CAPÍTULO 2

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— Famous... Yo... --Damion suspiró— Ven. Voy a contarte una historia.

***

(TRES AÑOS ANTES)

Aquel día le había invitado a su piso a comer. Hacía un día espléndido de verano, y el edificio no quedaba muy lejos de la playa. Iba vestido con una camiseta clara y un bañador con un estampado de kiwis. Llamó al portal.

— Agoney, estoy aquí. Soy Damion —el interfono hizo un pitido.

— Ya sé quién eres, tonto —dijo el otro chico, con un tono cariñoso—. Vamos, pasa.

La puerta se abrió. En un instante, estaba dentro de la casa. La cocina y el comedor formaban una única estancia, muy luminosa y blanca, con vistas a la playa. Agoney llevaba una camiseta rosa y un bañador puesto. Andaba en chanclas por la casa.

— Preparé unas papas arrugadas con mojo picón. Espero que te gusten.

Se acercó al alemán y le dio un suave beso en los labios. Le invitó a sentarse mientras servía la comida. Damion se sentía como en una extraña isla paradisíaca de forma constante.

— Qué buena fue tu interpretación de Ride like a wind en el festival. Ya la subieron a Internet —dijo Agoney.

— ¿Qué dices? Si desafiné muchísimo. Tú sí que parecías... una diva.

Los dos se rieron. Habían conseguido participar en un festival local, y tener su propia actuación por separado. Solo se conocían de un mes, pero mantenían una relación medianamente estable. Se veían siempre que podían, Damion iba al beach club en el que cantaba Agoney, y este acudía a las esporádicas actuaciones callejeras de su novio.

Cuando terminaron de comer, fueron directos al mar. Adeje era un lugar de otro mundo. El cielo estaba limpio y azul, y las aguas, templadas y cristalinas. Agoney extendió un par de toallas y ambos se echaron crema el uno al otro. Había poca gente en la playa y eso hacía la estancia todavía más íntima. Agoney le agarró la mano a Damion para que fuesen a bañarse. Se salpicaron y se rieron. Después, se quedaron dormidos en las toallas hasta el atardecer.

Al día siguiente, salieron en un barco para ir a los acantilados. Damion se puso unas gafas de buceo y nadaba por debajo de las rocas, viendo peces de colores. Después, el barco partió en una larga marcha. Damion y Agoney iban agarrados, uno detrás del otro, mientras la brisa fresca les salpicaba. Agoney dio un beso en la mejilla del otro chico. Seguía haciendo sol. Al llegar a un punto, el barco se paró y los chicos empezaron a ver delfines que emergían de las aguas, dando saltos. Seguían abrazados, felices.

Aquella misma noche lo cambió todo. 

No era la primera vez que hacían el amor. Pero sí la primera vez que Damion no fue capaz de asumir su condición.

— Te amo —dijo Agoney.

Damion estaba tumbado en la cama y notó una mano acariciándole la espalda. A lo lejos escuchaba el sonido del mar, y notaba como se colaba el calor de julio por la ventana. Todavía era de noche, pero no se sentía bien allí.

— Lo siento, Agoney. No... no puedo seguir con esto.

— ¿Qué dices?

Agoney era la primera pareja que tenía Damion. Hubo un par de chicas antes, pero no fueron nada importante. Era consciente de que todo iba bien y que aquella era una relación que ya quisieran muchos para sí. Pero Damion era incapaz de asumir que era bisexual. Se había forzado en varias ocasiones, en solitario, procurando evitar llamar la atención de su novio. Sin resultado.

— Tengo que marcharme, Agoney. No... no puedo... lo... lo siento —decía, sudando y temblando, mientras intentaba aparentar calma.

— Cariño, ¿qué te ocurre? Me estás pre-

— No... no... me llames así —empezó a hacer gestos raros, a pasearse de un lado a otro y a señalarle con el dedo. Luego, susurró—: Esto no es normal... no, nonono... no lo es, no... y... me, me, me has manoseado...

— Damion, por favor, me estás asustando. ¿Quieres decirme lo que te pasa? —preguntó Agoney. Damion, incapaz de controlar lo que hacía, estalló.

— ¡No, lo que te pasa a TI, Agoney! ¿Te parece bonito, no? ¡¿Te parece normal esto?! ¿Un tío acostándose con otro tío? No, no... A saber lo que dicen por ahí de nosotros... —Damion se sentó en la cama y se agarró la cabeza—. Todos... sois iguales...

Agoney se acercó a él e intentó darle un abrazo para que se tranquilizara, pero en cuanto Damion notó su presencia tan cerca, se dio media vuelta y le arreó una bofetada.

— ¡Maricón! Joder, ¿qué ibas a hacer? Mierda, mierda, mier-

— ¡Idiota! —los dos lloraban—. ¿Por qué no lo asumís? ¡¿Por qué prefieres joderte a ti mismo y a los demás?!

— ¡Porque ya lo intenté, mierda! Ya lo... intenté...

Damion se puso a llorar más fuerte. Se derrumbó por completo. Esta vez, fue él quien abrazó a Agoney, buscando tal vez un consuelo que no podía encontrar.

Después de un rato, empezó a recoger sus cosas y a vestirse en silencio, mientras Agoney observaba la escena. No sabía qué decir. Al final, fue Damion quien habló:

— Lo... siento mucho. Necesito... pensar... pensar. Ya... nos veremos.

Se marchó y cerró la puerta tras de sí. Agoney había dejado de llorar. Seguía haciendo calor. Escuchó una ola romperse en la playa.

Lo cierto es que jamás volvieron a verse desde aquella noche.

PD: ¡Muchas gracias a @ andreshuko (en Twitter) por ayudarme a escribir esta parte! (sobre todo para introducir la historia y la parte de la discusión) El próximo capítulo será más largo, no os asustéis. Espero que os haya gustado :D

Madrid (fanfic damious)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora