—¡YiFan! ¡Joder! —gritaba mí pequeño, mientras íbamos lo más rápido que se podía en el automóvil—
— Tranquilo amor, ya pasará, ¡Señor por favor, podemos ir más rápido! —apresuré al taxista, el cuál solo asintió y siguió conduciendo—
Los bocinazos sonaban como locos en las calles, Tao mordía su labio con fuerza, tratando de aguantar el dolor que le provocaba el bebé.
Comenzó a soltar suspiros grandes y tomar bocanadas de aire, yo solamente fui capaz de sujetar su mano y dejar que me la apretara
— Ah Y-YiFan te juro que aagh que t-te odio mmgh esto e-es culpa t-tuya —decía entrecortado, no podía más con los malditos nervios—
Una vez que llegamos al hospital, rápidamente ingresaron a Tao al hospital, entré con él a la sala de parto.
— tranquilo amor, ya todo pasará ¿Si? —traté de distraerlo con pequeños besos y caricias—
— Señor Wu, necesito que por favor vaya a la sala de espera, le mantendremos informado de todo —el doctor habló y un par de enfermeros me sacaron de ahí—
Comencé a excusarme, pero no sirvió de nada, solté un suspiro y me senté en uno de los incómodos asientos plásticos.
Me quedé quieto, no había dormido nada estás últimas semanas, Tao cada noche despertaba porqué el pequeño Kevin pateaba demasiado fuerte o porqué tan solo quería comer.
Minutos más tarde me dormí profundamente, dejándome por fin descansar aunque sea un poco.
Un par de horas más tarde desperté gracias a que alguien me daba pequeñas palmaditas en el rostro, me removi con dolor en mí espalda baja, hice una pequeña mueca y abrí los ojos, mí vista se enfocó en una enfermera, me levanté de golpe.
— ¿Usted es familiar del Señor ZiTao? —preguntó con amabilidad—
— Soy su esposo, Wu YiFan —asentí con rapidez— ¿Cómo está él? ¿Y mí pequeño? —pregunte nervioso—
— Venga conmigo Señor Wu —caminó por variados pasillos, a lo que yo solo la seguí, mirando las diferentes habitaciones, cada vez me ponía peor— póngase ésto —me entregó una bata azul y una mascarilla blanca—
Una vez que me acomodé la prenda, ella me guió dentro de una habitación blanca, algo pequeña a mí parecer, al mirar las diferentes cunas de variados colores me sonrojé.
— su bebé es aquel —me sonrió y apuntó a mí pequeño, agradecí con un asentimiento y me acerqué, quedé impresionado, mí hijo era el bebé más hermoso del planeta—

Sonreí ante aquello y lo tomé en mis brazos, bese su frente y lo acune, sentí las calientes lágrimas bajar por mis mejillas y mí sonrisa crecer
