Soy una Lodge

4.4K 238 19
                                        

Levanté mi cabeza de la almohada lentamente, apenas podía abrir los ojos y me sentía perdida. Eché un rápido vistazo al suelo, viendo como sólo quedaba un pequeño cojín y una manta fina de color azul marino. Archie no estaba ahí. Me sentía muy incómoda, supongo que quedarme en casa de una familia que apenas conocía no estaba dentro de mis planes, al menos, han sido muy amables conmigo.

Me senté en la cama y me puse mis zapatillas, decidida a bajar las escaleras y encontrarme a Fred y Archie preparando el desayuno.

- Buenos días —Dijeron los dos.
- Buenos días —Respondí con mis mejillas algo sonrojadas.
- Archie me ha puesto al día, espero que no te importe.
- Tranquilo, al fin y al cabo esto también era desconocido para mí hace un par de días.
- Siéntate —Dijo Archie desplazando hacia atrás la silla que había a su lado.

Tomé asiento frente a un vaso de café, junto a este había una tostada con bacon y queso fundido sobre ella. Miré al pelirrojo dispuesta a preguntar si era el desayuno que me pertenecía pero antes de poder abrir la boca, él ya estaba asintiendo.

- No tengas prisa, _____. —Dijo Fred— Voy a prepararme y cuando estés lista iremos al Pembrooke.
- Gracias, señor Andrews.

Me quedé a solas con Archie, comiendo poco a poco mi desayuno y él mirándome cada cierto tiempo, lo cual me incómodo bastante.

- Perdón —Dijo cuando se dio cuenta— No dices nada y no sé si te gusta, si estás cómoda, si no tienes hambre.
- No, tranquilo. Está delicioso, es sólo que estoy nerviosa. No sé si estoy preparada para conocer a mi hermanastra.
- ______, has viajado desde tu casa hasta aquí sin necesidad de que te acompañara nadie. No mucha gente sería capaz de hacerlo y menos si no estuvieran preparados. Tú lo estás.

La forma de hablar de Archie me transmite mucha seguridad, la suficiente como para convencerme a mí misma de que podría desvelar el secreto a mi madrastra y hermanastra.

Poco después de terminar el desayuno, escuché los pasos de Fred bajando las escaleras. Nos miró a ambos comprobando que ya habíamos terminado de comer y con un leve movimiento de cabeza, nos indicó que subiéramos al coche.

Abrí la puerta trasera y me senté en la parte derecha. Saqué el cinturón de su base y lo pasé hasta el otro lado de mi cuerpo finalmente abrochándolo. Tenía una sensación rara, la típica que sientes cuando vas con el padre de un amigo tuyo, pero en este caso a las dos personas que me acompañaban solo podía etiquetarlos como «conocidos» y muy recientemente.

- Verónica es fantástica, ya verás —Me dijo Archie— De hecho, entró hace nada en las animadoras del instituto junto a mi amiga Betty. Se me hace pensar que compartís sangre al fin y al cabo.
- Supongo. —Respondí cabizbaja.

El resto del camino estaba protagonizado por un silencio que fue roto en muy pocas ocasiones por pequeñas conversaciones que tuvieron entre Fred y Archie. Hablaban de una tal señorita Grundy y de unas clases de música que el pelirrojo debía tomar.

Minutos después entramos al gran edificio blanco tras aparcar en una de las calles cercanas a este.

- Te queda bien la chaqueta. —Dije observando a Archie.
- Gracias, suelo llevarla a veces, es la del instituto, de ahí la R del nombre de la ciudad.
- Me gusta mucho.

Al entrar, un hombre vestido con uniforme y una pequeña gorra de color rojizo vino a saludarnos.

- Buenos días. ¿En qué puedo ayudarles? —Dijo.
- Hola, Smithers —Respondió Fred— Venimos a ver a los Lodge un momento.

Smithers asintió en forma de aceptación y levantó el brazo ofreciéndonos pasar.

