Todo empezó...
En aquel patio de esa universidad, ella está sentada en frente del banco en el que estoy sentado yo, la miraba distraído mientras ella hablaba con uno de los chicos con los que estaba sentada, cuando se percató de mi mirada, me miró y rió levemente, yo por mi parte desvié mi mirada hacia otra parte, levemente sonrojado, no estaba acostumbrado a que una chica me mirara de esa forma.
Estaban dos chicos, ella y otra chica; y todos estaban fumando, me llamó la atención que todos fueran igual vestidos, todos con gorro de lana o gorra; y de negro.
Por mi parte yo seguía comiéndome mi bocata y mi zumo de naranja, mientras ella me miraba fijamente; dijo algo a los dos chicos, que se giraron a mirarme, y ella se me acercó y se sentó en frente mía, en mi mismo banco.
-Hey, empollón,¿por qué me mirabas de esa forma?- su voz era dulce, pero su tono era algo imponente, me miraba con una pequeña sonrisa pícara, mientras esperaba alguna respuesta de mi parte.
-N-no te estaba mirando...- balbuceé mirando a otro lado, mientras daba un mordisco a mi bocata, nunca se me había dado bien eso de hablar con la gente.
-Vamos empollón, no me mientas... te he visto mirarme embobado, ¿acaso te gusto?- me miraba sonriendo entre divertida y algo provocativa.
-¿Q-qué? No es eso... es solo que...- no me dejó terminar la frase, cuando me puso una mano encima de la mía.
-Podemos intentarlo, si quieres, te espero en la salida en la heladería de en frente- y se levantó y se fue.
Me quedé atónito ante su forma de hablarme, no me esperaba a una chica así hablar con un chico como yo. Mientras intentaba procesar toda la información que acababa de pasar, ella se reía con sus amigos y daba caladas al aire por parte de su cigarrillo.
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Después de ese descanso tan raro, me dirigí a mi taquilla para coger mis libros necesarios a la siguiente clase, cuando me volví a cruzar con ella, torpemente me di la vuelta, a lo que me choqué con una chica rubia de ojos azules, me sonrió y se agachó para recoger sus papeles, que se habían caído por el choque.
Como acto reflejo me agaché junto a ella y la ayudé a recogerlos.
-Perdóname, estoy algo despistado ultimamente, soy Aaron- dije con una sonrisa simpática.
-Encantada, soy Hannah-me dijo con mi misma sonrisa, estaba hipnotizada mirandome a los labios.
Acabé de ayudarla a recoger sus papeles, se los dejé encima de sus manos y salí rapidamente hacia mi clase sin despedirme. ¡Que llego tarde! Pensé mientras corría hacia la clase.
Entré a mi clase algo sofocado de tanto correr y miré a los que serían mis nuevos compañeros; el profesor aún no había llegado a la clase, por lo que me fijé que esa chica de antes me estaba saludando moviendo sus dedos divertida, con una sonrisa y sus ojos pícaros mirándome.
Mientras la sonreía algo tímido, me di cuenta de que Hannah entraba detrás mía y me sonreía simpática, se sentaba en tercera fila y me hacía un gesto para que me sentara a su lado, y, sin pensar, la hice caso.
Me giré para mirar a esa chica, que me echó un mirada algo seria y otra fulminante a Hannah, a lo que ne quedé atónito, ¿acaso estaba celosa? Mis pensamientos estaban sumidos en esas preguntas durante toda la clase. Cuando me he querido dar cuenta, se me había pasado la clase y no me había enterado de nada; atosigado, miré con una cara tierna a Hannah, y la dije:
-Hannah... ¿te has enterado de la clase? Como ya te he dicho estoy algo despistado y no me he enterado... jeje- la dije rascándome levemente la nuca, me daba algo de vergüenza pedir algo sobre los estudios, siempre había sido al revés, siempre había dejado yo los apuntes.
-¡Claro! Ten, ya te he visto sumido en tus pensamientos- me sonrió simpática dándome unos papeles, supuse que eran los apuntes, así que los guardé en mi bandolera negra, para después copiarlos en mi casa.
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Después de todas las clases, y de haber cogido todos los apuntes, sonó el timbre, indicándonos que podíamos salir de clases para irnos a casa. Me acordé que tenía una "cita" con la chica que no me sabía ni su nombre.
Esperé a aquella chica en la puerta, mientras miraba los mensajes de mi móvil. Al rato, alguien tocó mi hombro, a lo que me giré y la vi, ahí estaba, con los mismos ojos pícaros de clase.
-Así que has venido... parece que si estas interesado en salir conmigo ¿eh?-me dijo y andó delante mía, esperando a que la siguiera; y así lo hice, la seguí a paso rápido, ya que estaba bastante adelantada ya.
Llegamos juntos a aquella heladería, a lo que ella se coloca delante mía en la cola y coge mis manos haciendo que se las pase por la cintura, y giró la cabeza mirandome sonriendo con esa picardía que tiene.
-¿De qué te gustan los helados, empollón?- Me removió el pelo cariñosamente.
-C-chocolate...-blabuceaba, sus actos me estaban poniendo nervioso, no pensaba que,en un día, ya le "gustara" a una chica.
Ella seguía muy cariñosa conmigo, me sonreía, me echaba miraditas etc. Cuando ya habíamos pedido los helados, nos sentamos uno frente a otro algo alejados de donde estaba la gente normalmente.
-Oye, chico, ¿Cuál es tu nombre? Aún no nos hemos dicho los nombres...-decía con su mirada perdida en mis ojos.
-Soy Aaron, te toca, ¿cómo se llama la chica a la que le gusta mi mismo helado?- sonreí divertido, dando una chupada a mi helado.
-Soy Blake, mola tu nombre...- me devolvió la sonrisa, estaba adorable, tenia unos dientes perfectos.
-Lo mismo te digo, Blake- dije tierno mientras seguía comiendome mi helado.
-Oye, Aaron, ¿Quién es esa chica rubia con la que te has sentado en clase?- su tono había cambiado muy rápido, su mirada también cambió, se puso muy seria.
-E-esto... se llama Hannah, somos amigos, ¿Por qué lo preguntas?- la miraba algo confundido, no entendía nada.
-Hm... es tan solo que quería saber con quién está mi empollón.- se acercó a mi y rozó sus labios con los míos, hasta el punto de notar su aliento junto al mío, pero no llegó a besarme. Como acto reflejo, me eché un poco hacia atras, y miré hacia otro lado, ya que estaba muy sonrojado, no me esperaba nada de eso...
-Oh vamos Aaron...-me dijo volviéndose a sentar en su sitio y apoyándose en sus manos, como aburrida.
-L-lo siento... me tengo que ir....- balbuceé levantándome de ahí y dejándola atrás. ¿Acaso yo le gustaba a ella? ¿estaba celosa de Hannah? ¿ella me gusta?
Sacudí la cabeza intentando dejar de pensar en ello, abrí la puerta con mi llave, la cerré tras de mí y saqué mis apuntes, tenía que copiar lo que Hannah me había dejado, así que lo saqué y, de entre esos papeles, cayó uno pequeñito al suelo; lo cogí y miré lo que era.
Un número de teléfono.
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¿Un cuento de hadas?
Teen FictionTengo 22 años y vivo en un cuento de hadas, o al menos vivía, hasta que ella llegó. Todas las fotos fueron sacadas a través de internet.
