[1] Cadenas / Parte dos.

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—Alvaro Dunne. —Completó, pasando una mano para estrecharla con formalidad —. En revistas se ve más intimidante, señor Dunne. —El hombre la dirigió a los baños, señalándole el que era apropiado para ella, sin saber si lo que dijo era un insulto o un halago.

La mujer entró, dejando la puerta entreabierta mientras que él se recostaba del umbral, esperando que los uniformes fuesen aptos para su complexión, aunque lo dudaba por la anchura de los lados y la altura que ella no portaba.

—¿De qué se supone que es la forma del cuerpo de los que trabajan aquí? —Alvaro dejó salir una risa al escucharla —. Necesito que consiga una tijera y una grapadora de las especiales. —Emitió, tomándolo por sorpresa.

Miró el reloj. Solo faltaban tres minutos.

—No conseguiré eso en tan poco tiempo. —La escuchó bufar, escuchando que abría la puerta del compartimento.

—¿Le parece que así me veo bien? —Se dio la vuelta, notando que parecía más un muñeco desinflado que otra cosa. Rió.

—Está divino. —Se burló, molestándola —. Pero si quiere puedo conseguirle una ropa de ejecutiva para su talla, así no hace el ridículo frente a la prensa. —Gemma se quedó en silencio, antes de darse la vuelta para regresar al cubículo, a la vez que Alvaro iba en búsqueda de lo prometido.

No tenía que moverse mucho. Solo debía ir al armario que habían implementado por si se presentaba una situación de urgencia de la cual necesitaban salir con rapidez.

Abrió el cajón que marcaba el tipo de size que tenía su cuerpo o lo que vio de él al notarla llegar. El atuendo iba de una falda en tubo de color negro, una blusa blanca con su respectivo saco y unos zapatos de medio tacón. Sin esperar mucho tiempo, volvió al baño para depositar sobre la puerta la ropa que tenía en sus manos, antes de regresar a su respectivo sitio esperando que terminara a tiempo.

—Supongo que esto es una clase de entrevista, ¿no es así? —En menos de lo que esperaba, la mujer salió, colocándose a su lado. Quitó la goma de su cabello, soltándolo para que cayera de lleno contra su espalda.

—No. —Indicó, encaminándose a la tarima —. Aún hay mucho por hablar. —Y con eso, salió de su vista, esperando que nada malo saliera después de eso.

Segundos después estaba frente a todo el mundo, dispuesto a soltar sus palabras sin haberlas preparado. Aún así, no reparó en ello al ver que todo el personal ocupaba su posición, dispuestos a soportar los flashes de cámaras y lo que sea que la prensa hablaría de ellos, luego de la Inauguración.

—Buenas tardes. —Comenzó, mirando el pódium solo un segundo, antes de volver la vista a las personas que esperaban por él —. En primer lugar quiero agradecer a Dios por permitir que esto fuese posible. En segundo, agradezco el apoyo de cada uno de los presentes aquí. Tanto el personal ejecutivo como el personal que dará de su conocimiento a la empresa y a los clientes que necesiten de ellos. —Prosiguió, atento —. Hace un par de años atrás se propuso crear sucursal de ventas de autos para la ForDenn; muchos aceptaron, otros se opusieron y aún con todo eso, el proyecto siguió adelante, dando el resultado de lo que ven aquí. —Los aplausos no se hicieron esperar ante la pausa que había empleado, buscando más palabras para continuar —. De ahora en adelante las personas tendrán un lugar cercano al que podrán asistir buscando ayuda para la compra o renta de un vehículo, así también como para la reparación y compra de materiales que necesiten con tal de mejorar el auto que tengan, porque contamos con empleados capacitados en el ámbito de la mecánica automotriz, el área de supervisión, recepción y atención a clientes, así también ofrecemos total confianza y confidencialidad a la hora de tratar con los que buscan nuestras diferentes opciones y opiniones. Muchas gracias. —Concluyó, volviendo a recibir aplausos, a la vez que los reflejos de las cámaras no se hacían esperar.

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