Capitulo 3.

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Ya habían pasado tres días desde que Flor tuvo el ataque, tres días desde que se enteró la muerte de su papá. En medio de todo eso, también se fue enterando varias cosas más.

Además de Carla y Lucia, tenía a Miranda, que era la menor de las cinco y que supuestamente era hija de la secretaria de su viejo. También había sido dueña de un hotel que tuvo que compartir con sus hermanas por pedido de su papa después de su muerte. Se había casado, pero después plantó al tipo en el altar. Y después había vivido su vida, buscando trabajo y tratando de perfeccionarse como actriz.

Un día antes de que le hayan dado el alta, todas sus hermanas fueron a visitarla. Todo había sido muy raro para Flor, pero se sintió bien porque jamás pensó que Lucia y Carla iban a ser tan cariñosas con ella. Su último recuerdo era que eran unas antipáticas, pero ver como la abrazaban y como la llenaban de besos mientras lloraban le derritió el corazón, incluso cuando casi ni las conocía del todo.

Miranda fue un caso especial, porque Flor no la conocía ni en figurita. Sin embargo, le cayó bien inmediatamente. No sabía si era porque era tan copada, cariñosa o chiquitita. Como las demás hermanas, la menor de las Estrella estaba al borde del llanto, y Flor lo notó, por eso fue que trató que todo sea lo más espontáneo y lindo posible.

Pero nunca se la mencionó a Jazmín.

Sus hermanas no le dijeron nada a Flor sobre ella, y no era porque no querían, sino porque la mismísima pelirroja les había pedido por favor que no le contaran sobre su noviazgo de dos años, ni amistad de tres.

Todas se sorprendieron cuando escucharon su petición. Lucia se enojó, porque no podía creer que no quisiera decir la verdad; Carla y Miranda casi se largaban a llorar, porque aunque trataban de entenderla, estaban por formar una familia juntas, pero Virginia por su parte se mantuvo callada. No iba a juzgarla. Entendía que cuatro años eran difícil de recuperar, y más en esta situación. Flor se olvidó de que le gustaba una mujer, y se olvidó de todos los miedos que tuvo que superar. Lógico era que Jaz tratara de salir de la vida de Flor por más que le duela. Pero le daba bronca. Le daba bronca porque era su hermana, y no luchaba por ella. Porque la conexión entre Jazmín y Flor era más fuerte y sabía que de alguna manera u otra iba a terminar juntas.

Le dolía saber que Jazmín no le veía así, sin embargo, esto era mucho para todos y le dio su espacio para que acomodara sus ideas. Después iba a hablar con ella.

En cuanto a Flor, su cabeza era un desastre.

Estaba confundida, asustada y triste. No podía entender todavía como pudo haber olvidado todo y desperdiciar cuatro años de su vida, porque para ella nunca los vivió. Ella seguía con la idea de que hace unos días había cenado con su papá, y que solo tenía a Vir.

Ahora resulta que su viejo había muerto, que tenía cuatro hermanas que la querían más que a nada y que tenía una herencia de dos millones de dólares.

Su vida había tomado un giro inesperado y no sabía cómo volver a vivirla.

—Flor. —escucho de repente. Virginia la miraba con una sonrisa curiosa y divertida, a sabiendas de que había estado perdida y mirando un punto fijo de la habitación.

Sacudió la cabeza repetidas veces para volver en si y le presto atención a su hermana, quien al parecer le estaba contando algo importante.

—Perdón, ay, me colgué pensando en varias cosas. Decime. —dijo con vergüenza. Desvió su atención de la mujer baja y pelirroja que estaba al otro lado del bar, y escuchó atentamente a su hermana.

—¿Que estabas mirando? —preguntó con sospecha Vir. Trató de seguir con la mirada hacia el lugar que tanto había estado concentrada Flor y frunció el ceño.

Panic Cord. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora