La Muchedumbre Espectadora

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Trotando en las mañanas ciertos días
Me ejercitaba, transpirando y a su vez meditando en el campo del lugar.
Pero cada vez que pasaba por la banca del público,
Veía de pronto a innumerable gente,
Muchedumbre sentada observándolo todo, la forma en que corría, preguntándose porque lo haría
Muchedumbre que observa tu actuar para juzgarte,
No son todos, gracias a Dios, pero lo hay, dejándote aparte.
Tambaleé y caí en el terreno carrasposo de este mundo,
Lastimado, con el anhelo de ser sanado,
Labor que solo mi Creador podría hacer.
Esas burlas dañan, son como fieras saetas o flechas que llegan al alma.
Fue cuando capte, un destello de luz surgió, razone y recapacite,
Levantándome del vergonzoso desliz,
A pesar que no hubiese nadie.
Entendí que ellos solo están de espectadores,
Su ensordecedor bullicio fastidia sin cesar, lo sé.
Ese público que a lo largo de tu vida se presenta, debes tener por entendido que no quitara su mirada de ti.
Se convierten en jueces y juzgadores de la acción o reacción personal,
Señalando si hiciste bien o hiciste mal.
Un tanto fiscales diría yo, de los sueños y más íntegros anhelos, a pesar de ser no propios,
Cumplidos o fallidos por aquellos valientes que al menos lo intentamos.
Así que pronto continué mi trote y mi caminar con mayor fuerza,
Esperando lo mejor y lo peor a su vez,
Previendo aplausos de los mismos que se han burlado,
Al final seguirán siendo solo espectadores,
Y en sus sin valor charlas, narradores en terceras personas,
Sin relación alguna y extraños al escritor.
La pregunta final es quien serás tu mi amigo lector
Autor y protagonista de tus sueños
O un paupérrimo personaje secundario del sueño de otro.

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