Mierda.Era la palabra perfecta para describir su vida desde que su "padre" los dejó a él y a su madre, pues el desgraciado también se había llevado a sus otros seis hermanos con la excusa de que ya no soportaba a su mujer y de que Brendon sólo era un parásito, un error que nunca debió ocurrir.
Los primeros meses creyó que alguno de sus hermanos o hermanas mayores vendría a pedir disculpas y todo sería igual. Hoy, ya con dieciséis años y a una década de que eso ocurrió, nunca ha vuelto a ver a sus hermanos.
Nada bueno salió de eso, pues su madre entró en una depresión que la condujo al alcohol y a las drogas, negocio donde conoció a su ahora padrastro. Aquel hombre vivía bajo su mismo techo desde que tenía diez, y si creía que ya todo estaba jodido, no tenía ni idea de lo que sería su vida.
Golpes y gritos eran parte de la rutina diaria, al igual que los hematomas y rasguños en distintas partes del cuerpo.[...]
—¡Brendon! ¡maldita escoria levántate!— le gritó su padrastro del otro
lado de la puerta, mientras golpeaba continuamente la misma.
Con eso despertó, aunque hubiera deseado no hacerlo. Prefirió levantarse por su cuenta antes de que aquel hombre entrara y lo hiciera a golpes.Una vez ya listo, y con el reloj marcando las ocho con treinta de la mañana, se dirigió a su trabajo: el club de golf. Desde que cumplió los dieciséis años de edad, tuvo que encontrar un trabajo, pues el maldito de su padrastro gastaba todo su sueldo en alcohol y apuestas que siempre perdía.
A pesar de tener esa edad, lo aceptaron, aunque le dieron el peor trabajo, el cual es recoger las pelotas que caían fuera de área, pero no se podía quejar, la paga era relativamente buena.
Debía admitir que tenía envidia de todas esa personas que podían pagar aquel club, pues por lo que sabía, era el más caro de la ciudad.—Hola Brendon— le saludó su amigo Spencer desde su escritorio en la recepción con una radiante sonrisa.
—Hola Spencer, ¿no ha llegado mucha gente hoy?—
—Mm, sólo Ryan—
—Mierda— susurró por lo bajo, odiaba de sobremanera a ese tipo.
Era un egoísta y egocéntrico de primera, siempre lanzaba las pelotas lo más lejos posible para que él fuera a recogerlas, en una ocasión le gritó "¡Ve por tu pelota, perrita!", y por consecuencia le tiró la pelota en la cara. Ese día casi pierde su empleo, de no ser porque se la chupó al dueño del club.—Hola, buen día—dijo alguien a espaldas de Brendon. Cuando éste volteó, vio a un tipo bastante alto, de casi dos metros, con los ojos azules más hermosos que alguna vez vio en su vida.
—Hola, ¿en qué te puedo ayudar?— dijo Spencer amablemente.
—Quisiera registrarme en el club— antes de que Spencer pudiera pregunta por su nombre, la voz que Brendon menos quería escuchar se hizo presente.
—¡Dallon, amor! ¿Cuándo llegaste de Los Angeles?— grita Ryan mientras le da un muy estruendoso beso en la mejilla y lo abraza por la espalda.
—Ah, hola Ryan— Dallon a penas si lo volteó a ver, y en lugar de corresponder el abrazo, se removió incómodo en su lugar haciendo que el otro lo deje de abrazar.
—Escúchame Smith, quiero que registres a Dallon Weekes como cliente V.I.P., él tiene más dinero que tú y todos los fracasados que trabajan aquí juntos.Y tú Urie quiero sólo nos pongas atención a mí y Dallon.

ESTÁS LEYENDO
Mr. Weekes - Brallon
FanfictionDesde que Brendon vio al Sr. Weekes, supo que su virginidad debía ser de él. * * * * Créditos especiales a: --SailorMoon-- BottomUrie Gracias a las dos <3.