También aman.

212 17 14
                                    

Sus ojos negros recorrieron el espejo de cuerpo completo de arriba a abajo. Según en palabras de su abuela la reliquia de más de doscientos años frente a él, era un regalo de familia.

El pelinegro suspiró, acercándose al más que maltratado espejo para rozar con sus dedos el contorno de este. Odiaba los espejos, por la simple razón de que estos eran inservibles para él. En todos los sentidos.

– Vale, ¿dónde te pondré? – cuestionó al aire. Mirando todo su cuarto, encontrando un solo sitio enfrente de su cama. Bufó.

– Ya que, macho – dijo resignado. Tomó el espejo con ambas manos y al querer levantarlo uno de los bordes oxidados cortó de lleno la palma de su mano. La sangre salpicó el vidrio del espejo y su contorno.

Miguel hizo una mueca de dolor, saliendo a la cocina mientras maldecía en voz baja. Cuando el pelinegro salió, las grietas en el espejo comenzaron a brillar ligeramente, y la sangre fue desapareciendo tanto del espejo como de su marco.

Cuando Miguel regresó, frunció el ceño al ver el espejo completamente limpio, analizó las habitaciones y después de saber que no había nadie, apagó las luces y entro a su cama. No se molestó en mirar el espejo o en taparlo, el sueño lo venció.

Mientras tanto, una figura completamente negra se materializó en el espejo, y sonrió. Una sonrisa llena de maldad.

Al amanecer, Miguel abrió las cortinas con una pequeña sonrisa en su rostro. Se giró hacia el espejo, sonrió a su reflejo. Comenzó a quitarse la ropa puesto que necesitaba una ducha. Agradecía no tener vecinos, puesto que el espejo su cuerpo desnudo se reflejaba bellamente.

Entró al baño, y se dispuso a ducharse. Una grieta nueva surco el vidrio del espejo, el crujido hizo que Miguel frunciera el ceño. Al salir de la ducha, ya cambiado y seco se acercó al espejo, y con delicadeza paso su dedo por la grieta.

Suspiró – Eres un espejo muy antiguo – murmuró, pero sonrió –. Aún así, eres el regalo de mi abuela así que, bienvenido a mi vida – rió, mirándose a los ojos con su reflejo.

Se mantuvo así un rato, antes de alejarse del espejo y caminar hasta la salida para irse y no regresar hasta ya más tarde.

En la soledad. La figura del espejo sonrió, las grietas comenzaron a ser más profundas. Y finalmente, mientras la luz de la luna daba directamente al espejo. Éste se rompió.

Los cristales volaron por la habitación, clavándose en las paredes y en los muebles. Un desastre brillante. En la oscuridad, una penumbra negra sobresalió, comenzó a formarse en una figura humanoide hasta tomar la forma de un chico. Ojos verdes e infernales brillaron.

«Por fin libre...»

El demonio caminó hasta la mesa de noche de la habitación de Miguel, tomando un cuadro que se encontraba allí. Era del pelinegro. Los dedos fríos y largos del demonio acariciaron la imagen. Mientras sus ojos se volvían rojos y su cuerpo humo.

.

Miguel ingresó a su departamento con una sonrisa en el rostro. Dejó las compras en la barra al igual que sus llaves. Mientras encendía las luces, frunció el ceño en confusión al ver que la del pasillo no se encendió.

Volvió a probar, encendiendo y apagando el interruptor. Pero no funcionó. Suspiró, negando con la cabeza, su móvil comenzó a sonar, camino hacia el sin darse cuenta de que en oscuridad del pasillo alguien lo observaba.

– Alo – dijo al contestar, mientras abría las alacenas para acomodar las compras.

¡Mangel, tío! Hace mucho que no te hablaba.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: Oct 08, 2019 ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Rubelangel - [One Shots/More]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora