T h r e e.

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Sus pensamientos habían dado vueltas en todo lo que le restó de día... Pensamientos sobre la extraña sensación que había experimentado al ver a Martín con alguien más.

Se había acostumbrado a que siempre fueran él y ella u ocasionalmente algún amigo retrasado del chico, pues de lo que llevaba de tiempo siendo amiga de Martín jamás le había conocido alguna pareja. Claro, si algunas chicas para pasar el rato, pero nada enserio... Y parecía que la tal Marianne y él eran más que algo momentáneo.

Sólo no quería que Martín abandonara la amistad que se había construido a partir de la fama, pero que ahora pasaba a ser algo más sincero... o eso era lo que quería creer ella.

Bebió de su mate mientras ingresaba a su Instagram a revisar menciones e historias de sus amigos. En un momento la historia de Kevsho se terminó para dejar ver a la de Martín. La chica dejó su bebida a un lado y prestó más atención a lo que pasaba frente a sus ojos.

Era una imagen del varón con su "amiga" a un lado, ambos sonriendo grande, pareciendo la más bella de las parejas. En una esquina se encontraba una letras blancas con las palabras "Sólo ella y yo"... y ahí se dio cuenta de que ese "ella" jamás se volvería a tratar de sí.

*🕯*

Tocó el timbre que reposaba a un costado de la puerta que daba hacía el apartamento de Martín. No pasaron más de cinco minutos cuando el chico ya se encontraba frente a la puerta. Le invitó a pasar regalandole una sonrisa sin despegar los labios.

Oriana ingresó, ya allí se quedó parada viendo su entorno como si fuera la primera vez que estaba ahí. Observaba todo recelosa, tratando de ahuyentar el nerviosismo que invadía su cuerpo al estar a solas con el chico. No era que fuese la primera ocasión en que lo estaban, pero si era la primera desde que la chica experimentaba esas extrañas sensaciones al estar o pensar en él.

—Sentate, estás en tu casa— Ofreció mientras sacaba una jarra de su refrigerador para disponerse a servirlo en un vaso de cristal.

Oriana lo hizo, sin saber que decir o hacer. Martín se acercó y le tendió el vaso. La chica lo recibió y empezó a beberlo de un sólo estirón. La tensión era más que palpable en aquella habitación.

—¿Qué flasheas, pelotuda?— Interrogó al ver que Oriana se notaba más extraña de lo normal.

La susodicha negó estirándose para dejar el recipiente sobre la mesita roja en forma del icono de Youtube.

— No me pasa nada, dejá de joder— Pidió tratando de escucharse con el tono despreocupado que acostumbraba a usar con sus amigos, como lo era Martín.

El varón asintió poco convencido.

De la misma mesa roja, Martín jaló unos papeles que Oriana reconoció como libretos.

La mitad de dichos libretos habían sido escritos por ella, que al terminar se lo había enviado a Martín para que lo revisara junto a los patrocinadores y le dieran el visto bueno o en su defecto, corregir y/o tachar lo que no sirviera para el show.

—¿Y que dijeron?— Inquirió la chica adquiriendo un semblante serio y profesional, debía dejar de actuar como la adolescente que en realidad era.

Martín pareció inspeccionar algunas cosas para luego volver a observar a la femenina, quien le miraba expectante.

—Está bien, quitaron la escena del condón... pero igual no hará falta—Se encogió de hombros— Ahora sólo nos queda repasar un poco el guión... ya en una semana es el viaje a Córdoba.

Oriana asintió tomando el libreto que Martín le había acabado de ofrecer.

Empezó a echarle un ojo a los guiones. No tenía que aprenderse todo al pie de la letra, ya que sabía que la parte de un buen humor es que éste saliera natural.

—Es una poronga ésta escena, Martín— Se quejó al leer "bailes de fornite".

El chico se limitó a encogerse de hombros.

— Nos patrocinan, no podemos hacer nada— Informó pese a que sabía que en realidad si sería una poronga— Dará cringe, pero es lo que hay.

Oriana abrió los ojos, sintiendo que un foco se encendía sobre su cabeza en señal de una gran idea.

—¡Ahí está!— Exclamó con emoción haciendo fruncir el ceño del varón— Haz que lo baile CringeMan, después de todo es un baile cringe y la gente lo tomará como si fuese hecho con humor sarcástico.

Los ojos de Martín parecieron iluminarse. De inmediato tomó a la chica y comenzó a despeinarle el cabello.

—¡Sos una genio!— Le felicitó separándose de ella, quedando frente a frente a escasos centímetros del otro- Si no fueses como mi hermanita te hubiese besado— Comentó burlón.

Oriana ignoró el dolor que le causó dicho comentario y siguió con su mirada fija en los ojos del chico quien mostraban genuina emoción.

La chica no se resistió a bajar la vista hasta los labios del varón. Eran carnudos y rosados, pese a que no usara ningún producto para que se viesen de tal manera. Parecían que la llamaban, listos y dispuestos a dar por empezado un juego indebido entre sus labios y los de él.

Martín notó el cambio repentino en el ambiente. Había tensión, una sexual que jamás había sentido con Ori, al menos no por parte de él.

Oriana siempre había sido como una hermana pequeña —quitando el hecho de que al principio todo era más que profesional— la cual era una de aprendiz en aquel mundo de la Internet. Él podía jurar que ahora sentía un amor de hermandad... o eso se quería hacer creer.

Pues ahí, estando frente a ella, a tan sólo unos escasos centímetros de su rostro, observando cada peca en su pálida cara, su mente no hacía más que decirle:

¡Oh, amigo! ella no es tu hermana.

Y se deseaban. Los dos, de igual manera. Se querian de todas las formas posibles.

Ambos sabían que si los demás supiesen lo que pasaba por su mente en aquel instante, serían más que juzgados por la sociedad... porque la edad siempre sería un impedimento para todos.

Y más si se trataba de Martín, que había estado involucrado en una situación igual anteriormente. En donde por un momento de desliz, había acabado hablando indebidamente con una menor de edad calenturienta y, por ello las hordas de haters no habían parado de venir a tratar de derrumbar lo que él con tanto esfuerzo había conseguido.

Oriana quería hacerlo, quería sentir aquella suavidad que mostraba sus labios. Pero el miedo a ser rechazada era más fuerte que el deseo.

Pero, el mismo Martín le había enseñado a arriesgarse, a hacer lo que su corazón le dictase. Sabía que en el momento de decirle eso, hablaba de youtube y el contenido que quería y no hacer; Sin embargo, ahora aquello aplicaba de perfecta manera.

Sin pensárselo más, y antes de arrepentirse por completo. Achicó la distancia entre el varón y ella hasta finalmente unir sus labios.

Lo estaba besando.

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⏰ Última actualización: Apr 03, 2019 ⏰

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