Para Noriaki el camino hacía la cafetería más cercana había sido un pequeño tormento, las piernas le fallaban de vez en cuando haciéndolo tropezar más de una vez, no sólo eso, sino que la mirada de aquel extraño hombre que le sonreía cada vez que se volteaba le causaba un estremecimiento que le revolvía el estómago, la consciencia y las neuronas. Para empeorar aún más la situación, su cuerpo seguía en un estado de excitación paulatino que amenazaba con alterarse y subir como ese hombre siguiera acercándose más a él cada vez que debían esperar en un semáforo en verde ¡Es que parecía a propósito! Paraban y el aroma fuerte de alguna especie de licor escoces se le colaba en las narices, lo embriagaba y lo hacía tambalearse cayendo sobre el pecho de ese extraño, sentía cada uno de músculos marcarse en la apretada camiseta térmica que llevaba debajo de su blanco saco, no sólo eso, juraría que sentía una erección apretarse contra su trasero, pero aquello era imposible, el atractivo moreno no tenía señales de estar excitado... Un momento ¿Atractivo? Bien, el olor a azufre que solía venir de algún lugar en particular le hacía marearse y pensar cualquier cosa, ese hombre no era atractivo, no le excitaba verlo, sólo necesitaba relajarse con una taza de café o té, daba igual que fuera, y pensar con la cabeza fría, pero la humedad en su trasero y su erección propia no le ayudaban, solamente daba gracias a Dios porque la sotana era lo suficientemente amplia en la zona de las caderas para cubrir su vergüenza. Suspiro pesadamente por milésima vez, mientras juntaba sus piernas frotándolas entre si, dando un leve suspiro de alivio ante la molestia que mostraban sus pantalones, todo aquello era visto por Asmodeo que se lamía los labios, el aroma a cerezas se intensificaba y el tenue perfume de las rosas le provocaban un leve babear, él tampoco resistiría mucho, ese cuerpo humano era resistente pero como todo tenía limitantes, si no lo profanaba ahora mismo enloquecería. Y en momentos como esos, era donde su mente trabajaba excelentemente, una vez estuvieron en una acera más tranquila y menos transitada, su show empezó, fingió un dolor de cabeza que lo hizo "marearse" para sostenerse del primer cuerpo frente a él, el aroma del sacerdote le hacía jadear pesadamente, su aliento caliente rodeando el blanquecino cuello reprimiéndose las ganas de morderlo, de saciarse con el sabor de su sangre.
-¿¡Señor Jotaro!?- el tono del pelirrojo sonaba preocupado, ignorando por completo aquel aliento que le hizo arder la cara, lo cargo mejor sobre su hombro notando su estado, lo llevaría a algún lugar donde pudiera sentarlo, acostarlo, algo. Llegó a una pequeña tienda pidiendo desesperadamente al dueño que le dejara recostar al supuesto enfermo, el hombre asustado por el inmenso olor a azufre ofreció un diván de cuerina y se escondió en el almacén de su negocio, su instinto primitivo le pedía huir de allí y le hizo caso. Noriaki no presto atención a aquel extraño comportamiento y se encargo ahora de quitar el pesado saco blanco y usarlo de almohada para ese tal Jotaro que comenzó a reír a carcajadas, aquello descoloco al sacerdote ¿Acaso estaba delirando en fiebre?
-"Iungendorum in tempore"- susurro en un latín antiguo ante la mirada horrizada de Noriaki, había sólo dos seres a los que se les tenía permitido hablar ese idioma, personas como Caesar y a los demonios. Quiso reaccionar a ese "Detente tiempo" dicho en lengua antigua pero ya todo estaba estático, permanecía en una pose y no se movería de allí hasta que el conjuro fue deshecho por quién lo invoco, el joven sacerdote comenzó a retroceder lentamente sosteniendo firmemente la biblia contra su pecho, viendo a aquel hombre transformarse en bestia avanzando a cuatro patas hasta rodearlo hasta la pared más cercana que estaba a unos 8 metros del diván color vino, vio la enorme altura del ahora demonio, el aroma a azufre y las alas extendidas creaban un ambiente con niebla fantasmagórica que acompañaba la leve oscuridad en la que se vio sumido el mundo al quedar detenido, cerro los ojos fuertemente ante la presencia del aliento caliente que le volvió a alterar todo el cuerpo, dio un gemido bajo cuando un fuerte agarre, violento le tomo por la cintura y lo puso contra el frío suelo de madera, dio un jadeo suave cuando su erección fue presionada contra la del demonio que regresaba a su forma humana para besarlo violentamente, sin esperar una protesta, la lengua ajena peleando contra la suya invadiendo toda la húmeda caverna y empezando a romper la sotana, a Asmodeo le daba igual si luego se quedaba desnudo el sacerdote, para poseerlo lo necesitaba sin ropa, una vez se vio quitada la molestia de la sotana lo dejo en pantalones rasgados y lamió todo el pecho sosteniendo los magros brazos de Noriaki sobre su cabeza, se deleitaba con los gemidos que escuchaba, eran potentes, necesitados de un contacto más fuerte, mordió uno de los pezones viendo las lágrimas que se aglomeraron en los ojos violáceos del chico, bebió las lágrimas y lo volvió a besar, ahora quitando los pantalones con desesperación, el aroma a rosas se intensifico cuando el cuerpo quedo desnudo, sus largos dedos se dirigieron entre los carnosos muslos sintiendo toda la humedad que allí había, estaba caliente y muy mojado.
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Corazones en el Limbo
FantasiaNoriaki Kakyoin, un joven sacerdote nacido en un pueblo pequeño es trasladado a Italia luego de que se le reconoció como un "poseedor de milagros" por su capacidad especial, que es poder ver el alma de las personas y también... Detectar demonios. ...
