CAPITULO - 6

24 0 0
                                        

Sé que no soy bueno con las palabras. Hasta el día de hoy, no sé por qué mi Sanji se enamoró de mí. Una vez le pregunté por qué, y me respondió, de la forma más estúpida, de la manera más ridícula:
-Llegaste a mi corazón.

Nunca tuvo mucho sentido para mí... hasta que llegué aquí, a este lado, a esta vida. Este Sanji solo habla conmigo si es para discutir.

Como un suspiro de realidad, salí de mi letargo. Sanji me miró. Sus ojos provocaban en mí una tormenta de emociones, una tortura innegable. Lidiar con esto que siento dentro... Siento mi corazón arder con cada latido, siento mi alma desbocarse por tocarlo cuando está cerca.
¿Qué se supone que debo hacer? ¿Hasta cuándo tengo que esperar? Juro que el día menos pensado lo tomaré a la fuerza, aunque luego me mate. Pero valdría la pena morir con tal de sentir una vez más su cuerpo contra el mío.

-¿Y dónde lo encontraste?
La voz de la pelinegra me sacó de mis pensamientos. Había traído a rastras a mi otro yo. Estaba en la enfermería. Todos palidecieron al verme, como si hubieran visto a un muerto... o peor, a dos.
No dije nada. Solo lo llevé a la enfermería y me fui a duchar. Tenía demasiada sangre. Perdí de vista a Sanji. Me bañé y fui a la cocina a por algo de beber.

Y ahí estaba ella: mi hermana mayor, la culpable de engrandecer mis sueños y darme tantas esperanzas en mi vida. De hecho, ella fue la primera en alentarme, en guiarme, en convertirme en quien soy hoy.
Me da miedo y tristeza saber que, aunque en apariencia es la misma, en esencia no lo es.

-Si te digo la verdad, no lo sé. Solo me guiaron hasta él.

Zoro estaba ansioso por ver cómo Sanji trataba a su otro yo. Tenía tantas dudas como miedos. Estaba sentado en la cocina, en la mesa, moviendo el pie de arriba abajo, ansioso por una botella de sake o un cigarrillo.
Robin se sentó a su lado, muy cerca, y le tocó la mano para alentarlo. Ella lo sabía todo y se había convertido en un gran apoyo para Zoro, ya que era casi la única persona con la que hablaba.

Un ruido se oyó en la puerta. Sanji entró con cara de enamorado al ver a Robin, pero su semblante cambió al ver la escena: Robin sosteniéndole la mano al odioso marimo viejo.

-¿¡Qué se supone que haces en mi cocina, marimo perdido!?

Robin salió sin decir una palabra. Sabía que Sanji no lo mataría, y que Zoro sabría defenderse.
Zoro suspiró. No quería pelearse otra vez con Sanji. No quería hacerle daño.

Sanji le dio una patada, que Zoro atrapó con fuerza, haciéndolo caer.

-No estoy de humor para esto, Sanji. Tengo muchas cosas en la cabeza.

A Sanji le seguía pareciendo extraño que este Zoro no lo insultara y que lo llamara por su nombre. Sin duda, le ponía los pelos de punta.

-¡Bastardo, aléjate de mi Robin-chan!

Sanji lo enfrentó cara a cara. Ver esa expresión en su rostro lo desconcertaba. Nunca sabía distinguir ninguna emoción, solo un contacto distante.

Zoro se separó sin perder el contacto visual. Una sonrisa se dibujó en su rostro. Esa sonrisa hacía que el rubio sudara de miedo.

-No me interesa ninguna mujer de este mundo, Sanji.

Lo empujó.

-¡Bastardo! Estás todo el rato pegado a ella. ¡No me digas que es tu mujer en tu mundo!

Sanji volvió a intentar golpearlo, pero esta vez Zoro lo inmovilizó de inmediato.

-No me interesa ninguna mujer de este mundo, como ya te lo he dicho.

Zoro lo miró. Esa cara, sin duda, lo volvía loco. Estaba conteniéndose. Tenía que irse de ahí, ya.

-Deja de comportarte como un niño, Sanji. Tú eres mejor que eso.

Zoro salió, dejando a Sanji pensativo. Nunca nadie le había hablado así. Le había hecho sentir como un estúpido. ¿Cómo se atrevía?

Todos estaban contentos de tener al espadachín de vuelta. Aun herido, estaba en la enfermería. Pero conociendo a Zoro, seguro se recuperaría, decía el renito, muy feliz. Luffy anunció que harían una fiesta en su honor.
A Sanji no le apetecía mucho la idea. Había pasado todo el día con un horrible dolor de cabeza, pero aun así, lo haría.

La noche cayó rápidamente. Todos bebían y celebraban. Al final, todos cayeron dormidos, casi juntos.

XxX
Xx

-¿Qué haces aquí? Vete -dijo Sanji, aún metido entre las sábanas, sin mirar a Zoro.

-¿¡Qué te pasa!?

-¡Estoy bien! ¡Vete con tus amigos y déjame solo! -se le podía escuchar la voz al borde del llanto.

Zoro se sentó en la cama e intentó meterse entre el montón de sábanas que era Sanji.

-También son tus amigos, Sanji -Zoro intentaba no reírse.

-¡No! Ellos no quieren salir conmigo porque estoy embarazado y ya no puedo beber. ¡Es todo tu culpa!

-¿Mi culpa...? -Zoro rio, y Sanji lo notó.

-¡Ahora vete con ellos! ¡Y ni se te ocurra venir borracho porque te aseguro que dormirás en el sofá!

-¿Vamos? ¿Cómo sobrevivirías tú una noche sin mí? -Zoro abrazó el montón de mantas-. Además, tengo que hablar con el bebé.

-¿No te vas...? -Sanji sacó un poco la cabeza, dejando ver sus ojos acuosos.

-Claro que no. Quiero contarle un cuento a nuestro bebé. -Zoro lo abrazó.

-Aunque podemos ir... puedo beber por ti, nadie se daría cuenta -Sanji rió y se dejó abrazar.

-¿Por qué es mi culpa? -la sonrisa no desaparecía del rostro de Zoro.

-¡Porque se lo dijiste a todos! ¡Si ni siquiera tengo un mes de embarazo! ¡Mi padre estaba tan enfadado que me echó del restaurante! Dice que el bebé será una abominación... y los chicos ahora no quieren salir conmigo. Dicen que una madre debe estar en su casa.

Zoro rió, y Sanji le pegó.

-No tiene gracia, arbusto. Esto va a cambiar...

-...nuestras vidas -dijo Zoro, terminando la frase.

Sanji lo miró, y Zoro lo abrazó. Sanji miró el tatuaje con su nombre debajo del pecho de Zoro, acarició la zona y la besó.

-¡Tomaré toda la responsabilidad! -dijo, golpeándose el pecho, justo en el tatuaje.

-Lo sé, marimo -respondió Sanji, cerrando lentamente los ojos.

Zoro acarició el vientre aún plano de Sanji.

-Te estaré esperando...

Sanji despertó agitado. Todos estaban dormidos en la cubierta, desperdigados por ahí. Sin duda había bebido demasiado. Se sentía muy confundido. Ese sueño tan raro... y no le disgustó.

Una sonrisa extraña se formó en sus labios mientras miraba al durmiente Zoro, no muy lejos de él, con una camiseta blanca y holgada.
Por curiosidad, por esa simple y absurda curiosidad que te hace mirar debajo de la cama antes de dormir, Sanji miró el pecho de Zorro...

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Jun 15, 2025 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Déjà vuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora