Los chicos me acompañaron al comedor y por el camino fuimos hablando. Me cayeron bastante bien, ideal para mi primer día. Ahora ya sabía sus nombres: el rubio se llamaba Juan, el moreno era Lucas y el del pelo marrón claro, era Adrián.
Cuando llegué al comedor, localize a Lucía y fui a sentarme con ella, despidiédome de mis nuevos amigos o… mejor dicho, de mi nuevo amigo, a los otros no es que les cayera muy bien.
- ¿Dónde estabas? ¡Has tardado mucho!
- Bueno,… es que me perdí y me encontré a Adrián, Lucas y Juan. – modifiqué un poco los hechos. No quería contarle que fui a la búsqueda del chico guapo de la ventana.
- Ah… ellos. – puso una cara de asco. – El único que vale la pena de los tres es Adrián, los otros son unos idiotas. – se comió una cucharada de sopa y añadió – Bueno, ya lo iras viendo, Carolina.
- Puedes llamarme Carol, si quieres.
- Perfecto – respondió alegremente.
Lucía era la clase de amiga que necesitaba: habladora, un poco loca, simpática,… la clase de amiga que siempre está ahí cuando la necesitas.
Estuve toda la comida callada, miraba a mis compañeros, de mi edad, también sin padres. Algunos de ellos, habían desaparecido, otros les había pasado como a mi,… O como a Lucas, sus padres eran unos irresponsables, que lo dejaron aquí cuando era niño. Según me ha contado Adrián, desea verlos otra vez, aunque no sean la clase de padres buenos.
Lucía habló con su compañera, me enteré que se llamaba María y su habitación era la de al lado de la nuestra. Las escuché mientras comía la sopa de fideos que todos teníamos de primero.
- Pobre niña, debe ser duro estar aquí después de lo que le pasó – dijo la chica de pelo rizado y largo.
Primero, pensé que hablaban de mí y estuvo apunto de gritarle que no soy una niña y que lo que me pasó no es asunto suyo. Pero luego, me enteré que si lo hubiera hecho, habría quedado bastante mal, muy mal, ya que no hablaban de mí, sinó de una niña pequeña que también había llegado hoy.
- Sí… Esta sola, nadie quiere hablar con ella. Los pequeños siempre tienen miedo de los nuevos… Mirala… - Lucía la aseñaló.
Era una niña rubia, de pelo corto y liso. No llevaba uniforme, como yo. Eso era porque era nueva. Los chicos me dijeron que mañana me lo encontraría en la cama. Un jersey y una falda de un color verde oscuro y con bordes blancos… Demasiado raro. No me gustaba para nada.
Me pregunté el porque del miedo que sentían los niños del orfanato cuando llegaba alguien nuevo… No lo entendía. Por un momento, me imaginé a mi de niña viniendo en el orfanato y con Lucía, sin ganas de hacerse mi amiga… Rápidamente borré esa imagen de la cabeza y me levanté de la mesa. Dejé los platos en su lugar y me dirigí a la mesa de los niños, quería hablar con esa niña.
Le puse una mano en el hombro y se giró espantada.
- No pasa nada, no me tengas miedo. – al ver que tenía una cara de espantada total seguí hablando – ¿Cómo te llamas?
- L… La… Laura.
- ¿Laura? ¡Pero que nombre tan bonito!
Sonreí y al acto, la niña hizo lo mismo.
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El misterio del Orfanato El Oasis
Ficção AdolescenteCarolina, después del asesinato de sus padres, debe mudarse a un orfanato del pueblo más cercano. Pronto descubrirá que en este orfanato pasan cosas extrañas. En este orfanato, no todos son lo que parecen y tienen intenciones buenas... Web oficial:...