3. Fuego

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Mientras salía del departamento de Mercedes, Michael sacó un encendedor de plata con sus iniciales grabadas para encender el cigarrillo que aún llevaba entre los labios.

Andando por las calles que apenas empezaban a cobrar vida, paso un dedo por aquellas iniciales. Aquel encendedor era un regalo de su... ¿novio? ¿Su relación podía llamarse de esa manera siquiera?

Pete y él habían estado juntos desde que podía recordar, como viejos amigos desde el colegio. Mudarse a vivir juntos había sido un paso casi natural. El sexo había sido un poco más complicado.

Al principio habían sido noches de borrachera, donde el alcohol corría libre y terminaban uno en los brazos del otro, con un terrible dolor de cabeza a la mañana siguiente, causado en parte por la resaca y en parte por la culpa de haber terminado en la cama con su mejor amigo.

Con el tiempo, la incomodidad y el remordimiento fueron cada vez menores. Y las noches juntos fueron aumentando, muchas veces incluso sin haber alcohol implicado.

Quizás una parte de él aún quería aferrarse a ese deseo adolescente que había sentido por Henrietta y por eso había terminado en brazos de aquel amigo que compartían ambos.

Pete. Ese mismo Pete era quien le había regalado aquel elegante encendedor con sus iniciales grabadas, durante su primer Navidad juntos.

El mismo Pete que le gustaría pensar que lo estaba esperando solo en el departamento que compartían.

- Oh, hola Michael.- El mismo Pete que probablemente acababa de pasar la noche con el vampiro marica que ahora mismo estaba saliendo de su departamento.

- Mike. – El gótico ni siquiera se digno a responderle el saludo como se debe mientras lo empujaba ligeramente para entrar a su propio departamento, donde Pete preparaba el desayuno sin camiseta. Los ojos dorados de Michael no pudieron evitar posarse en las marcas del cuello de su compañero de piso y los rasguños de su espalda. Estaba bastante seguro de que esas marcas no eran suyas, si no de aquel estúpido vampiro.

- Pensé que te quedarías a desayunar con Mercedes.- Fue el único saludo que recibió de Pete, mientras servía el desayuno para ambos.

- No tenía mucho apetito.- ¿Quién había empezado con aquel juego de los celos? Había perdido la memoria de quien había metido a un ajeno a su relación primero, si él al seducir a aquella prostituta en uno de los bares que solían frecuentar o Pete al llevar a su departamento a aquel vampiro que había encontrado en una librería de ocultismo.

Nunca hablaban de ello. Nunca habían tenido una discusión al respecto, porque lo suyo nunca había sido una relación, ¿podían acusarse entonces mutuamente de infidelidad al estar con otras personas? Solo eran mejores amigos que tienen sexo, después de todo.

Ambos góticos desayunaron en silencio, pero la tensión era palpable. Aquello que había empezado como un error, ahora mismo se volvía más pesado que nunca. Michael sentía dentro de sí que las cosas estaban a punto de cambiar, lo que no sabía era cuanto.

- Voy a mudarme con Mike. – Soltó Pete de la nada, mientras lavaban los trastes después de la comida. – Me lo pidió anoche y le dije que sí.

Michael alzó la mirada y vio algo en los ojos de Pete... un brillo único. Algo parecido a la forma en que Mercedes solía mirarlo a él. O la manera en que  brillaban los ojos de Henrietta al decirle que se fugaría con Kenny. ¿Eso era lo que todo mundo conocía como amor? ¿Qué se sentiría tener ese brillo en la mirada? Estaba consciente de que nunca había visto de esa manera a Mercedes y entrados en gastos, ni siquiera al mismo Pete o a Henrietta. No podía ser tan egoísta de armar una escena para arrebatarle a Pete algo que sabía que no podía darle.

- Felicidades, ¿tengo que empezar a buscarte una lámpara fea para tu nuevo departamento? – Solo entonces ambos rieron, como si hubieran recuperado algo que hacia tiempo no tenían. Habían estado tan sumidos tratando de entender su relación como amantes, que se habían olvidado casi por completo de su relación como amigos.

El resto de la tarde la pasaron empacando las cosas de Pete, entre bromas y chistes pesados. Michael incluso se atrevió a bromear con el tema de que si llegaba a casarse con Mike, más le valía hacer algo impresionante, para no quedar como un completo conformista.

Para cuando llevaron las cosas de Pete en la camioneta de Michael al departamento de Mike, ya había anochecido.

HumanWhere stories live. Discover now