Taehyung se aleja en cuanto el reloj marca las siete; es la hora de la clase. El grupo de los jueves es pequeño —solo tres adolescentes—, lo que me permite trabajar con más comodidad. Jimin, el mayor, aparece poco después de las siete y cuarto. Deja la mochila con desinterés sobre uno de los banquillos y se une sin molestarse en saludar. Su actitud suele ser arisca, así que no me sorprende, aun así frunzo el ceño, una mueca que deja entrever mi desaprobación. Le pido que sujete el saco para su compañera Yerim y, a regañadientes, cede.
—Yo quiero boxear, no sujetarle el saco a una niña.
—¿Y qué problema tienes con eso?
—Que golpea, precisamente, como una chica.
—¿Perdona? —interviene Yerim, incrédula—. ¿Tienes algún problema conmigo?
—No, pero tal vez deberías dedicarte a otra cosa en vez de hacerme perder el tiem—
No le da tiempo a acabar la frase: Yerim le propina un puñetazo certero en el estómago. Él se desploma cubriéndose el vientre por el dolor.
—Así es como golpeamos las chicas, para que te enteres.
Sonrío con orgullo. No voy a disimularlo, se lo tenía merecido. Me agacho para ponerme a su altura.
—Lo que hiciste está mal. No me interesa tu mal humor, ¿con qué derecho faltas el respeto a una compañera? —apoyo la mano en su hombro—. Pídele disculpas ahora mismo.
Jimin me fulmina con la mirada, pero traga saliva, sus mejillas se tiñen de carmín, avergonzado.
—Perdóname —dice, con los ojos vidriosos por la vergüenza.
—No soy yo quien tiene que disculparte —aclaro.
Jimin mira a Yerim, que hierve de ira. En un rincón del gimnasio, Gihun, nuestro tercer alumno, observa en silencio, no parece con ganas de intervenir.
—Perdón, Yerim. No tengo excusa, soy gilipollas —murmura Jimin con una sonrisa amarga.
Yerim no responde, se da la vuelta, indignada.
La clase continúa, pero la atmósfera quedó tensa. De vez en cuando miro de reojo a Jimin, está decaído. No es de los que hablan mucho, pero hoy algo le pesa. Le pregunto un par de veces y él rehúye, tras varios intentos, lo dejo estar.
Al terminar, guardo el material y me dirijo a los vestuarios. Allí está Jimin, aún no se ha ido, me mira y esboza una sonrisa vacilante.
—Entrenador —saluda. Yo le devuelvo la mirada, curioso—. ¿Tiene planes hoy?
—¿No? —respondo.
—¿Querría ir a tomar algo conmigo? —pregunta, esperanzado. Me sorprende, no esperaba esa invitación—. Sé que he sido un idiota antes, pero no quiero que tenga esa imagen de mí.
—Agradezco la oferta, pero… ¿por qué me lo pides así de repente?
Vacila antes de hablar y, al final, junta valor.
—¿Por qué no? Tengo diecinueve años y te quiero invitar a tomar algo para conocernos mejor.
—Espera —sonrío, una vez entiendo sus intenciones—. ¿Te refieres a una cita? —pregunto, incrédulo.
—Sí…
—Lo siento, pequeñajo, no me interesan los hombres y, aun si fuera el caso, sigues siendo muy joven para mí.
La decepción asoma en su rostro, pero su humor cambia pronto y me lanza una acusación con brusquedad.
—Eso no es lo que he oído —espeta—. Dicen que eres marica, que dejaste que el otro monitor, Taehyung, te la tocara en las duchas. ¿Y ahora vienes a hacer como si no te gustara? No finjas.
—¿De verdad? —me río, sin dejarme llevar por su ataque nervioso—. Igual es cierto, pero no tendrás forma de comprobarlo. —Cojo mi toalla y me alejo por el pasillo.
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Costuras | Namjin
FanfictionPalestina libre 🇵🇸 • Ganadora de los Carrot Awards 2020 • Ganadora de los Premios Versalles 2021, segundo lugar en FanFic • Ganadora del Concurso Wattlas 2021 -No seas así, Jin. -Nos miramos fijamente, él parece pedir misericordia mientras que y...
