CAPÍTULO 2

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Jeno colocó su mochila en la mesa que estaba situada entre el televisor y el sofá, y dejó que su cuerpo se relajara en el sofá.

"No lo entiendo. Hemos sido amigos desde que éramos niños, pero ¿por qué ellos parecen más cercanos?" Jeno se quejó y revolvió su cabello.

El gato ronroneó al salir de la cocina.

"¡Excato! ¡Es injusto!" Al parecer, Jeno estaba teniendo una conversación con el gato. "Lo entiendo, ambos son chinos, ¡pero yo soy su mejor amigo!"

El gato saltó al sofá y se acomodó en el estómago de Jeno. El humano estaba muy ocupado pensando, por lo que no se dio cuenta de que el gatito estaba invadiendo su espacio personal.

"Este tal Chenle es adorable, pero es ilegal robarse al mejor amigo de uno." Jeno soltó un suspiro. "Bueno, no sé si es una ley, pero aún así, eso no debería pasar."

El gatito volvió a ronronear y Jeno se dio cuenta de que el gato estaba encima de él. Lo cargó y lo colocó en el piso.

"¿Por qué no dejo que ese tal Chenle te cuide?" Jeno alzó una ceja.

El gatito se paró y corrió lejos. A Jeno no le importaba, igual no podía salir de la casa. Bueno, al menos eso pensaba. Había cerrado la puerta, así que no podía salir.

Sintiéndose inseguro, se puso de pie y se dirigió hacia la puerta.

Estaba entreabierta.

"¡Nana!" Gritó dentro del apartamento. Tal vez aún no haya salido y solo esté dando vueltas por ahí. "¿Miau?" Trató de usar el lenguaje gatuno, pero Nana no daba señales.

Rápidamente, se puso los zapatos y salió corriendo, buscando por las escaleras la cola del gato.

Al salir del edificio, vio al gato caminando hacia la pista.

Tenía dos opciones: dejar al gato ir o atraparlo para que Renjun no se enoje.






























Las cosas que uno hace por amor.

Jeno corrió hacia el gato, el cual estaba cruzando la pista. El animal no se dio cuenta de que venía un carro. Jeno corrió aún más rápido, lo agarró y saltó al otro lado de la pista.

El conductor tocó el claxon, los insultó y continuó su camino.

Jeno soltó un quejido al sentir dolor en su trasero. Abrió los ojos y vio al gato frente a él, mirándolo.

"Debí haberte dejado ahí." Jeno se quedó acostado. No tenía energía para levantarse.

Pasó un rato para que su visión dejara de estar borrosa y volvió a mirar al gato.

"¿No tenías ojos negros?" Se sobó los ojos para verificar lo que había visto. "¿Por qué son amarillo oscuro ahora?"

El gatito se sentó y se lamió la pata. Jeno hizo lo mismo, pero sin lamerse su mano.

Tal vez, el gatito siempre tuvo esos ojos y Jeno nunca se dio cuenta. Realmente, no le prestaba mucha atención al gato.

"Vamos a casa." Cargó al animalito con una mano y cruzó la pista, asegurándose de que no pasara ningún carro.

Dejó ir al gato y cerró la puerta.

Estaba muy cansado como para ir a su habitación, así que se volvió a acostar en el sofá.

Mientras Jeno cerraba los ojos, el gatito se quedó mirándolo, esperando a que se quedara dormido para acostarse en su estómago a descansar.

Cuando se aseguró de que estaba durmiendo, saltó, pero falló y cayó al suelo.

Jeno gruñó al sentir que algo lo había golpeado. Por ello, se volteó, dándole más espacio al minino.

El gato saltó de nuevo, aterrizando en el sofá. Volvió a mirar la belleza de Jeno.

Nana lamió la cara de Jeno antes de quedarse dormido a su lado.

HEY KITTY | NOMIN | TRADDonde viven las historias. Descúbrelo ahora