A la mañana siguiente, Niall se levantó ridículamente temprano, no había descansado las ocho horas necesarias para una persona normal pero él se sentía satisfecho, era extraño pero de repente había despertado y ya no consiguió volver a conciliar el sueño, entonces puso sus brazos bajo su cabeza y se quedó viendo el techo por un buen rato.
El de nacionalidad irlandesa no le había tomado mucha importancia pero un poderoso dolor de cabeza empezaba a amenazar con un ataque a sus sienes, cuando ya no lo aguantó, bajó a la cocina y se encontró a su madre preparando el desayuno, la miró un momento y luego comenzó a buscar en los cajones una pastilla pero no encontraba nada.
— ¿Volviste ya muy noche de tu fiesta? —La mamá cuestionó.
—Algo. —Niall contestó mientras seguía buscando la cura a su problema que se estaba tornando insoportable.
— ¿Sabes?, me preocupo por ti y por tu seguridad, no me gusta para nada que andes a altas horas de la noche en la calle, pero me quedo un poco más tranquila porque andabas en compañía de Nickolas.
—Si supieras... —El rubio susurró para sí mismo.
— ¿Qué dices? —La madre interrogó con alarma en su tono de voz.
—Nada. Sólo no creo que deberías preocuparte tanto por mí, ya soy un chico grande. —El irlandés replicó un poco apenado y al fin había encontrado el remedio adecuado para su molesto dolor.
—Cariño, yo soy tu madre y todo el tiempo me voy a preocupar mucho por ti, incluso si no estás haciendo cosas malas; no importa cuántos años tengas o que tan alto estés, tú siempre serás mi bebé, nunca olvides eso, así que no seas ridículo y deja de decir tonterías, que el tener una madre que te ama no es motivo para sentir pena.
El rubio se dio la vuelta y encontró a su madre brindándole un vaso con agua, aceptó el ofrecimiento gustoso y al instante colocó el blanco comprimido en su boca, con ayuda de abundante líquido consiguió que atravesara su garganta y luego dio un gran suspiro al aire.
— ¿Hijo?
— ¿Uhm? —Niall dirigió toda su atención a su progenitora.
—Me gustaría pedirte algo pero al mismo tiempo me da un poco de pena.
—Vamos, mamá; no tengas pena, di lo que tengas que decir.
—Ya ves que Sasha lo hace todos los días —dijo la madre refiriéndose a la hermana menor de Niall—; pero ahora por alguna extraña razón no ha despertado y no quisiera interrumpir su sueño, tal vez está muy cansada por las emociones de ayer; ¿podrías ir a comprar el pan al pueblo, cariño?
—Claro, mamá; sólo deja que me cambie de ropa.
—Gracias, corazón.
El chico duende subió deprisa la escalera y se dirigió a su cuarto, cuando ya estuvo adentro, buscó que ponerse, algo limpio y con un mejor olor del que traía; al final escogió un pantalón holgado color gris y una camisa de mangas largas para combinar, se colocó sus viejos zapatos deportivos y salió de su dormitorio directo a la cocina de nuevo, mientras bajaba la escalera divisó algo brillar, tomó el dinero de la baja mesa de la sala y abandonó la casa.
La gran bola llameante se alzaba hasta su trono en el cielo, el horizonte poseía un tenue color celeste, todavía demasiado prematuro para la mañana, la brisa del comienzo abrazó el cuerpo del irlandés y éste se estremeció bajo su contacto. Los ojos color zafiro se aclimataron poco a poco al ambiente y el rubio reprimió un bostezo, bajó el par de escalones de la entrada e inició el rumbo a la panadería.
Caminó como unos diez minutos y se topó con su mejor amigo, éste lucía una jovial cara y un aspecto descansado, una sonrisa se produjo con lentitud en su cara cuando vio a Niall venir hacia él.
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Hogar, dulce hogar.
FanfictionEl año escolar universitario ha terminado, las vacaciones de Otoño han llegado y Niall retorna a su pueblo natal de Mullingar, en Irlanda; para pasar unas relajantes vacaciones con su familia. En el camino conocerá a una persona que le robará el a...