Capítulo 21 - Corazón roto

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Abeto: ¡Chicos!, ¡chicos!

Abeto estaba en la lengua la cual se movía como toro mecanico y escurria saliba por donde quiera, se sentía fría y como pisar una almohada.

Roble abeto y Nevado estaban adentro del gusano.

Nevado: ¡Aquí!

Nevado estaba en al muela del gusano la cual era dura y sucia.

Abeto: ¡¿Roble?!, ¡roble!

Nevado: ¡¿Roble?!, ¡roble!

Abeto: hay que seguir

Nevado: de acuerdo

Fuera del campo

Victoria y Osiel habían tapado la puerta del hospital con un carro el cual se había estrellado a lado

Victoria: estamos afuera, ¡afuera!

Osiel: vic,  ¡victoria!, ¡¿que es eso?!

Victoria y Osiel presenciaban el campo de fuerza ya casi pasando por las nubes

Osiel: hay que salir de aquí, ahora

Victoria: no, detente y disfruta

Osiel: ¡Victoria!

Victoria: ¡detente y mira Víctor! ...

Osiel: ¿Victor? Victor ¿que?, ¿novios?

Victoria sabía que acaba de arruinar todo con la expresión que puso quedándose en silencio

Victoria: El no pudo venir a verte

Osiel la ignora

Victoria: vine de su parte.

Osiel: ¡Callate!

Victoria: El te sigue amando, y no me importa que te ame, me hablado mucho de ti.

Osiel: se marcha

Victoria: ¡Osiel!

Faringe del gusano

Abeto: me siento mal este lugar apesta

El lugar olía terrible, abeto se apoyaba en Nevado para seguir caminando, era una neblina verde con olor a muerto.

Nevado: vamos abeto, no eres el único que se muere aquí.

Abeto parpadeo una y otra vez.

Abeto: no me siento nada bien.

Alcantarillado

Jack: Este lugar apesta.

Angel: ¡Cállate!

Jack: esas si son enormes garras

Angel: ¡Cállate la boca!

Jack se sintió regañado, Traicionado y descuidado.

Jack: ¡Rompiste mi corazón! Creí que me ibas a cuidar.

Angel: no me importa, ¡tu puto corazón! Por tu culpa Oliver esta en peligro, claro que oí su grito ya debió muerto y solo porque no pude ayudarlo por andar un niño de diez años.

Jack salió corriendo, corrió, sin mirar atrás, por los charcos de la alcantarilla soltando lágrimas las cuales acariciaban sus mejillas las cuales se ponían rojas.

Faringe del gusano

Abeto y Nevado seguían caminando por esa enorme neblina de mal olor.

Abeto: ¿escuchas eso?

Nevado: no te vallas a ir, te necesito para derrotar a este enorme gusano.

Abeto: no tonto, otra cosa

Nevado: no escucho nada

Abeto: si, se escucha algo y se acerca más

Nevado: oye lo escucho, viene detrás ¿no?

Abeto: no, enfrenté, lo escucho enfrenté.

Los dos voltean a la dirección la cual dijieron. Abeto no logro ver nada enfrente y Nevado veía una enorme roca siendo tragada por el gusano.

Nevado: ¡Abeto! Por tu vida tienes que correr, ¡por favor!

Abeto en los brazos de Nevado estaban a pocos segundo de ser aplastados por una roca gigante

Callejón fuera del campo

Sebastian: ¿de quien es? ¿de quien es el hijo? ¿Oliver? ¿Verdad?

Alexandra: Oliver no es el único hombre en la ciudad.

Sebastian: la cadena que tienes puesta, es de el nunca te la has quitado, siempre te has quitado varias joyerías menos esa la cual está oxidada, vieja, sucia.

Alexandra: ¡si! ¡el bebé es de el! ¡te puedes callar! Dejame respirar, necesito aire. Sal de aquí

Sebastian se fue corriendo

Corazón del gusano

Nevado: lo hare de su parte abeto y roble, la orden de los árboles los recordará

El sitio era una piscina de sangre,  con tres cables los cuales hacían bombear el enorme corazón que ocasionaba temblores en la zona, Nevado creo cuchillas en cada una de sus manos, corto un cable el cual al cortarse derramó sangre por todo el sitio, la sangre subía cada vez más, corto el segundo y al igual que el otro expulsó demasiada sangre, la sangra le llegaba arriba del pecho y cada vez más iba subiendo, corto el último cable que hacia funcionar el corazon el lugar se inundó pronto la sangre sería expulsada por la boca del gusano, Nevado se había  ahogado entre toda la sangre, los tres árboles que iniciaron la incursión por el gran gusano habían muerto al igual que el gusano. Saturno término con varios orificios pero había dejado de temblar.

La reyna y el rey estaban sentados en jupiter, los dos agarrados de la mano tomando aire despejando la mente, la reina se habia acostado en el hombro del rey.

Rey: hace mucho que no te acostabas sobre mi hombro

Y un momento de silencio incómodo al rey

Rey: ¿reyna?

La reyna no respondio, no respiraba ni sonaba el latido de su corazon.

Rey: ¡Chicos!

El rey le habré el saco negro que tenia puesto y se sorprende por una enorme cortada.

Rey: No me puedes dejar aquí, lo intente, intente que esto volviera a funcionar. ¡Te amo!, oiste ¡te amo!

Entre llantos la reyna había muerto por una cortada profunda que no había notado, nunca llegó a quejarse ni había rastros de sangre.

Rey: ¡¿Reyna?!

El fin de los 8 mundos - TheFenixHdzDonde viven las historias. Descúbrelo ahora