—¡No podemos seguir así, James!— le gritó a su esposo, mientras arrojaba todos esos sobres con deudas y advertencias del banco al suelo— Yo no puedo seguir así, me largo— se levantó de aquel desgastado sofá y caminó rápidamente a la habitación que compartían, haciendo ruido cada vez que sus tacones rojos golpeaban el suelo.
—Espera, Martha. Aún puedo solucionar esto— la siguió por detrás bastante desesperado y la tomó por el brazo, haciendo que su esposa lo mirara— Ya tengo suficiente con haber perdido todo ese dinero, lo que menos quiero ahora es perderte a ti también—
—Hubieras pensado eso antes de hacer tus estúpidas apuestas— se zafó de su agarre y continuó con su camino. Al llegar sacó una de las maletas y rápidamente metió su ropa, mientras James le suplicaba que se quedara.
En la parte superior de aquella casa, Dallon, de quince años, escuchaba la pelea de sus padres hasta que se hartó y decidió mejor colocarse sus audífonos y subir a tope el volumen, mientras sonaba la canción Scar Tissue de Red Hot Chili Peppers. Él sabía que era mala idea haber entrado a ese casino en Las Vegas, pero por más que le insistió a su padre, éste estaba cegado por todo el dinero que estaba en juego, e ignoraba el hecho de que competía con los mejores jugadores de póker de la zona: la familia Urie, esa rara familia de mormones que vivía a base de apuestas y estafas, las mismas por las que ahora su familia estaba en bancarrota y su madre los abandonaba.
Después de unos momentos, se asomó por su ventana y vio cómo su madre subía a su auto, cerrando la puerta del mismo en la cara de su padre, a pesar de no oír muy claro por la música que estaba sonando en sus oídos, escuchó perfectamente el sonido del auto arrancando a gran velocidad, así como vio una gran línea negra sobre el pavimento que marcaba los últimos rastros que tendría de su madre.
Estaría mintiendo si dijera que ese día sus ojos azules no se mojaron ni soltaron lágrima alguna. Pero no tuvo tiempo de desquitarse ni llorar al menos unos minutos, pues su padre entró a su habitación.
—Dallon, baja ahora, te veo en mi auto—
—¿Por qué papá?—trataba de que la voz no se le quebrara, pero estaba fallando en eso.
—No preguntes, sólo hazlo. Y no llores, no hay tiempo para sentimentalismos, esto es más importante—dijo, antes de cerrar de un portazo la puerta.
Momentos después, padre e hijo se encontraban en el vehículo, ninguno de los dos emitía palabra alguna. Pasados unos treinta minutos, llegaron a lo que parecía ser una bodega que por fuera parecía tener años, incluso décadas sin usarse , sin embargo, al entrar, Dallon se topó con la sorpresa de ver a un montón de hombres armados y fuertes, al parecer escoltando a alguien, mientras que los rodeaban un montón de cajas apiladas una sobre otra.
—¡James, qué sorpresa verte aquí!— exclamó un hombre de estatura mediana que venía en dirección hacia ellos y estrecharon manos con su padre—¿A qué se debe tu visita?—
—Hola, Spencer, vine por la oferta que me ofreciste hace unos días— con esas palabras, el tal Spencer cambió su expresión por una de complicidad, sonriendo de lado.
—Oh vaya, no pensé que aceptarías, aunque creo que estoy viendo a alguien que te ganaría más dinero—dijo, mientras miraba de arriba a abajo al menor, analizándolo. Éste estaba confundido, no sabía qué clase de negocio había aceptado su padre ni por qué el otro hombre lo estaba mirando.
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Mr. Weekes - Brallon
FanfictionDesde que Brendon vio al Sr. Weekes, supo que su virginidad debía ser de él. * * * * Créditos especiales a: --SailorMoon-- BottomUrie Gracias a las dos <3.