- Llama —Dijo Archie.
- No estoy preparada. —Insistí.
- Lo estas, confía en mí.

Cogí aire profundamente y suspiré soltándolo. Di tres breves golpes a la puerta y espere hasta que una mujer, alta, morena y con el pelo largo, con un vestido de color verde oscuro y un colgante abrió la puerta.

- ¿Hola? —Preguntó observándonos a los tres y parándose en mi rostro al ser completamente desconocido.
- S-soy _____. Qu-quiero... —Tartamudeé.
- Hermione —Me interrumpió Fred. Lo cual agradecí bastante por lo nerviosa y preocupada que estaba en ese momento— ¿Podemos pasar? _____ tiene algo que deciros a ti y a Verónica.
- ¿A mí? —Dijo una chica acercándose a la puerta. Sus rasgos como el pelo moreno y oscuro pero no tan largo, o su ropa, con un estilo muy parecido al de su madre, delataban que era hija de Hermione. Y por lo tanto, mi hermanastra.

Hermione dejó de bloquear el paso y nos invitó a entrar a su gran y espacioso apartamento. Ella, se sentó en un sofá blanco junto a su hija, cruzando las piernas y alcanzando una copa de cristal que contenía algo de vino. Nos miraba ansiosa por saber qué es lo que yo escondía y que estaba dispuesta a contar. Se le veía despreocupada, pero a la vez su expresión delataba que era incapaz de encajarme en este asunto y, por lo tanto, desconocía las razones por las que estaba ahí.

Fred, Archie y yo tomamos asiento en el espacio libre que había en el salón.

- Cuando quieras. —Dijo Hermione dando un sorbo a la copa de vino.

Repasé bien todo lo que iba a decir, parando a pensar si debería detallar completamente mi perfil y quien era. Sí, son mi madrastra y hermanastra, pero, ¿son de fiar? ¿Debería callarme algo?

- Mi nombre es _____ Lodge. Mi padre es Hiram Lodge y mi madre Emma Moon. Prácticamente ellos dos tuvieron un romance muy poco duradero, del cual salí yo, por ese motivo Hiram me considera un completo error. —Dije mientras una lágrima se deslizaba por mi mejilla izquierda— Actualmente vivo con mi madre y mi padrastro en una ciudad bastante lejos de aquí. Yo desconocía totalmente que tenia esta parte de familia, hasta que mi padre me envió una carta hablando de quien erais y donde podía encontraros.
- ¿Cómo sabemos que estás diciendo la verdad?  —Preguntó Verónica.

Eché un vistazo a Hermione, seria, mirando a un punto fijo sobre la mesa pero escuchándome con atención. Tenía la impresión de que ella era desconfiada, sin embargo, parecía que me creía.

- Quemé el sobre con las iniciales de mi padre, no tengo muchas pruebas —Recordé el dinero que había en mi maleta, los 50.000$, pero decidí callármelo por miedo a que pudieran usarlo contra mí— Tenéis que creerme, he arriesgado todo por llegar hasta aquí y conoceros.

Sin darme apenas cuenta, mis ojos estaban mojados, no pudieron contener más lágrimas y comencé a llorar. Por miedo a haber emprendido este viaje y no conseguir mi objetivo. Debí haber hecho alguna fotocopia a la carta de mi padre. Pero nunca llegué a hacerlo. No tenía ninguna prueba que demostrara que estaba diciendo la verdad.

- Bien. —Dijo Hermione— No sé quién eres pero desde luego lo de montar todo esto y creer que íbamos a pensar que eres parte de esta familia no te ha ido muy bien. Mi hija y yo no podemos perder el tiempo con tonterías.

La miré a sus ojos oscuros y apreté ambos puños.

- Puede que no me creas, pero no puedes cambiar la realidad. Soy una Lodge.

La hermanastra de RonnieDonde viven las historias. Descúbrelo ahora