Mientras iba en el camino varias preguntas pasaban por mi mente, ¿qué sucedía? ¿Mi padre está bien? ¿Nana está bien? ¿La empresa volvía a tener problemas? Ojala que no, y si era así no quiero volver a pasar por la situación de hace dos años. Tengo esta duda dentro de mí, quiero saber qué es lo que sucede. Estoy a punto de hablar, pero el teléfono del señor Lincoln suena y lo toma.
-“Lincoln aquí, ¿qué sucede?... Estoy a punto de llegar, ¿por qué? ¿Qué paso?... ¿Cómo que cancele? El jefe está ahí tenemos que ir por el –Su tono de voz demostraba enojo y confusión-… Está bien llevare a la Señorita Richards a la casa de refugio, los veo allá…Si, hasta luego”. Muy bien señorita, cambio de planes.
Dobla en la siguiente esquina y toma varios atajos para evitar el embotellamiento de la ciudad de Cambridge. Miraba las calles y callejones de la ciudad, miraba a los niños corriendo por la acera. Los arboles como corrían detrás de nosotros, los autos, el cielo, estaba observando atentamente todo lo que nos rodeaba, ¿por qué? Siempre que me dicen que nos tendremos que ir a la casa de refugio y es porque sucederá o sucedió algo malo, y esto significa que habrá huelgas, y amenazas cada cinco minutos, odiaba esta casa, no podía salir, no podía ponerme en contacto con Andy. Mientras más pensaba acerca de la casa de refugio más estresada me ponía, ya sabía cómo era el pasar tiempo ahí, no se puede hacer absolutamente nada, ya que la casa está más vacía que las libretas de estudio de Emily Sanders y seguramente nos quedaremos ahí todo un mes o quizá hasta más.
-Señor Lincoln.
-¿Diga?
-¿Qué está sucediendo? Digo, ¿por qué nos tenemos que ir a la casa de refugio?
-La razón se la tiene que decir su padre directamente –me miró a través del espejo retrovisor y rápidamente volvió la vista al camino- lo único que le puedo decir es que no se preocupe por nada, hemos aumentado la seguridad en la casa y lo que paso hace dos años no se volverá a repetir, se lo prometo.
Volvió a mirarme por el retrovisor y me dio una sonrisa, claro que no fue una sonrisa tierna y cálida, sino más bien fue una sonrisa como diciendo que no me preocupe pero que deje de preguntar de una buena vez.
La casa queda en la ciudad de York y nosotros nos encontrábamos en el centro de Cambridge, nos tardaríamos tres horas en llegar, si es que no hay tráfico. En el camino fuimos haciendo paradas (algo que es habitual en todos los viajes) en gasolineras, puestos de comida rápida. Faltando una media hora para llegar a la hermosa ciudad de York, el tráfico nos hizo quedarnos estancados, lo cual hizo que el trayecto se atrasara dos horas.
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Ya en la ciudad pasábamos los edificios del centro, cuando recordé un lugar donde vendían unos baggets deliciosos que quedaban en la “17 Rougier St.” Y le pedí de favor al señor Lincoln si podíamos hacer una última parada en ese local, este se llama “Krunchy’s”.
-No puedo creer que hayamos tardado más de media hora para que usted comprara un bagget.- Me reclamo el señor Lincoln una vez que estuvimos arriba del auto.
-No tardamos tanto y valió la pena hasta usted salió ganando, ya que se compró dos.
Se quedó en silencio un momento, había ganado y él lo sabía.- Abróchese el cinturón de seguridad.
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La casa queda entre “Bishophill Senior” y “Buckingham St.”, su estructura arquitectónica era ladrillo, al igual que todas las casas en casi toda Inglaterra.
Me dejo fuera de la puerta, él señor Lincoln iría a buscar un lugar donde dejar el coche, mientras tanto, un guardia de mi padre me adentro a la casa. En el interior de la casa había más movimiento de lo habitual, damas de servicio subiendo y bajando escaleras con sábanas, colchas y almohadas para llevar al lavado, mayordomos recogiendo la cocina, la sala de estar, el sótano incluso. Todos estaban arreglando para la llegada de mi padre. Mientras iba a las escaleras para subir a mi habitación todos me daban saludos amables y corteses como: “Buenas tardes señorita Richards”, “Su cuarto ya está listo señorita” o cosas por el estilo. Una vez que termine de subir los 24 escalones doble a la derecha y me dirigía a mi habitación, la casa contaba con 8 habitaciones y solamente se ocupaban 4, así que la mayoría de las veces llego a pensar que es un desperdicio el tener una casa tan grande si no se puede aprovechar como se debe. Entre a mi cuarto y todo estaba impecable las sábanas, los muebles, ventanas, incluso mi baño estaba reluciente. Tire mi bolso en la cama y comencé a desvestirme para tomar un largo y relajante baño de tina, entre al baño para preparar el agua, salí y deje la ropa (que gracias a Dios deje un poco de ropa acá la última vez que vinimos) en la cama.
Me hundí en la tina, prendí la música y tome mi teléfono, tenía que hablarle a Andy, a ese hombre lo traía con el Jesús en la boca, además de que seguramente tenía el nuevo chisme del día, era como la nueva Joan Rivers, pero versión gay y él no era travestí.
“-¿Bueno?-Contestaron desde el otro lado de la línea.
-Hola querido amigo Andy, ¿cómo estás?
-¿¡QUÉ COMO ESTOY!? ¡ME TIENE PREOCUPADO, NO SABÍA NI QUE SUCEDIA Y TU TE DIGNAS A LLAMAR CUATRO HORAS DESPUÉS!, ¿¡QUÉ CLASE DE AMIGA ERES!?
-Perdón apenas he tenido tiempo a solas conmigo misma, la casa está llena de gente. Bueno, tú ya sabes cómo se pone cada que venimos.
-¿Estas en York?
-Sí ¿Y tú, estas con Oliver?
-No, él se fue hace como una hora. ¿Qué harás más tarde?
-No lo sé, tal vez llame a una amiga que vive por acá y nos vayamos a un café o a buscar chiscos lindos.
-Te envidio, pediré permiso para ir contigo, además no ha pasado nada interesante por el momento… ¿A ti te ha pasado algo interesante con Bombón Lincoln?
-No, y ya te he dicho que no le llames así. Aunque no te estoy negando que si este guapo.
-¿¡Guapo!? ¡Tienes a una máquina de testosterona a unos cuantos metros de cercanía y tú dices que esta guapo!
Solté una carcajada, amaba como Andy describía al Señor Lincoln, siempre lo veía como el hombre perfecto.- No es más que alguien común como todos los hombres en el mundo.
-Oye cariño, tienes que saber que yo no soy un “hombre normal” en lo que respecta la palabra.
-Cierto, oye te marco luego ¿sí? Me tengo que terminar de bañar.
-Está bien cariño, te amo. Hasta luego.
-Bye”.
Me enjabone y salí de la bañera. Al llegar a la habitación me quite la toalla y fui por mis cremas humectantes, de momento escucho unos pasos por el pasillo, pero no les tomo importancia, hasta que alguien abre la puerta de mi habitación y yo estoy demasiado lejos para poder tomar mi toalla.
-Señorita Ri…
Es Lincoln.
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"El Guardaespaldas".
Novela JuvenilDos hombres, uno a estado con ella y el otro quiere estar con ella. Un accidente que casi le cuesta la vida, un error que le cuesta el amor verdadero.