La joven se alisaba su cabello de manera paciente, para poder salir a las oscuras calles y buscar su discoteca favorita de la manera que más le gusta; sola. A pesar de tener varias amistades, le gusta salir sola, para ella es lo mejor: no estar detrás de nadie, ni esperar por nadie.
Se dio un último retoque en los labios y se sintió lista para salir con su vestido azul algo corto, pero suelto, chaqueta de cuero y zapatos de tacón color negro a juego con su chaqueta. Se dio una vuelta y salió de su habitación.
—No me esperen, papás—susurró riendo cuándo pasó cerca de la habitación de sus padres, siendo consciente de qué era media noche y sus padres se acostaban desde temprano. Bajó al primer piso, tomó las llaves de su auto, y cerró con sumo cuidado de no hacer ningún tipo de ruido, un reto ya que sus zapatos eran bastante ruidosos, pero ella ya era una experta en la hora de escaparse y la mayoría de las veces sus salidas habían sido cómo si no fuera más que un sueño en medio de todas las noches.
Condujo por unos 15 minutos y cuando se dio cuenta, ya había llegado a su destino, literal, pues graciosamente la discoteca llevaba por nombre “Destination Night".
Activó la alarma de su auto y se dedicó a caminar hasta la entrada actuando cómo si no sintiera las miradas furtivas de las chicas que tenían que hacer una larga fila para entrar, cuándo ella sólo tenía que dar una mirada a los guardias, además de las demás miradas de los hombres que ahí se encontraban y que se atrevían a deleitarse con la silueta de su cuerpo ligeramente escondida en su vestido.
*****
El apuesto hombre se pudo empezar a relajar y hasta se sintió un poco feliz cuándo por fin vio salir de su vista a la rubia que estaba intentando ligar con él desde hace casi una hora.
Atractiva, pero no sabe ni intenta esconder que ésta noche lo que quiere son buenos polvos, lo demostraba en su manera de caminar tan exagerada, en su ropa y en sus miradas que para ella eran seductoras y para él, psicópatas. “Ando echando fuego" debe pensar la rubia, se río gracias a sus pensamientos.
Bellezas a cada centímetro de él, pero todas tan fáciles de seducir, no eran su tipo. Se consideraba a sí mismo un premio y tampoco era fan de los polos opuestos, así que deseaba un premio para él también. “Esto es un desperdicio de mi valioso tiempo" pensó, hasta que vio pasar a su lado a una chica unos cuántos años menor que él, con una mecha roja en su cabello color castaño, fue lo que primero llamó su atención.
Ella llevaba un vestido azul un poco corto, una chaqueta de cuero con zapatos de tacón negros, y un maquillaje que resaltaba sus lindos ojos de un color parecido a la miel.
–Un vodka, el resto que sea sorpresa– le dijo antes de guiñarle un ojo al barman.
Por unos minutos el hombre sólo se dedicó a ser espectador de la belleza y seguridad que esa chica poseía, hasta que vio al barman entregarle su bebida y a ella comenzar a caminar, lo cual le dio una idea que el consideró buena. También empezó a caminar y a propósito, tropezó con la chica haciéndole derramar su bebida en el sucio suelo de la discoteca.
—¿Las luces están funcionando bien?—Ella alzó su mirada como si buscara las luces— disculpa, es que cómo no ves bien, idiota — hizo énfasis en la última palabra.
—Lamento decirte que si es que tú tienes razón, no sería sólo yo el que no puede ver bien, somos ambos puesto qué; sí tú te fijaras por dónde caminas, estarías disfrutando ahora mismo de tú bebida.
—¿Ahora la culpa es mía de que tú derramaras mi bebida en el suelo?.
—No he dicho que la culpa sea tuya, pero, la verdad... la mitad de la culpa lo es, bonita. Aunque, si tanto te quejas, ven y te invito otra bebida — dijo él.
La joven lo repasó con la mirada y por una razón que el apuesto hombre desconocía cambió su actitud a la defensiva, para dar paso a una linda sonrisa de manera divertida.
—Esta bien, reemplaza la bebida que por ganas de hablarme derramaste.— Dijo empezando a moverse delante de él, meneando sus caderas.
