capítulo nueve

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Para ser sincero, ni siquiera sabía bien por qué me había decidido ir a esa estúpida fiesta de navidad, cuando sabía perfectamente que no tenía ninguna gana de hacerlo. Aunque, si era honesto, sabía bien que a fondo cual era mi razón. Alexy no me había hablado en semanas.

Y aunque bien, yo también me encontraba bastante molesto por lo que me había dicho Sucrette sobre él, no podía evitar sentirme con la tentadora idea de ir para «ver qué pasaba». Es decir, no pensaba encontrarme directamente con él, pero, no lo sé. Esta extraña sensación no la puedo aguantar más. Me mata saber que tanto él como yo nos estamos ignorando.

Cuando había sucedido el problema con Evan, Alexy se había enfadado bastante conmigo. Me había dicho que necesitaba algo de tiempo para poder procesarlo todo, y claro, para perdonarme por haber sido un completo idiota. Pero, no me había dejado de hablar. No se apartó. Eso de cierta forma, había sido un gran alivio para mí. Sin embargo, ahora, ni siquiera se ha molestado en mirarme, hablarme, o siquiera dirigirme la palabra. Nos hemos estado evitando total y abiertamente.

Por mi parte, realmente ha sido porque nunca en realidad había tenido verdaderos amigos. Nadie a quien considerar como «uno auténtico». Sin embargo, con él lo llegué a hacer. Llegué a sentir esa clase de confianza y autenticidad. De igual forma con Armin, pero no lo sé, con Alexy, había otra clase de cercanía. Me sentía yo mismo cuando estaba con él. No habían matices, ni intentos o necesidad de ser «más cool». No había necesidad de aparentar. Era simplemente yo.

Podía preocuparme por él, y él por mí. Era como la cosa más correspondida que había tenido con alguien. Sabíamos cómo arreglarnos si algún trabajo no nos salía bien, o si debíamos encontrar una escusa por haber entrado tarde a alguna de las clases del señor Farrés. No me gustaba tener a otro compañero en clase de la señorita Delanay porque yo ya me había acostumbrado a él, y porque sinceramente, trabajaba mejor con él que con cualquier otra persona.
Nos entendíamos, y en clase de deportes siempre podía tener garantizada una buena risa con sus inútiles intentos de hacer ejercicio. Nos la pasábamos bien juntos. Éramos un buen equipo.

Pero ahora, que hace un par de días se había desplomado todo lo que había dicho de mí, realmente debía confesar que sentía que de alguna forma, se me rompía el corazón. Y era de una manera que simplemente no sabría explicar.

Desde que Sucrette me había soltado lo que él realmente pensaba de mí, podría sonar ridículo, y probablemente lo era, pero no he podido ni comer, ni dormir, ni simplemente estar bien.
Me la paso dando vueltas en la cama, sin poder terminar de procesar como fue que él terminó hablando así de mí, cuando después de tanto tiempo, había sentido algo realmente auténtico y real con él. Una amistad que casi dolía verse afectada así.

Me dolía tanto pensar que él llegara a pensar así de mí. Tanto, que ni siquiera sabría explicar cómo o por qué. Y para ser sincero, tampoco sabía explicarme a mí mismo cómo era que estaba dándole tanta importancia otra vez a alguien, cuando explícitamente me lo había prohibido desde hace tiempo cuando aún estaba en la escuela militar.

Después de todo lo pasado con Sucrette, no quería volver a caer a lo mismo. A dejar que las personas manejaran mis sentimientos. Ya estaba harto. Aunque bien, ahora no me explico por qué estoy dejando que esto me esté pasando con Alexy. Es, demasiado, y hasta me siento ridículo por dejarme afectar tanto por él, si él es sólo un amigo.

Cuando por última vez, había intentado dar mi último acercamiento con Sucrette, ella simplemente terminó jugando conmigo, dándome falsas esperanzas de que algún día, podría pasar algo entre nosotros. Nunca me dijo que sí. Nunca me dijo que no. Me tuvo como un estúpido, esperándole, para que al final, ese día nunca llegara.

Terminó rechazandome de golpe cuando por fin se había decidido por querer estar con Armin. Y como ya tenía bien definido con quién quería estar, finalmente a mí me desechó. De cualquier manera, eso me ayudó a entender que realmente lo que yo tenía con ella, era nada más que una nada sana obsesión. Me había obsesionado tanto con ella sólo porque en nuestro antiguo colegio, había sido de las únicas que me había tratado «bien».

