Capítulo 4

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Rosa

Esta mañana mientras desayunaba Juan llegó tan campante como si nada y con un chupetón en el cuello que se le veía desde lejos.

Yo no puedo llegar ni a esas horas y mucho menos en esas condiciones, pero como no soy Juan.

La verdad, no sé qué más quieren de mí en esta familia. Deberían superar que quería probar las drogas.

Todo el tiempo es lo mismo. Estoy segura de que si mi madre estuviera viva sería distinto. Ella me trataría como la mujer que soy, no como hacen Juan y mi padre, siempre tratándome como una niña.

Salgo a la piscina y me siento en una de las sillas que están alrededor, tomo el control del sistema de sonido y coloco música, sonrío cuando suena una de mis favoritas y me coloco mis lentes.

Me recuesto, cierro los ojos y dejo que el sol broncee un poco mi piel, de pronto algo o mejor dicho, alguien me hace sombra, abro los ojos buscando al culpable de ello y consigue a unos bonitos ojos azules observándome con arrogancia.

-¿Qué haces aquí? -pregunto a Felipe, uno de los empleados de papá.

-Vine a ver a lo más bonito que tengo en la vida. -dijo con una sonrisa dulce dibujada en sus labios.

No pude evitar sonreír ante aquel comentario. Verán, Felipe y yo tenemos una relación oculta de mi padre y mi hermano, ya lo sé, algo cliché, pero no lo puedo evitar, es un hombre que vale la pena amar.

-Ah ¿Si?-me levanto de forma seductora donde se vea mejor el escote de mi traje de baño desde su posición, noto como traga con fuerza y aumenta su nerviosismo.

Felipe me ama, pero nunca hemos tenido relaciones, me respeta demasiado y dice que quiere que sea especial, sobre todo porque yo aún soy Virgen, aunque sea difícil de creer.

Me acerco a él con lentitud y veo que se quiere alejar pero lo tomo del hombro.

-¿a donde y con tanta prisa?- le susurro cerca de la oreja.- ¿por qué no me conscientes un poco?

Se aclara la garganta y se aleja, me mira con un brillo en sus ojos pero a la vez con reproche.

-No hagas eso, Rosi. Por favor, sabes que me encantas, pero no quiero problemas con tu papá, me gustaría poder subir más en este empleo para poder pedirle permiso como es debido.

Libero un suspiro y me vuelvo a acostar. Me invade un poco la tristeza pero no se lo digo.

Me observa con detenimiento y libera un suspiro también. Se rasca la nuca y hace como que quiere decir algo pero se detiene, niega ligeramente con la cabeza y se va.

Yo siento algo por Antonio el mejor amigo de mi hermano desde siempre, pero debo admitir que esto que siento por Felipe es más fuerte, mucho más fuerte que una obsesión, es amor.

Todo eso lo observo a través de mis lentes oscuros, cierro los ojos con fuerza y siento una lágrima rodar por mi mejilla, la seco con prisa al escuchar unos pasos cerca de mi posición.

-Rosi, papá quiere hablar con nosotros, será mejor que vayas a vestirte.- Juan se detiene frente a mi y yo asiento y le extiendo la mano para que me ayude a levantarme.

-¿De que quiere hablar? -pregunto curiosa. No es muy común que papá nos llame para hablar, normalmente hablamos durante las comidas.

-La verdad, no tengo idea, hermanita. No me dijo nada al respecto. Espero que no sea nada demasiado serio.

Caminamos juntos y yo subo corriendo a mi habitación para cambiarme de ropa, mi papá no me permite andar por la casa en traje de baño, dice qué hay demasiados hombres trabajando en esta casa y que soy demasiado bonita como para estar exhibiendo mi cuerpo.

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⏰ Última actualización: Apr 28, 2021 ⏰

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