Tres días después.
[...]
Seguía frente al televisor con la mirada pérdida. Derrumbado, con el control remoto en mano, y la espalda tirada contra el sofá. Tenía conmigo la manta color vino que mi madre me había regalado la navidad pasada sobre mis piernas, y una de mis manos ocupada sobre un tazón lleno de frituras. No dejaba de cambiar los canales rápidamente. Mi mente seguía dándome recuerdos involuntarios.
«Si fueras un verdadero amigo, lo entenderías.»
Aún no podía creerlo. ¿En serio había dudado sobre nuestra amistad así?
Ciertamente, jamás había visto a Alexy actuar de forma tan inmadura e infantil. Nunca. Y aclaro, sigue doliendome. Y no sólo eso. Aún me siento molesto.
«No siempre debes de meterte en mis asuntos.»
«Estoy cansado de tu actitud siempre tan egoista.»
Hace parecer que todo lo que alguna vez hice por él...
«Fuiste muy idiota.»
Se va a la basura.
Dí un pesado suspiro. Al parecer tengo tendencia a darlo todo por... —Gente malagradecida. —Me limité a ahogar con voz quebrantada. Ya llevaba un rato de aquella manera.
Seguía sin poder asimilarlo. Puesto a que es verdad. Jamás hubiese creído que Alexy fuese una persona así. Y hasta cierto punto se me hace tan poco creíble. Pensarlo hablar de esa manera. Tan cansado. Tan fastidiado. Por alguna extraña razón, me decepciona, y me cuesta creerlo. O quizás... Sólo no quiero hacerlo.
Ahogué un pequeño suspiro entre mí, deteniendo mi recorrido por los canales, y solté el control remoto, dejándolo a la deriva sobre mi ahora estática mano. Realmente me lastimaba el corazón. No quería creerlo. Es mi mejor amigo.
Y aquel pensamiento me robó una leve risa. «Es mi mejor amigo». Jamás había tenido un mejor amigo. Era irónico. La escuela siempre había sido un lugar difícil. Quizás sea por eso que me aferré tanto a...
—Sucrette. —Solté con un suspiro nostálgico.
Me pregunto qué tanto la habré fastidiado. Con mis atenciones siempre de más.
Jamás había tenido un mejor amigo. Me cuesta creer que Alexy hablé y se expresé diferente ahora. Siempre lo sentí sincero. Real. No escondiendo esa clase de pensamientos. Desvíe mi atención hacia mi celular cuando empezó a sonar.
Bostecé antes de acercar mis dedos.
Ciertamente, ya llevaba un buen tiempo recostado en ese sillón. El sueño comenzaba a invadir mis ojos, sin embargo, hice un intento por dejarlo pasar, frunciendo así un poco el rostro, y conteniendo el bostezo.
Levanté mi celular. Quizás hubiera sido mejor no hacerlo. Quizás hubiera sido mejor simplemente ignorar la llamada que seguía insistentemente en sonar. Al momento de tomarlo, me dí cuenta de que, quien me había llamado, había sido...
—Sucrette... —Esbocé con muy vagas fuerzas.
Sin embargo eso no fue lo que me consternó. En mi celular se encontraba fija como fondo de pantalla, una fotografía de hace tiempo mía junto a Alex.
Dejé de tomarle importancia a la llamada. La vida parecía ser cada vez más irónica. Me fue imposible no verme afectado. El simple hecho de volverle a ver el rostro me regresó a hundirme en el asunto. ¿Cómo era posible afectarme tanto por él?
Jamás me había sucedido esto con ningún otro amigo. Quizás era ese mismo hecho lo que lo hacía tan especial. A pesar de ser tan insoportable, era lo más sincero a lo que estaba por llamar a alguien, «amigo». Y lo más cercano a lo que estaba por establecer con alguien alguna clase de conexión.
Entender los mismos chistes. Formar experiencias juntos. Apoyo y soporte mutuo. Eran cosas que ni con la misma Sucrette había logrado. Y mucho menos en tan poco tiempo.
Limité mis acciones a un muy ahogado suspiro. Para este punto, ya nada importaba. Ni lo que dijera. Ni lo que pensará. Ni lo que hiciera. Es decir, ya había dicho todo lo que verdaderamente pensaba, ¿no? No tenía sentido conservar una relación amistosa con alguien, cuando ya se conocen sus verdaderos pensamientos. Eso sería un poco hipócrita hasta para mí. Por lo que volví a tomar algunos otros minutos para inhalar aire. Necesitaba soltar todo este tema ya. Aunque mi mente y vista volvieron a jugarme traición, ya que mi mirada se volvió a desviar hacia aquel fondo de pantalla. Mi atención a su momento se regresó a fijar en él, y en sus facciones.
Ahogué un pequeño quejido mientras me llevaba la cabeza contra la pared, sin despejar mi vista de la foto. Sólo quiero conservarlo así. Con esa última imagen de él en mi mente.
Quiero pensar en el él del viernes pasado. Antes de decepcionarme.
E
n el que corrió de dónde estaba sólo por mí. En el que corrió, para luego abrazarme.
Prefiero quedarme con él.
Con el simpático. Con el confortable.
Me volví a acomodar en el sillón mientras conservaba el celular en mi mano. El pecho instantáneamente me volvió a pesar. Pero de una forma distinta.
—Alex, ¿qué te pasó? —Volví a desviar la mirada, una vez más hacia la pantalla, sin embargo, me ví interrumpido por mi teléfono que volvía a sonar.
Ya estaba comenzando a sentirme algo irritado. ¿Pero por qué tanta insistencia? Decidí tomar mi celular y contestar. Como me lo imaginé, era Sucrette, otra vez.
—Sí, diga. —Contesté de un sólo soplido, ya algo cansado. Realmente no me interesaba nada que ella podría decirme.
—¡Kentin! Gracias a Dios que contestas. —Su voz expresó alivio y alegría. —Quiero invitarte, a una fiesta de navidad.
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Navidad Sin Ti
FanfictionSin saber qué más hacer, Sucrette decide organizar junto con Rosa una fiesta de navidad con la esperanza de juntar a Alexy y Kentin, y ayudar que se reconcilien. Pero parece que estaban más heridos de lo que esperaban. Kentin x Alexy del juego oto...
