Señales escasas.

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Cuando llegué aquí desconocía todo sobre mi entorno. Lo único que tenía era mi ropa. Miraba a mis alrededores sin saber exactamente qué hacer. ¿Debía caminar? ¿Tenía que esperar algo? ¿Qué debo hacer? Mientras divagaba por el sendero, traté de recordar quién era yo y cómo fue que di a parar en este lugar.

Mis intentos fueron en vano, porque ni siquiera pude relacionarlo con algo. Caminé por horas en el mismo sitio, analizando todo aquello que tuviera cerca. Los prados eran hermosamente verdes y se llenaban de flores y animales que caminaban siempre en compañía. A mi alrededor había una increíble cantidad de árboles,
desde los más grandes a los más pequeños. Miré el océano con esperanzas de alguna señal que me dijera a donde ir, porque me negué completamente a aceptar mi soledad. Supe que había pasado mucho tiempo en el mismo lugar cuando el cielo se pintó de un color naranja y el sol se metía entre el mar y las montañas de los lados. La luna salió y llenó el cielo con todas las estrellas posibles. Me quedé de pie. Había planeado quedarme en ese mismo lugar hasta el amanecer, me relajé con el sonido del mar, pero no podía dormir; por muy solo que me sintiera sabía que algo estaba mal.

Tributo a mis viejas memoriasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora