-¿Jane? ¿Puedes oírme? ¡Por favor respira!
Consigo escuchar esas palabras mientras la luz va desapareciendo y voy dejando ese sombrío lugar alejado. Parpadeo, la luz me ciega y me cuesta ver lo que hay a mi alrededor, necesito acostumbrarme a la claridad tras haber estado tanto rato atrapada en un mundo de sombras y tinieblas.
-¡Jane! Menos mal, pensaba llamar a una ambulancia. – dijo la voz.
‘Más voces no’ pensé aterrada de las palabras que oí en aquel lugar… ‘Yo soy… tú.’ Se me helaba la sangre nada más recordarlo.
Conseguí distinguir el lugar en el que me encontraba. Era un cuarto, con el suelo de madera y las paredes de piedra. Se podía ver una chimenea al fondo, con un pequeño fuego que caldeaba el ambiente, era un sitio acogedor, pero sigo sin recordar dónde me encuentro.
Seguí distinguiendo formas, había algunas macetas con algunas plantas que no pude distinguir. En las paredes había muchos diplomas enmarcados, de la universidad y demás logros académicos.
‘Doctor ----‘. Pude distinguir en uno de los diplomas. Más abajo pude ver ‘psicólogo’. Me encontraba en un psicólogo… ¿y qué hago yo en un psicólogo?
‘A ver Jane, relájate e intenta recordar lo ocurrido.’ – pensé.
No pude recordar nada salvo aquel lugar.
Miré al frente, pude ver la cara del psicólogo. Era un hombre de unos 50 años, canoso, pelo en abundancia y liso. Llevaba gafas atadas al cuello, por lo que seguramente tiene falta de vista. Sus ojos marrones, estaban decorados por unas ojeras de un tamaño considerable. Las arrugas inundaban su cara, se le notaban varios ticks en los ojos y en la boca, posiblemente de nerviosismo.
-¿Dónde estoy? – Pude decir.
-¿Jane? ¿No recuerdas nada de lo ocurrido? – Dijo el psicólogo.
-No…
-Uhm… tendré que ponerte en situación. Te llamas Jane, tienes 16 años y has venido a mi terapia, porque hace poco intentaste suicidarte. Los médicos te han diagnosticado esquizofrenia y lo primero que hicieron tras tratarte fue enviarte aquí. Las vendas de las muñecas son del hospital, no te preocupes por ellas.- Me quedé anonadada.
¿Yo? ¿Suicidarme? ¿Por qué? ¿Qué motivos tendría para suicidarme?
¿Colegio, amigos, familia...? ¿Tenía algo de eso? No conseguía recordarlo. Una avalancha de preguntas y dudas inundaron mi cabeza buscando una respuesta en los recuerdos perdidos de mi memoria.
-¿Por qué no recuerdo nada…?
-Seguramente que sea de la pérdida de sangre, los analgésicos y demás Jane, no tienes por qué preocuparte. Necesito preguntarte algo Jane, ¿oyes voces ahora mismo?
‘Dile que no.’
-No.
-¿No?
-No.
-Está bien… bueno, la sesión ha terminado. Aquí te dejo mi número de teléfono –me entregó un papel, arrugado, con su número de móvil apuntado- ahora voy a llevarte a casa, no estás en condiciones de ir sola. Si necesitas cualquier cosa, ya tienes mi número, y en casa tienes varios métodos para contactar con tus familiares y con el hospital.
¿Familiares? Eso quiere decir que vivo sola, supongo. ¿Y mis padres? ¿Amigos? ¿Tengo algo? ¿Cómo puedo vivir sola?
‘Tranquila que no nos hace falta compañía.’
-Bueno Anne, vamos a casa anda.
Le seguí hacía el coche sin rechistar e hicimos el trayecto en silencio. Una pregunta me atormentaba… ¿Por qué obedecía a esa voz?
-FIN DEL CAPÍTULO 2-
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Recuerdos.
HorrorMe llamo Jane, tengo 16 años, y no tengo ni idea de lo que me ha pasado. No sé ni quien soy, ni dónde estoy, ni por qué no recuerdo nada. El psicólogo dice que es amnesia, pero esas voces dicen que no... que miente, las marcas de mis muñecas, '¿q...