Palestina libre 🇵🇸
• Ganadora de los Carrot Awards 2020
• Ganadora de los Premios Versalles 2021, segundo lugar en FanFic
• Ganadora del Concurso Wattlas 2021
-No seas así, Jin. -Nos miramos fijamente, él parece pedir misericordia mientras que y...
Palestina libre 🇵🇸 Bts (y todos los demás famosos) deben de deja de trabajar con marcas que el movimiento BDS pide boycottear Mis lindas, boycottead todo lo que podáis también. Tener conciencia de clase y empatía es de chicas guapas <3
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Me despido de mis alumnos mientras Yerim me dedica una sonrisa risueña antes de encaminarse hacia el vestuario. Yo me dejo caer en uno de los bancos repartidos por la sala, y mis pensamientos se concentran inevitablemente en una sola persona. Jimin lleva una semana sin aparecer y empiezo a preocuparme. Tal vez fui demasiado brusco con él, sobre todo considerando que aún es prácticamente un muchacho que apenas ha dejado atrás la adolescencia. He pensado en llamarlo, pero no quiero atosigarlo ni hacerle sentir que es un problema mayor de lo que ya es. Sí, tiene mucho que aprender de la vida, sus conductas son cuestionables, y no pienso pasarlas por alto. Sin embargo, sigue siendo un niño, y aún puede rectificar.
Pasan de las ocho de la tarde cuando, justo en el momento en que estoy por subirme a mi bicicleta destartalada, siento el zumbido de mi móvil en el bolsillo trasero. Es un viejo Samsung que me costó cuarenta mil wons. Chasqueo la lengua ante el imprevisto de la llamada. Ya me imagino de quién se trata, y por eso no puedo ignorarla. Al sacar el teléfono, la pantalla ilumina el nombre de mi novia.
—Jin. —Su tono suena más áspero de lo habitual, así que me preparo para una posible reprimenda.
—¿Cariño? ¿Cómo has estado? Hace dos días que no sé nada de ti.
—Te dije que me iba de viaje de negocios —responde, con un reproche implícito—. Pudiste haberme llamado.
—Lo siento, pensé que estarías ocupada. No quise molestarte y preferí esperar a que tú lo hicieras.
—Bueno... —su voz se suaviza, y con suerte evitaremos discutir esta vez—. Tenías razón —admite—, no he tenido ni un respiro. ¿Y tú? ¿Cómo estás? No te sobreexijas, duerme tus ocho horas y come bien, por favor.
Mis labios se curvan en una sonrisa amplia ante su preocupación. Son esos detalles los que me hacen no rendirme en nuestra relación.
—Lo haré —respondo, con el ánimo renovado.
—Mañana vuelvo a Seúl. No te lo había dicho porque fue algo improvisado. Se suponía que regresaba en tres días, como ya te conté. ¿Te viene bien vernos mañana?
—Como tú quieras —acepto con entusiasmo—. Oh, y Yoona.
—¿Qué pasa?
—Te he echado de menos. —Aunque no la tenga delante de mí, imagino su expresión avergonzada, y eso me enternece aún más.