Capítulo 3 - La chica de las bragas

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Al amanecer, el hombre de mirada encantadora ya terminaba de ducharse, cuándo suena su teléfono celular anunciando una llamada entrante.
Rápidamente se enrolló una toalla azul al rededor de su cintura y contestó la llamada sin ver quién la hacía.

— ¡Buen día, Cristopher!.

— Buen día —hace una pausa— ¿Con quién tengo el honor de hablar?.

— Con David Cooper.

No sabía porqué pero el nombre resonaba en su cabeza, creía haberlo escuchado antes...
¡Claro! David Cooper, uno de los empresarios más renombrados en la ciudad. Y amigo desde la infancia de su padre.

—Señor David, ¿como está?. Tanto tiempo sin saber de usted.

Cuándo niño sólo fue capaz de ver y compartir momentos fugaces con David cuándo llegaba en su casa en busca de su padre. Y desde su comienzo de la secundaria no sabía de él, solo qué le iba de lo mejor en sus negocios, como todo el mundo sabía.

— Muy bien, gracias hijo. Sí, he estado muy ocupado a lo largo de éstos últimos años.

— Entiendo, señor.

—Sé qué debes preguntarte el porqué de mi llamada. Recientemente te graduaste, ¿no?.

—Sí, hace unos 5 meses qué me gradué como educador.

—Es bueno oír eso, ¡felicidades!.

— Muchas gracias, señor Cooper.

— No hay de qué, muchacho. ¿Y aún no tienes trabajo?.

—Aún no, es un proceso largo, además de que me acabo de graduar y en los institutos mayormente contratan personas con experiencia laboral. Disculpe pero, ¿a que vienen sus preguntas?. —El hombre miraba impaciente la hora en el reloj de pared.

—Las preguntas vienen a que tengo una oferta de trabajo para ti. ¿Sería posible conversar de esto en mi oficina, dentro de unas dos horas?.

El joven se sorprendió, pero respondió rápidamente:
— Muy bien, señor Cooper. Estaré en su oficina en dos horas — y colgó.

A él le emocionaba la idea de que dentro de unas horas estaría hablando sobre su primera propuesta laboral, y así lo mostraba la sonrisa que tenía mientras se vestía.
Aunque resultaba extraño que David Cooper le tuviera una oferta de trabajo, puesto qué él es un reconocido empresario y su profesión no tiene actividad laboral en esos lugares, pero tenía la certeza de que David era un buen hombre de palabra, así que dejó de pensar y se apresuró a salir rumbo al hospital y visitar a su madre.

******

En su habitación, Annie dormía cómodamente y ni la luz de sol, que se filtraba por sus ventanas la molestaban. Pero aunque la luz no la molestaba, los gritos de su madre por supuesto que sí podrían.

—¡Annie Elizabeth, despierta en este mismo instante, son las 11:00 a.m! ¿Hasta que hora prentedes dormir? —Habló con un tono de voz lo suficientemente alto para despertarla.

La chica así como abrió los ojos al escuchar a su madre, los volvió a cerrar.
—Pretendo dormir hasta la hora en la que no tenga más sueño, madre, como todo el mundo hace. Así que dejame tranquila, porque te aseguro que nada me hará pararme de mi cama.

Su madre la miró de forma divertida y le respondió:
—¿Eso crees, Annie?, bien. Esperaré entonces los 20 minutos que le faltan a tu padre y a su acompañante en llegar aquí.— Y se quedó mirándola esperando su reacción.

Annie abrió sus ojos de repente y se paró de un salto tan rápido que no se dio cuenta de que sus piernas estaban enrolladas en sus sabanas y por lo tanto, resbaló y cayó sentada. “¿Por qué no me puedo levantar de una forma normal?", se preguntó mentalmente a si misma, ya que desde hace unos 5 meses atrás, la chica en la mañana se levantaba de su cama de cualquier forma, menos una buena. Hizo una mueca expresando el dolor por su repentina caída y se sobó el trasero.
No pudo evitar levantarse tan exaltada al escuchar sobre su padre, ella era la niña de sus ojos, pero si su padre llegaba con un invitado y ella no salía a recibir, se molestaría por su “mala educación" y porqué además, fuera porque ella estaba durmiendo aún a mediodía y ni ser la niña de sus ojos la salvaría de el carácter de su padre, que aunque no lo mostraba la mayoría del tiempo con ella, sí que tenía uno y bastante fuerte.
Se levantó de un salto, y se metió a su baño personal.

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