Capítulo 3. El comienzo de la noche.

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CAPÍTULO TRES.

El comienzo de la noche.

No significa nada.

—Entonces, ¿cuál? —moví los dos vestidos de arriba a abajo para que las vieran mis 3 mejores a amigas a través de la pantalla del ordenador.

Estábamos hablando por Skype, como solíamos hacer siempre desde que me mudé a Corea del Sur. La situación requería un visto bueno por parte de mis amigas, era la primera fiesta a la que iba en los meses que llevaba aquí, y aunque intentaba actuar serena, en el fondo estaba bastante ilusionada, echaba de menos el ambiente del desmadre, aunque no fuese en mi zona de confort.

El de la izquierda tía, con ese te vas a ligar a todos. —se río Marissa, la rubia de ojos mieles del grupo y las demás la acompañaron con sonoras carcajadas.

—Yo pienso igual que Issa, ¡ese vestido te hace un culo increíble nena! —añadió Jade, una morena de ojos de ojos castaños.

Para mí que os estáis rayando demasiado, zorras, el vestido negro es mucho más bonito. —Lidia puso los ojos en blanco y se llevó la mano a la barbilla a modo de sujeción. Hija de puta, siempre se ponía a decir algo en español para que no la entendiese nadie, aunque ella ya sabía que mi madre era de España, por lo que yo también sabía español así que no se me escapaba nada de lo que decía.

—Yo también prefiero éste. Tres contra uno, jódete Lidia. —saqué mi lengua a modo de burla y dejé el vestido negro en el armario.

Bueno nenas, vamos colgando que la diferencia horaria es chunga de cojones. Hablamos pronto, os quiero. —Jade nos sopló un beso y sin decir una palabra más abandonó la videollamada, seguido de Amy.

Quedamos Lidia y yo. Éramos como hermanas y la extrañaba demasiado.

¿Realmente piensas hacerle eso al chico del que me hablaste? —me miró como una madre al regañar a su hijo por haber roto un plato caro de cerámica.

—Claro, siempre lo hemos hecho, ¿no? —dije obvia.

Antes era divertido Nicole, se supone que hemos madurado.

—¿Qué pasa? ¿Ahora te haces la santa? No me digas que te has ablandado. —solté una carcajada más bien finjida y ella guardó silencio.

Sólo digo que ya no es como antes, es un juego de niños en realidad. Hacemos daño a las personas, Nikki, eso es jodido. Hemos pasado por ello y sabes que no tiene ni puta gracia. —Lo soltó todo en menos que canta un gallo, ni si tomó aire, y yo ni si quiera supe qué responder.

—¿Me estás tomando el pelo cierto? —sonreí esperando a que dijera que sí, a que dijera que era una maldita broma, pero lo que salió de sus labios fue otra cosa.

Hablo en serio, no quiero que lo hagas. El pasado es pasado, no puedes quedarte estancada ahí. gesticulaba con sus manos de manera rápida, como solía hacer cuando se ponia nerviosa. La miré, su cabello seguía igual de rojo que hace unos meses aunque me percaté de un brillo diferente en su verdosa mirada y supe enseguida de qué se trataba, haciendo que mi lado egoísta hablará por mí, dejándome un mal sabor en los labios.

—¿Quieres que te vuelvan a pisotear? Bien, hazlo, pero no me llames llorando cuando suceda, ¡porque no voy estar para ti! —sentí las lágrimas acumularse en mis ojos y supe que si no cortaba ya la llamada iba a terminar rompiendo en llanto delante de ella. Cerré el portátil y lo tiré a no sé donde. Ni si quiera hice el empeño por mirar, sólo me tiré a mi cama haciendo que mis lágrimas no tardaran en salir. Minutos después sentí mi móvil vibrar, encontrándome un mensaje de quien menos esperaba.

Darkness || Min YoongiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora