Capítulo 2

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Todo esto sucedió hace mucho tiempo, y por tanto puede que algunas cosas no las recuerde bien; pero mi memoria me dice que el que aquella tarde me acercara a Tommy formaba parte de una etapa por la que estaba pasando entonces -que algo tenía que ver con la necesidad de plantearme retos de forma casi compulsiva-, y que cuando Tommy me abordó unos días después yo ya casi había olvidado el incidente.

No sé cómo son los centros donde se educa normalmente la gente, pero en Hailsham casi todas las semanas teníamos que pasar una especie de revisión médica -normalmente en el Aula Dieciocho, arriba, en lo más alto de la casa- con la severa Enfermera Trisha, o Cara de Cuervo, como solíamos llamarla. Aquella soleada mañana un buen grupo de nosotros subía por la escalera central para la revisión con ella, y nos cruzamos con otro gran grupo que bajaba justo después de pasarla. En la escalera, por tanto, había un ruido del demonio, y yo subía con la cabeza baja, pegada a los talones de la de delante, cuando una voz gritó a unos pasos:

-¡Kath!

Tommy, que venía con la riada humana que bajaba, se había parado en seco en un peldaño, con una gran sonrisa que me irritó de inmediato. Unos años antes, si te encontrabas de pronto con alguien a quien te alegraba ver, quizá ponías esa cara. Pero entonces teníamos trece años, y se trataba de un chico que se encontraba con una chica en una circunstancia pública, a la vista de todos. Sentí ganas de decir: «Tommy, ¿por qué no creces de una vez?», pero me contuve, y lo que dije fue:

-Tommy, estás interrumpiendo a todo el mundo. Y yo también.

Miró hacia arriba y, en efecto, vio cómo en el rellano inmediatamente superior la gente se iba parando y amontonando. Durante unos segundos pareció entrarle el pánico, y rápidamente se deslizó hacia un lado y se pegó a la pared, a mi lado, de forma que, mal o bien, permitía el paso a los que bajaban, y dijo:

-Kath, te he estado buscando. Quería decirte que lo

siento. Que lo siento mucho, de veras. El otro día no quería pegarte. Nunca se me ocurriría pegarle a una chica, y aunque se me ocurriera, jamás te pegaría a ti. Lo siento mucho, mucho.

-Vale. Fue un accidente, eso es todo.

Le dirigí un gesto de cabeza e hice ademán de seguir subiendo. Pero Tommy dijo en tono alegre:

-Lo del polo ya lo he arreglado. Lo he lavado. -Estupendo.

-No te dolió, ¿verdad? Me refiero al golpe.

-Por supuesto que me dolió. Fractura de cráneo.

Conmoción cerebral y demás. Hasta puede que Cara de Cuervo me lo note. Eso si consigo llegar hasta ahí arriba... -No, en serio, Kath. Sin rencores, ¿vale? No sabes

cómo lo siento. De verdad.

Al final le sonreí y dije sin ironía:

-Mira, Tommy: fue un accidente y ya lo he olvidado

del todo. Y no te la tengo guardada ni un poquito.

Seguía con expresión de no acabar de creérselo, pero unos compañeros más mayores le estaban empujando y diciéndole que se moviese. Me dirigió una rápida sonrisa y me dio unas palmaditas en la espalda, como habría hecho con un chico más pequeño, y se incorporó a la riada descendente. Luego, cuando yo ya reemprendía el

ascenso, le oí que gritaba desde abajo: -¡Hasta pronto, Kath! La situación me había resultado un tanto embarazosa, pero no dio lugar a ninguna broma ni chismorreo. Y he de admitir que si no llega a ser por aquel encuentro en la escalera, probablemente no me habría tomado tanto interés por los problemas de Tommy las semanas siguientes.

Nunca me abandonesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora