Romina
Escucho un ruido a la lejanía y abro mis ojos, observo la habitación a mi alrededor y comienzo a recordar toda la noche anterior.
Me siento en la cama y tomo mi celular para revisar la hora.
09:30am
Suelto un bostezo, puedo escuchar la ducha con claridad, Juan se debe estar duchando, tiene la suficiente confianza como para ello, respondo algunos mensajes y me pongo de pie, decido bajar a buscar algo de agua y a buscar una aspirina, creo que me pasé un poco de tragos anoche.
Pero primero busco algo decente para ponerme, consigo un short de pijama y una camiseta, bajo y saludo a Mila, la señora que limpia en mi casa desde que tengo memoria, me sonríe y sigue en lo suyo.
Entro a la cocina, busco en los cajones la medicina que necesito y me sirvo un vaso con agua, en eso, detecto movimiento afuera y veo por la ventana a los guardias de mi papá, tenían una entrega temprano.
Bueno, esta historia es bastante simple, mi papá es narco, un gran narco mexicano, esa es la razón por la que mi casa es una gran mansión, hay mujeres de limpieza y muchos guardias, autos, dinero, etc.
Muy pocas personas saben de esto, en realidad, de mi círculo social casi nadie, Juan lo sabe porque escuchó una conversación que no debía escuchar y luego me encaró.
Al principio tuve algo de miedo, luego me explicó que tenía sus sospechas, pues, resulta que su padre también lo es.
Las pocas personas a mi alrededor que lo saben es porque estuvieron husmeando donde no debían o escucharon conversaciones sin querer o presenciaron algún "evento" en mí casa o porque mi padre se los dijo.
No me gusta contarlo, porque eso no es de incumbencia de los demás, a parte de que, en este mundo no se puede confiar en todos.
Juan cambia la perspectiva, él conoce este mundo, sin embargo, dejamos claro que no íbamos a revelarnos de qué cártel somos, no queremos problemas, simplemente sabemos esa información del otro y ya.
Nos ahorramos mucho y nos salvamos de situaciones difíciles, lo genial es no fingir delante de él algo que no soy.
Romina Pérez, hija ejemplar de Santo Pérez, Jefe del Cártel de los Santos, criada para matar.
Mi padre desde que era pequeña me quizo criar a su imagen y semejanza, pero más bonita o eso dice él.
Dice que con mi rostro de ángel puedo obtener lo que quiero de quien sea y que no iba a permitir que alguien pudiera hacerme daño cuando él podía entrenarme para defenderme ante quien sea, sin importar su tamaño, fuerza o agilidad.
Desde los 6 años estuve entre Armas, drogas, reglas, golpes, todo eso para que fuera quien soy hoy.
Puedo manejar cualquier arma con total facilidad, las computadoras son mi mayor fuerte, soy una hacker de primera calidad, sé cuantos kilos de drogas hay en un bolso con sólo tomarlo entre mis manos, entre muchas otras cosas.
Por razones ajenas a mí he tenido que matar a cuatro hombres a lo largo de toda mi vida, tengo 20 años, pero muchos creen que por ser hija única soy la niña consentida de papi.
Okey, lo soy, pero la niña consentida de papi con 10 años pidió para navidad un revólver de alto calibre con silenciador y créanme que aún lo conservo.
Me siento a devorar el desayuno que prepararon las cocineras para mí cuando escucho unos pasos acercarse, sonrío cuando veo a Juan ya vestido y con su cabello aún un poco húmedo.
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Hijos de Narcos
ActionDe los carteles de narcotraficantes de México se creería que solo los lideres y algunos de sus empleados se conocían, pero la verdad es que, incluso sus hijos se conocen o bueno, llegan a conocerse después de un pequeño percance, ahora, tienen que h...