Él quedó un poco sorprendido, pues o no fue capaz de disfrazar sus intenciones o es qué la chica contaba con inteligencia. Y se guió por la segunda opción lo que para él, hizo más atractiva a esa joven.
—Haz una bebida exactamente igual a la que acaba de llevarse la señorita a mi lado, por favor — le dijo al barman, y éste asintió para dar una vuelta y así comenzar a prepararla.
—No sabía que eras tan educado, aunque... Es comprensible que no lo sepa puesto qué me hechaste la culpa de la bebida que tú me tiraste al suelo.
—Cuándo recién conoces a una persona, la primera impresión es importante, pero cuándo la empiezas a conocer, deja de serlo.
—¿Y con esa frase en la que tuviste que pensar unos cuántos minutos para darte un aire poético, que me quisiste decir?— Soltó mirándolo de forma divertida.
Comenzó a reír un poco, respiró y respondió:
—Quise decirte que cuándo no conoces a alguien la primera impresión importa demasiado, porqué crees que te dice cómo es en su totalidad, pero cuándo ya la conoces, entiendes que el pensamiento que te dio la primera impresión, es errónea, dulzura. Nada es lo que parece.
Ella lo miró expectante analizando su comentario, hasta que fue capaz de responder.
—¿Así que el hombre aquí presente es muy educado pero empezó a tutearme sin mi consentimiento?—dice divertida.
—Creo que eres muy inteligente, bonita.
—Gracias. ¿Eres capaz de no referirte a mí con un halago por al menos un minuto?.
—¿Eres capaz de decirme tú nombre para no referirme a ti por halagos?.
Ella demostraba en su mirada diversión, interés y curiosidad por el hombre.
—No me subestimes, pues la chica a la que miras es capaz de más cosas de las que puedas imaginar. Mi nombre es Annie.
—No lo dudo, bonita Annie, pero en lo personal me gusta que tengas presente la verdad.
—¿De que verdad hablas?.
—Siento interrumpir su interesante charla, pero señorita, su bebida lleva servida más de 5 minutos—Comenta el barman.
La castaña dejó de mirar al apuesto hombre del cuál aún desconocía el nombre a pesar de que ella ya le había dicho el suyo, para tomar su bebida y optó por beberla de un trago.
—No tan rápido, te podrías ahogar ¿sabes?.
—Son medidas preventivas para qué no se te ocurra volverla a derramar, ¿sabes?.
—Touché, eres interesante, Annie. ¿Quieres bailar?.
—¿Contigo?.
—Depende, ¿aceptas bailar conmigo? porque si dices que no, dejame aclararte que no sería conmigo entonces.
Ella se limitó a reír y caminar a la pista de baile. Él estaba a punto de seguirla cuándo le habló el barman.
—¿Te piensas ir a bailar sin pagar la bebida, don Juan?.
—Ten, a ver si te callas y dejas de interrumpir buenos momentos, Liam.—Le dijo para después entregarle unos billetes.
—Y tú deja de tirar bebidas, Cris—le dice y luego suelta una carcajada.
El hombre procedió a seguir a su ahora acompañante de baile.
Él y el barman se conocían bien. Bueno, muy bien, pues fueron compañeros en la secundaria y llevaban años de amistad ambos hombres.
Él se deleita viendo a la chica que por lo visto estaba muy concentrada en dejarse llevar y moverse al son de la canción que sonaba en esos momentos.
—No me has dicho tú nombre— Le dice Annie cuándo se percata de que al fin la alcanzó y ya no bailaría sola.
—Tú... dime Evans, preciosa.
Por más hermosa y encantadora que fuera esa chica él tenía la regla de no dar su nombre en noches de coqueteos, era una regla muy importante para aquel hombre. Aunque ciertamente sí le dijo parte de su nombre.
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Hola preciosuras. Espero que con lo poco que han leído les esté agradando el libro, si es así, un voto o comentario me lo haría saber ♥.
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Mismo Nivel
Romance"¿Qué es un reto?, se podría decir que es una competencia y cómo en toda competencia el ganador obtendrá una recompensa". Annie Cooper; lucha por lo que desea, hermosa, inteligente, coqueta, aunque su rebeldía no tiene límites y su poca clase no di...
