Pamplona

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Raoul y Agoney estaban en el hotel, habían terminado el concierto de Pamplona hacía una hora, tal vez más, pero el tiempo ni siquiera era tan importante. Raoul suspiró sintiéndose pleno, había sido una noche increíble en la que se habían permitido ser ellos mismos después de mucho tiempo y no podían evitar sentir mariposas en sus estómagos.

Agoney estaba en el baño. Habían llegado a la vez y él había sido el primero en ocupar el baño para desmaquillarse. Raoul le había estado esperando y ahora se encontraba apoyado en la puerta con una sonrisa de oreja a oreja observando a su novio mirar el móvil mientras fruncía el ceño. Raoul no pudo evitarlo, entró en el baño, le quitó el móvil de las manos y antes de que el canario siquiera pudiera quejarse tenía los labios de Raoul sobre los suyos en un beso intenso, uno de esos besos que Agoney había categorizado como "quiero follar ahora." El catalán le acorraló contra la pared mientras le manoseaba el culo apartando únicamente sus labios de los del contrario cuando hacía falta aire en su sistema y acababa dejándole besos en el cuello.

-Veo que hoy te he pillado con ganas...- Susurró el canario, que lo único que obtuvo como respuesta fueron los labios del rubio sobre los suyos de nuevo.

Salieron del baño dirigiéndose a la habitación, más concretamente a la cama.

Una vez en ella, fue Raoul el primero en quitarle la camiseta a Agoney y acariciarle el torso, fue dejando un camino de besos por el cuello del canario tentándose a dejar alguna marca.

Raoul se dejó hacer cuando Agoney le quitó la camiseta y giró en la cama para quedar él encima, empezó a besarle por el cuello y no dudó en bajar por su pecho hasta llegar a su abdomen. Fue entonces cuando empezó a hacer sufrir un poco al rubio.

Acarició suavemente su miembro por encima de la tela del pantalón, lo que hizo que Raoul jadeara y se mordiera el labio. No pareciéndole suficiente,  Agoney le desabrochó el pantalón y comenzó a jugar con el elástico de los boxers del catalán. Fue entonces que él, cansado de juegos, hizo al canario subir para volver a intercambiar roles y quedar él encima.

Raoul no dudó, se deshizo del pantalón del moreno con rapidez y no tardó en hacer lo mismo con el propio.

-Me he cansado de jugar.- Susurró Raoul y lo único que recibió fue una sonrisa de autosuficiencia de Agoney ya que ni siquiera habían jugado tanto.

Raoul repasó el cuerpo de su novio y le quitó los boxers con impaciencia, empezó a masturbarlo y finalmente se lo llevó a la boca. El moreno soltó un gemido que solo hizo que el rubio empezara a mover su cabeza de arriba hacia abajo con rapidez, no tardó en notar la mano de Agoney en su pelo marcándole el ritmo, cosa que acabó cuando Raoul le quitó la mano entrelazándola con la suya mientras que con la que le quedaba libre tomó el miembro del canario e hizo succión con los labios sacándole su nombre en forma de gemidos, lo que le hizo parar y subir, Agoney se quejó y Raoul no puedo evitar reír.

-No pensarías que iba a dejar que te corrieras ya, ¿no?- Preguntó cogiendo el lubricante de una de las maletas.

No obtuvo respuesta de Agoney más que su mirada siguiéndolo por la habitación hasta que volvió a la cama con el bote en la mano y sin boxers. El rubio se puso sobre el canario para besarle, una vez se separaron por falta de aire, el moreno se dedicó a darle besos por la mandíbula y el cuello mientras que el rubio se llenaba los dedos con lubricante los cuales dirigió a la entrada del canario, la cual empezó a acariciar suavemente para después ir introduciéndolos poco a poco.

Cuando ya tenía tres dedos dentro de él y Agoney no paraba de gemir Raoul no dudó en flexionarlos suavemente encontrando así la próstata del moreno haciéndole soltar un gemido gutural. El rubio no pudo evitar sonreír al ver a su novio así y no tardó en sacar los dedos de su interior, el canario no tardó en soltar un pequeño gemido de protesta que desapareció en cuanto el catalán se adentró en su interior, empezó a besarle mientras se movía con rapidez y el moreno no dudó en rodear la cintura de su novio con las piernas.

Lo único que podía escucharse en la habitación eran sus gemidos mezclados con el choque de sus cuerpos y a veces sus besos.

Raoul acariciaba el cuerpo de Agoney hasta que finalmente llegó hasta su miembro, el cual empezó a masturbar al ritmo de sus embestidas. Pudo escuchar cómo los gemidos del canario subieron de tono, lo que hizo que aumentara el ritmo consiguiendo así que finas tiras blancas cayeran por su abdomen y la mano de Raoul, quien no tardó mucho en correrse.

El rubio salió del interior de Agoney exhausto, ambos tardaron un poco en recuperarse entre respiraciones entrecortadas, aún así fue el catalán el que se levantó y fue a por papel con el que limpió su mano y también al canario.

-Pienso hacer lo de hoy cada día si vas a reaccionar así.- Raoul sonrió ante el comentario del moreno y le besó.

-Tenemos que dormir, mañana tenemos que madrugar.- La voz del rubio era un susurro suave y dulce.

-Quiero escucharte cantar.- Respondió Agoney muy serio, lo que sacó una risa del catalán.

-Pero es muy tarde, amor.- Raoul estaba feliz, sus ojos brillaban y la sonrisa no se borraba de su cara.

-Pero estás dulce, amo escuchar tu voz dulce cantar.- Contra eso no pudo hacer nada y empezó a cantar.

Raoul empezó a entonar suavemente Prometo de Pablo Alborán, su voz salía dulce de sus labios y mientras se dedicaba a acariciar la cara de Agoney suavemente, el moreno tenía los ojos cerrados y parecía estar relajado disfrutando de la voz del rubio. El catalán no pudo evitar pensar en la final, cuando le dedicó esta misma canción a la persona a la que ahora estaba acariciando, tenía una sonrisa tonta en la cara y el corazón le latía con rapidez, su mirada no se despegaba de la cara del moreno que cada vez parecía más relajado hasta que pareció haberse dormido y dejó de cantar con la frase "te prometo que vamos a volvernos eternos". Finalmente todo fue silencio, le dejó un beso en la mejilla y se tumbó a su lado, apagó la tenue luz de la lámpara y le abrazó con intención de dormirse.

-Raoul.- La voz de Agoney era un susurro adormilado.

-Dime, amor.- Susurró el rubio acariciando suavemente el torso del canario.

-Ya somos eternos.- Raoul no pudo evitar sonreír y dejar un suave beso en la nuca del moreno.

-Te amo.- Fue la única respuesta que recibió Agoney antes de que ambos se durmieran.


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⏰ Última actualización: Jul 11, 2018 ⏰

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