todo, la chica logró sacarlo de la cárcel... pero tendría que estar bajo arresto domiciliario. Ambos subieron al coche, y fue ahí donde Nami le explicó la condición.

-¿¡Tres meses!? Me parece excesivo.

-Zorro, ¡golpeaste a un oficial! Y solo porque intentó llevarse un maldito espejo.

-¡No es solo un espejo!... Es todo lo que me queda de él...





Al llegar a casa de Zorro, Nami se sorprendió al ver todo desordenado. El colchón estaba en el suelo, justo al lado del balcón.

-¿Por qué está ese colchón ahí?

-Aaah... -Zorro olió una taza del refrigerador para ver si estaba limpia. Sonrió con tristeza y respondió-: A él le gustaba mucho dormir viendo las estrellas.

-¿A quién? -preguntó Nami. Se arrepintió al instante de haber hecho esa pregunta.

-A mi esposo -respondió, mientras comía un trozo de magdalenas.

-¿¡Tu qué!? Espera... ¿¡Estás casado!?

Zoro tenía la boca llena, así que solo levantó su mano izquierda para mostrar su alianza.

-Vaya, no tienes pinta de ser un hombre casado -dijo Nami, acercándose-. ¿Cómo es él?

-Tiene algo en la voz que te hace vibrar de emoción cuando está feliz, y te parte el alma cuando está triste . Es valiente, caballeroso... Nunca insultó, pegó ni maldijo a ninguna mujer en mi presencia. Es rubio, con ojos azules. Mide 1.88, lleva dos pendientes en la oreja, tiene un culo que me la pone dura con solo pensarlo... y nunca escuché a nadie gemir como él cuando llegaba al máximo placer.

-¡Zorro!

-Y tiene cara de ángel. Además, cocinaba bastante bien.

-¿Ya no lo hace? -preguntó Nami, mirando al suelo.

-¿Tienes alguna foto?

-Espera -dijo él, entrando a un dormitorio con dos grandes puertas. Salió con un marco en la mano. Justo antes de entregárselo, advirtió-: No puedes enfadarte conmigo, ¿vale?

-Está bien, no me enfadaré. Dámelo.

-Vale. Aquí tienes.


Nami lo miró con la boca abierta. No le hizo falta ver más fotos para darse cuenta de quién era el esposo de su queridísimo hermanito. Y no tardó en pegarle.

-¡¡Te dije que me gustaba mucho!! Amaba a ese estúpido chef famoso , zorro lo vea siempre en televisión .

-¡Yo no lo busqué, simplemente pasó!

-zorro! Tarde un año en superar su rechazo , ¿Por eso te alegraste tanto de que Robin y yo desapareciéramos, verdad?

-Pues sí. Vosotras, con seguridad, me habrían obligado a dejarlo.

-¡Zoro, él salió conmigo!

-No llegaron a nada. Y ni siquiera fue zorro se sobo la mano con la cara - solo te invito a una cita para suspiró cansado .

-¡Le tiró los tejos a Robin!

-¿Y a quién no?

-Zoro, tu esposo es un pervertido -dijo Nami, saliendo por la puerta y dando un portazo.





Zoro salió de la habitación y entró en lo que quedaba de la sala de baile. Solo quedaba ese maldito espejo. Vio una botella medio llena -probablemente del día anterior-, y la bebió.

Cuando ya estaba medio ebrio, apoyó la mano en el espejo.

-Feo espejo... llévame con Sanj

i... -apoyó la frente en el cristal y comenzó a llorar-. Reúne la otra mitad de mi corazón...





























Déjà vuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora