AMOR ES AMOR

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El fin de semana terminó pronto, sin embargo yo no había podido concluir algunos reportes, así que esperaba ver a Frank para pedirle me prestara sus notas y poder terminar a tiempo una vez que lo entendiera.

-Frankie – dije aproximándome a él cuando lo vi en la clase, él me miró sonriente – ¿Me prestarías tu bitácora de laboratorio? Hay algunas cosas que no termino de entender...

-Por supuesto, solo que la dejé en mi departamento... ¿quieres ir por ella después de clases?...

Si quería, por lo que asentí sin decir nada más, en realidad sentía curiosidad por conocer más de él, así que fuimos una vez que finalizaron las clases, su departamento estaba bastante cerca de la universidad, era pequeño y ordenado, olía bien y me invitaba a sentirme tranquilo mientras estuviera dentro, en realidad era tal como lo era él. Entramos a su habitación y Frank sacó su libreta de un cajón, mientras yo miraba disimuladamente el lugar en el que dormía.

-Aquí está Gerard – dijo caminando hacia mí, tomé la libreta, y mi mano hizo contacto con la suya. Sus ojos me miraban expectantes, me tomó con fuerza y posó sus labios sobre los míos antes de que pudiera percatarme de sus movimientos.

Ciertamente yo no pude hacer más que responder aquél beso. Me encontraba confundido, porque el movimiento de sus labios sobre los míos se sentía muy bien, sin embargo yo no era como él, no me gustaban los hombres.


¿Entonces por qué quería seguir besándolo?


Me separé fulminante, antes de que mis labios me pidieran que esperara un segundo más, y que los suyos me convencieran por completo. Ahora su rostro lucía confundido, pues mis acciones lo habían forzado a reprimir su paz natural.

-Lo siento Frank, no puedo hacer esto – musité cual cobarde.

-Gerard... pensé que tú... – tragué saliva duramente, mientras él buscaba las palabras para justificarse; no tenía por qué hacerlo, él no había hecho nada malo – Tú me gustas Gerard... creo que es fácil de notar... imagino que pudiste haberte dado cuenta por ti mismo – soltó aquél halo de tristeza en forma de palabras.

-Me agradas Frank... pero yo no... no soy gay – dije finalmente, mentí, porque sí sentía algo por él, pero era demasiado estúpido para admitirlo. Así que preferí enfrentar su rostro de decepción en vez de la opresión de la sociedad que decide qué es normal y qué es inapropiado.

-Gerard... ¿Qué significan tus mensajes entonces? ¿Por qué me escribes corazones? ¿Por qué eres tan amable? – dijo aquello confundido, frustrado y al borde de las lágrimas; yo lo había lastimado.

Sus ojos se cristalizaron, pero la angustia en sus facciones no le robaba ni una partícula de belleza a su rostro, sus lágrimas no eran más que lóbregos ornamentos, aquél tono rosáceo en sus mejillas tornado a rojizo presumía el matiz de su tez, y esa lacerante represión en la curvatura de sus labios me acusaba en silencio por quebrar su alma.

Pero mi bajeza no se daba por terminada solo ahí.

-No lo sé, creo que... me dejé llevar, lo siento Frankie – dije torpemente, también yo me sentía confundido, debía irme pues seguir ahí era doloroso.


Yo había roto su alegría, lo había roto a él.


Me fui sin decir una palabra más, mis ojos se llenaron de lágrimas, porque su dolor punzaba lastimero en mis entrañas, porqué mi arrogancia y mi estupidez se habían desbordado al grado de vendarme los ojos y obligarme a ocultar mis sentimientos, porque temía ir en contra de lo que es "normal", ser rechazado por mis amigos, enfrentar las miradas juzgadoras, porque tenía miedo de amar a un hombre.

Frank... nada sería igual después de eso. Miraba repetidamente la pantalla de mi celular, pero no tenía ningún mensaje de él, ni esa tarde, ni esa noche, tampoco el día siguiente. Frank no se presentó a clases, tampoco al laboratorio, Frank estaba enfermo y vivía sólo... ¿podría haberle pasado algo?

Yo debía ir a buscarlo, porque su ausencia me había preocupado, pero también porque la creciente culpa en mi interior empezaba a reprimir mis pulmones y me dificultaba el respirar, necesitaba decirle mis verdaderos sentimientos.

¿Pero cómo iba a pedirle que me perdonara? Si en ese momento me odiaba incluso yo mismo, porque primero tuve que quebrarlo en mil pedazos para darme cuenta de que lo quiero, porque mi mente no puede hacer más que esperar un mensaje suyo... porque creo que esto tan diferente que jamás había sentido es amor, y he descubierto que solo puedo odiarme mientras por mi culpa él haya sufrido.

Decidí salir en ese instante, caminé aprisa hasta su departamento, no estaba tan lejos del mío, pero debía llegar cuanto antes pues la idea de que Frank pudiese encontrarse grave se hallaba fija y temerosa en mi mente. Toqué su puerta repetidas veces, pero Frank no atendía, así que insistí y empecé a tocar más fuerte hasta que Frank apareció frente a mí.

-Gerard – dijo sorprendido – ¿Qué quieres?

Estaba en pijama, parecía adormilado pues sus ojos lucían enrojecidos y ojerosos, su cabello un tanto despeinado, podría incluso decir que se veía tierno.

-Frank ¿Por qué no has ido a clases?... Estaba preocupado...

Mis palabras apenas tenían el sentido necesario para entenderse, pues el nudo en mi garganta obstruía la fluidez de mi voz.

-Te dije que mi anemia no es tan grave – dijo al tiempo que tallaba sus ojos.

-No me preocupaba solo eso... Frank – no pude decir una palabra más, lo tomé del brazo y lo acerqué a mí para besarlo, necesitaba de esa sensación nuevamente, separé mis labios de los suyos y miré sus ojos confundidos – Lo siento Frankie.

-No entiendo Gerard... hace dos días yo te besé y...

-Lo sé, no pude verlo entonces, pero lo sé ahora... Frank yo jamás había sentido nada por un hombre por eso estaba confundido, pero la realidad es que quiero estar contigo.

Sus ojos se cristalizaron como aquella vez, pero en esta ocasión tenían un destello especial, sus labios se apoderaron de los míos y mis manos se tomaron el atrevimiento de deslizar en secreto por su cuerpo.

-Frankie, no me mientas – pedí casi en un susurro – Me preocupo por ti, sé que estuviste mal estos días, debes descansar y tomar tus medicinas, yo iré por tus batidos de proteínas para que puedas quedarte.

-No Gerard... no es razón para que los dos faltemos a clases – trató de persuadirme, pero en realidad deseaba cuidar de él, y me quedaría a su lado hasta que se sintiera mejor.

-Déjate consentir un poco – sonreí e hice caso omiso de sus últimas palabras, recibí a cambio esa sonrisa, aquella sonrisa que figuraba para mí cada vez que nuestras miradas se encontraban, aquella sonrisa que me había acosado hasta reclamar mi corazón como suyo.

Lo besé, acaricié su cuerpo despacio, todo aquello era nuevo para mí y disfrutaba cada segundo. Su cuerpo... su voz es perfecta, su sonrisa es el mejor accesorio y su aroma la esencia más afrodisiaca... no le cambiaría nada, ni de él ni de nuestra historia pues cada palabra y cada acción nos llevó a ese preciso momento, el momento en el cual me percaté que se ama con el alma y no con el cuerpo y la palabra "amor" tomó un significado más allá de esas cuatro letras, que somos personas y no géneros, que nos hacemos llamar humanos pero juzgamos la belleza por su contenedor y despreciamos sentimientos puros cuando no podemos entenderlos, que lo amo sin importar lo que digan los demás, porque si es amor no puede dañar a nadie.

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Espero  les haya gustado! Era una historia de tan solo dos capítulos, muchas gracias por leer, un abrazo!

Love Through Words|FRERARD|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora