Dos días después...
Había pasado el fin de semana intentando escribir de nuevo, pero no había conseguido absolutamente nada. Carlos se había pasado estos días fuera de casa, así que, técnicamente, hoy empezaría el horario que me había propuesto. Ni siquiera sabía si se acordaría o no. La verdad es que no tenía muchas esperanzas puestas en él. Escuché la puerta, así que supuse que Carlos ya había vuelto de su fin de semana de descanso. Me quedé sentada en el escritorio del pequeño despacho que tenía, mientras miraba la pantalla del ordenador. Pero me rendí, y apoyé la cabeza en la mesa. Esto era un infierno. De pronto escuché el sonido de algo pesado cayendo al suelo a mi espalda, lo cual me hizo dar un respingo. Me volví y vi a Carlos en la entrada de la habitación.
-¿Estás lista?-me preguntó.
-¿Para qué?
-Para comenzar a cumplir tu horario.
-Supongo que sí-me lo quedé mirando cuando vi que abría la bolsa y sacaba unos... ¿grilletes? ¿Qué cojones...?
-Como hace tiempo que no escribes, vamos a empezar poco a poco. Hoy solo tendrás que escribir durante un par de horas.
-¿Para qué es eso?
-Te he visto cuando se supone que estás escribiendo. Te levantas continuamente, vas a la terraza o te pones a mirar el móvil. Pero esta vez no será así. El móvil lo dejaré en el salón. Y ésto, es para que no te puedas levantar-contestó mientras levantaba los grilletes en sus manos. Se acercó a mí y comenzó a sujetarlos bajo la mesa. Me asomé y vi que había un enganche sujeto a la pared. ¿Eso siempre había estado ahí? Era la primera vez que lo veía. Una vez terminado el acople, cogió uno de mis pies y acercó uno de los grilletes a él, pero lo separé al momento.
-¿Qué crees que estás haciendo?
-¿Quieres volver a escribir o prefieres perder todo aquello por lo que tanto has trabajado?-me susurró. Yo tragué saliva. Mierda, no quería joder mi carrera como escritora. Pero atarme a la mesa me parecía realmente excesivo. Claro que, por otro lado, ya había probado mil y una formas de volver a escribir y nada me había servido hasta ahora-. ¿Confías en mí?
Yo levanté los ojos y lo miré fijamente. Después de unos momentos de duda, asentí. Carlos rápidamente me encadenó los dos pies. Movió mi silla hasta que quedé nuevamente frente al ordenador. Entonces, apoyó sus brazos en la mesa, a cada lado mío.
-Si no cumples lo que te he dicho, recibirás un castigo. Volveré dentro de un par de horas para soltarte y ver cuáles han sido tus progresos-dijo mientras me daba un beso en la cabeza. Después salió de la habitación llevándose el móvil consigo y cerrando la puerta tras de sí.
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Sometida
RandomSe supone que me gano la vida como escritora, pero hace varias semanas que no me veo capaz de escribir. Pero mi compañero de piso, Carlos, me ofrece una alternativa a la que no me siento con fuerzas de negarme.
