Capítulo III: El cultivo

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Estaba en un cuarto oscuro, las paredes eran de ladrillo, el lugar parecía tan viejo que las paredes tenían musgo, escrituras y jeroglíficos estaban talladas en la roca, se escuchaban voces que eran como susurros indescriptibles y solo unas cuantas velas iluminaban aquel cuarto; era un cuarto? Un castillo? Un templo?, no, una prisión. No podía describir la escena, gritos se escuchaban en todas partes y una luz roja broto del medio del cuarto, algo se formaba, el que? No lo sé, pero si pude notar como un aura negra rodeaba a una chica desnuda de cabello casi blanco; algo no estaba bien, sentía que tenía que huir, de qué? Tampoco lo sé, pero sabía que algo muy malo estaba a punto de pasar.

Entonces desperté, las campanadas del amanecer sonaron dando aviso para que nos alistáramos para comenzar un nuevo día, pero que era ese sueño?, era tan real que... una parte de mi sentía que era más que un sueño; sin ponerle mucha atención me levante y nuevamente tome el pequeño mapa que hice el primer día cuando llegue, seguidamente un hombre toco la puerta y la abrió; era aquel señor con túnica del conjunto, recuerdo que Viris lo llamo Ruber

Ruber: buenos días plebeyo, aquí esta vuestra ropa para alistarse el día de hoy

Dicho eso simplemente se retiro, dejo encima de mi cama un pantalón café y una camisa de lino blanca pero muy sucia, después de ponérmela decidí salir del dormitorio, todos estábamos enfrente de la cabaña cuando llego el padre Gavibael

Gavibael: plebeyos míos, hoy es un nuevo día en nuestras vidas, listos para servirle a nuestro gran señor, cada uno esta vestido para ir a los cultivos y recoger las cosechas, nos alistaremos en grupos, primero iremos a cultivar la nueva cosecha y después iremos a cosechar los cultivos y nos separaremos, un grupo para los manzanales y naranjos; otros para las verduras y vallas; y el último para el sembradío de maíz, a este último se le suministrara una canasta donde pondrán el maíz, intentaran cubrir el mayor terreno posible, recuerden que se puede perder con facilidad, cuando el sol este apunto de oscurecerse nos reuniremos para ir al gran comedor

Ya listos con las ordenes fuimos a el conjunto donde una vez más sucedió lo inevitable, de nuevo nos arrodillamos y empecé a oír sus oraciones que me helaron la piel, nuevamente sentía ese frio en todo mi cuerpo y sentía que los minutos eran horas, que cada segundo las oraciones eran más fuertes que ya se escuchaban como gritos, veía de reojo como nuevamente afuera parecía que el mundo se acabase solo cerré los ojos deseando que todo acabara, aunque fue una eternidad acabo y todo volvió como al principio, con luz y como si nada hubiese pasado, como si todo estuviese en mi cabeza. Después de ello, fuimos los sembradíos y camino alla Sitara me hablo

Sitara: estas bien?

Micael: si eso creo

Sitara: aún piensas en lo que paso ayer?

Micael: si pero más bien, en lo que paso después

Sitara: que paso?

Micael: faltaba una cuerda para atar una de las ovejas y Viris, me pidió ir al establo por una

Sitara: y cuál es el problema?

Micael: que al ir por la cuerda estaba en un rincón junto a los bultos de paja, pero al hincarme sentí una respiración detrás mío, como la de un animal; al bajar un poco la cabeza vi la silueta de un pequeño caballo

Sitara: no eres el único

Micael: a que te refieres?

Sitara: te dije que cosas extrañas pasaban, cosas de ese tipo, cada vez que muere un animal algunos sienten su respiración o lo ven andar en medio del pueblo, otros sienten una presencia atrás de ellos viéndolos fijamente aunque estén solos, nadie voltea por miedo, a veces en los sembradíos suelen desaparecer personas y los encuentran sin vida al día siguientes, o cuando se oculta el sol sientes que te siguen como si alguien tratara de alcanzarte

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