Existen muchas teorías que explican el origen del universo: hay quienes lo atribuyen al ámbito científico, otras a algo religioso y también existen a aquellas personas a las cuales sinceramente no les interesa saber.
No hay, a la fecha, una explicac...
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A partir de ahí todo había ido cuesta abajo, en opinión de Stella. Su padre había encontrado a las dos chicas tomadas de la mano y no había tenido reparo en tironear de la de cabello castaño y dirigir una mirada venenosa a aquella que había usurpado a su pequeña niña de su lado; basta mencionar que cuando su padre también reconoció a la persona frente a él como la segunda maldita persona más importante en todo el sistema solar, sus amenazas habían pasado a ofrecimientos de acompañamiento, a los cuales Lunae solo reía y asentía.
Ahora, desde un palco en las alturas, observaba como acompañante de honor de la reina el torneo que había organizado el Rey Sol.
― Dime que no estoy soñando. ―Pronunció por enésima vez Stella sintiéndose incrédula.
Un apretón en su mano derecha y la brillante (literalmente brillante, había partículas alrededor de ella) sonrisa de la reina le dijeron que por más que deseara que esto fuera un sueño, sería mejor que despertara y disfrutara la exótica situación.
Lunae salió en ese momento del palco, al parecer, alguna de sus doncellas pedía su asistencia en alguna extraña situación.
― Quien diría ― Comenzó diciendo el Rey Sol a su izquierda ― Que llegaría el día en que Lunae escogiera otra estrella.
― Mi nombre es Stella ―Dijo inmediatamente ella sintiéndose estúpida inmediatamente después de decirlo; maldición, ahora estaba sonrojada ― Y sí, tengo entendido que mi nombre significa estrella...
― No me refiero a tu nombre, niña ― Hubo algo en la pronunciación de la última palabra que la dejó helada. Extendiendo su mano, el Rey dirigió su índice derecho hacia un cúmulo pequeño de estrellas justo encima de sus cabezas: un pequeño bulto menor a media docena. Las únicas estrellas en toda la galaxia. ― Cada una de esas estrellas han sido personas que la reina ha amado, todas a las cuales les ha entregado su corazón de la misma manera que te lo ha entregado a ti el día de ayer. Se ha encaprichado, le he dicho que escoja bien y ahora su corazón lo tiene una total desconocida.
Los ojos del Rey brillaban como magma caliente, furiosos y asesinos al mismo tiempo.