Después de haber pensado en aquello realmente terminé sintiendo pena por mí mismo. De todas formas, todo terminó siendo algo un tanto más personal. Sólo quería demostrarle de alguna forma, que ya no era el tonto gafotas del que todo el mundo se reía.

—Aún no puedo creer que me esté decidiendo a ir... —Susurré para mí mismo tratando de buscar algo de ropa que usar para la dichosa fiesta. —Ni siquiera sé... Si él vaya a estar ahí. —Me mantuve por un segundo fijo frente al clóset mientras continuaba perdido entre mis propios pensamientos y me consumían los nervios.

—Y si lo está, ¿Qué es lo que siquiera le voy a decir? No estoy ni seguro si me atreva a acercarme a él.

—¿Acercarte a quién? —Escuché de la nada la voz de mi mamá desde el marco de la puerta.

—¡M-mamá! —Grité asustado casi al segundo de escucharla. —¡¿P-pero qué haces ahí?! ¡Casi me matas de un susto!

—¡Oh, cielos! ¡Pero cuánto lo siento! ¡No era mi intención! —Mi mamá de pronto, me vió con algo de extrañeza, a medida en que poco a poco se iba acercando a mí. —¿Qué esa no es la camiseta que nunca te quieres poner?

—¿Eh? —La miré fuera de contexto. — ¿De qué hablas?

—Esa, esa. —Apuntó hacia mis puños cuales estaban tomando fuertemente una camiseta blanca de cuello. —Oh, es la que habías ido a comprar con Alexy al centro comercial, ¿no es así?

—Oh. Emm, sí, pero yo... —Desvié levemente mi mirada un tanto incómodo por la cuestión. —Yo no la compré.

—¿Ah, no? —Conservó su mirada fijamente sobre mí hasta que pareció que un pequeño pensamiento le había alterado. —¡Oh, santo cielo! ¡No me digas que habrás robado!

—¿QUÉ? ¡No! —Respondí al momento. Después de esto, se sintió un incómodo silencio. O quizás yo había sido el único que lo sentía así, ya que ciertamente, no sabía qué decir. Pero de cualquier forma, al cabo de algunos segundos, terminé suspirando la verdad. —Este... Alexy me la compró. Por mi cumpleaños.

Mi mamá no pareció hacer ningún tipo de gesto sorpresivo ni mucho menos. Al final de cuentas, era comprensible. Mi amistad con Alexy ya era bastante estrecha y que él me regalara algo no era ninguna novedad. Sin embargo, para mí era un poco difícil hablarlo. Sólo me recordaba la situación en la que nos encontrábamos.

—¡Oh! Sí, sí. Lo recuerdo. —Dijo con una pequeña sonrisa llena de ternura en el rostro y llevándose ambas manos hacia las mejillas. —¡Menos mal! ¿Irás a una fiesta, cierto? —Dijo ya deduciendo todo. —Si vas a llevar esa camisa, no olvides también usar el saco que te regaló con ella.

—Sí... Ma. —Dije un tanto sonrojado mientras rodeaba mis ojos.

—Bueno, te dejo hijo. Confío en ti. No vayas a llegar muy tarde, por favor. Debo ir con tu tía Amelie. —Terminó rozando sus dedos en el marco de la puerta. —Te quiero mucho.

—Sí, está bien... También te quiero, mamá. —Después de despedirme de mi mamá, se acercó para darme un beso en la mejilla, y después salió.

Para ser sincero, en cuanto más pasaba el tiempo, más me sentía nervioso. «¿Por qué?» Me cuestionaba una y otra vez mientras caminaba por mi habitación recogiendo mi ropa y entrando de una vez al baño. 

Abrí la llave del agua y simplemente decidí tratar de relajarme con ello. Aunque más bien, parecía cada vez más difícil. Nunca me había sentido tan nervioso por vestirme o prepárame para ir a algún lugar. Pero lo estaba y mucho. No supe por qué precisamente, pero traté de arreglarme lo mejor posible.

Un poco de colonia, un buen peinado, pero no demasiado para no verme tan forzado, un par de zapatos, pantalones adecuados, y el saco y camisa que me regaló Alexy. Podría parecerse que ya estaba preparado.

Me miré por varios segundos en el tocador de la habitación de mis padres, y después, desvíe mi mirada hacía la ventana. Ya había oscurecido. Debía apurarme. Entre menos personas hayan llegado ya a la fiesta, mejor. Solo espero que Alexy ya esté ahí.

Navidad Sin TiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora