Lo que no supo Famous, después de ver aquel chico en Madrid, era que iba a compartir con él los mejores momentos de su vida.
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Atención: queridos lectores, no subáis capturas de esta historia a las r...
— Bueno... ¿entonces no tienes nada con África? —preguntó Famous.
— Que no... Ya te lo he dicho, no hay nada —respondió Damion—. Ella se pega a mí todo el día porque dice que "salgo muy bien" en sus fotos y eso le hace ganar audiencia para ser influencer. Todo un negocio por el que yo no cobro nada.
— Vaya mierda los influencers.
— Ya...
— ¿Entonces no estás con ella?
— No. Aquí el único ship real es Damious —dijo rotundamente. Justo después, le dio un beso en los morros.
Como debía ser. Como tiene que ser.
Damion estaba apoyado sobre Famous, que estaba tumbado en el sofá. Damion empezó a darle besos por la mejilla y por el cuello. Famous se estremecía cada vez que sentía su contacto. Le ponía muchísimo. Estaba más excitado que nunca.
Damion le quitó la camiseta y empezó a rozar sus labios contra su pecho. Parecía que llevaba mucho tiempo deseando aquel momento. Famous tampoco podía negarlo. El otro chico hacía lo que quería con él. Y él se dejaba. Porque aunque midiese casi dos metros y tuviese que agacharse un poco la cabeza cuando abrazaba a Damion, que ya era bastante alto de por sí, Famous era el ser más pacífico del planeta.
En aquel momento, mientras Damion iba recorriendo su cuerpo y bajando más y más, Famous notó como las dos personalidades de su colega se fusionaban. El cariño y precaución característicos cuando estaba con él se manifestaban junto con aquella actitud de macho, que le dominaba sin piedad y haría con aquel cuerpo las cosas más prohibidas. Y aquello le excitaba incluso más. A un nivel que nunca antes había sentido en su vida. Oh, sí.
Pero esto no va a convertirse en Su puto perro fiel, así que, de repente, mientras Damion estaba a punto de bajarle los pantalones a Famous, los dos chicos oyeron un portazo gigantesco.
— ¿Qué ha sido eso? —preguntó Famous en voz bajita.
— No lo sé. Pero vino de la puerta principal.
¿La puerta principal? ¿Pero quién podía ser? Eran las siete, y nadie más sabía que estaban allí. Y menudo golpe había dado a la puerta. Seguramente la había destrozado.
Tal y como en el televisor aparecían Damion y Agoney anunciando un cuenco con plátanos de Canarias, Soraya entró en la sala. Pero no era ella, o al menos como Damion la conocía. Tenía la voz ronca y caminaba con pasos robóticos. Y llevaba un arma.
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— OBJETIVO IDENTIFICADO —anunció Sorayator.
— ¡QUÉ COJONES! —gritó Damion. Los dos se levantaron de golpe y se pusieron a cubierto detrás del sofá.