Cuando la vi tenía los ojos llorosos, la mirada perdida y estaba como ausente, se respiraba la tragedia saliendo de sus poros, la tristeza, la rendición a la vida. La miré y vi en ella un alma perdida, sin ganas de vivir y estancada en este mundo.
- Quiero acabar con esto. - me dijo sorbiéndose los mocos y limpiándose con la manga del jersey.
- No puedes hacer eso, no te rindas - dije sentándome en la cama con ella.
- ¡No puedo más contra esto, joder!
Quería despedirse de este mundo, quería hacer lo que tantas veces había intentado y no había logrado. Había dado muchos sustos a la gente que la amaba. Le acaricié los cortes de sus muñecas, le pasé lentamente la yema de mis dedos por cada uno de ellos, pero sólo conseguí que se derrumbase de nuevo.
- No quiero que me dejes, este mundo me viene enorme sin ti.
- No soporto nada de esto, no soporto que mi propio padre me pegue, que mi hermanastra me escupa a la cara que me odia y me tire del pelo hasta estamparme contra la pared cuando le viene en gana. ¡Y tú me abandonaste! No... no lo soporto... - y se desplomó en la cama como una delicada pluma que cae al agua arrancada sin pudor de las alas de un bello cisne.
Corro, corro fuera del psiquiátrico. Necesito a mi hermana, necesito volver a verla sonreír y pelearme con ella. Los médicos no podrán hacer nada, la que era mi hermana no volverá.

ESTÁS LEYENDO
Diferente.
Novela JuvenilOigo gritos en mi cabeza, gritos que intentan salir, gritos de desesperación, de estrés, de rabia. Son gritos ahogados, gritos que sufren, que no se entienden, que no vocalizan, simplemente lloran. Lloran tanto que gritan. ¿Son estos gritos señal de...