Narra Erika:
Detuve mi canto en seco. ¿Escuché a alguien hablar? Miro a mi alrededor, no hay nadie, maldición, provablemente usarán esto en mi contra, no se quién fue, pero es mejor prevenir. No vendré a cantar por un par de días. Tengo terror de que alguien se entere que canto o que me desahogo aquí, esto lo hago para mi, porque la vista de la terraza es hermosa, siento que al cantar viendo el horizonte, me tranquilizo inmediatamente, o al menos, soy capaz de liberar parte del peso diario que debo cargar.
Seco mis lágrimas, respiro hondo y salgo de aquél lugar. Pasé por la sala de música y escuché dos pianos... ¿Dos? siempre es uno... Bueno, tampoco me incumbe; me apresuraré a salir de aquí. Mi estómago grita por que le de algo de comida, no he comido mas que el desayuno en casa; aún así, me voy por el camino mas largo, no quiero ser vista por nadie.
Es un tanto gracioso, quiero estar sola, pero odio sentirme sola, quiero tener a alguien a mi lado, pero si lo tuviera, se que huiría como tonta... Paso por un parque vacío y me siento en un columpio, trato de ignorar mi hambre, por alguna razón, no quiero volver a casa aún, todavía quiero cantar...
Saco mi MP3, me pongo audífonos y selecciono una de mis canciones preferidas, mi voz hace el acompañamiento, se escucha melodioso. Las canciones pasan y yo aún no termino. Para cuando me doy cuenta, ya está anocheciendo, así que voy de camino a mi casa
Narrador Normal:
La noche pasa como siempre para Erika al igual que para Javier. Al día siguiente Erika hace la rutina de siempre y guarda el dinero suficiente para darle un buen almuerzo a Cynthia. Salió de su casa y suspiró, para luego comenzar a caminar, como iba con suficiente tiempo, decidió pasar al parque de ayer. Del otro lado de esa misma calle se encontraba Javier, el cual tomaba rumbo al colegio; al ver a aquella chica de cabello café e inconfundibles reflejos rojos, recordó el día de ayer cuando vió a la chica de su sueño por primera vez. La noche anterior no había podido dormir ¿Realmente era ella? ¿No se trataba de engañar a si mismo? Caminó tímidamente en dirección a la pelicafé, pero antes que llegara, ésta se paró y continuó su camino. El pelinegro la siguió, siempre cauteloso, no quería que lo reconociera, su interior gritaba que quería hablarle, pero él mismo se detenía, sin saber la razón -Tal vez me diga loco o piense que la estoy acosando...- se dijo en sus pensamientos.
Se fue atrás de ella, casi cuidándola, cautelosamente. Al llegar al colegio, le entró curiosidad por saber cual era su clase, así que la siguió un poco mas. Grande fue su sorpresa al enterarse que, su chica de ensueño, tenía su clase justo en el mismo pasillo que él, pero al otro extremo, la idea le agradó, aunque no hablara con ella, al menos podía verla.
Los días pasaron y Javier esperaba ansioso cada tarde para ir a la terraza y encontrarse con su chica, la cual no aparecía; se sentaba un buen rato hasta que llegaba Leo avisándole que el profesor de piano ya había llegado, con tristeza se paraba de donde estaba, bajaba las escaleras y tomaba su clase. La música lo ayudaba a relajarse, al pensar en ella era como si las notar fluyeran por sus dedos, decir que la música es parte de su ser es poco. Así pasaron dos largas semanas, donde cada día, Javier esperaba a Erika en la terraza, mientras que ella iba a aquel solitario parque y desahogaba sus penas ahí, cuando Javier se marchaba a su casa, a la misma hora que él salía del colegio, la ojicafé se levantaba del columpio del parque y caminaba lentamente a su destino; a la hora que Javier pasaba por ese parque, Erika ya no estaba. Era como si el destino jugara con ellos, teniéndolos cerca y a la vez distanciados por miles de kilómetros.
Al iniciar la tercera semana, Erika salió de su casa como siempre, esta vez guardó mas dinero del normal pues ella también debía almorzar, pasó por el parque, pero se dió cuenta que lo estaban remodelando, eso tomaría tiempo -Tal vez sea hora de volver a la terraza...- se dijo a si misma en su soledad. Javier hace un par de días, salía muy temprano de su hogar para esperarla en una esquina, en cuanto ella aparcía, se encaminaba al colegio atrás de ella. Al llegar, se separaron en sus respectivas salas, y Erika al llegar a la suya se encontró con una agria bienvenida
Cynthia:-Bien, escoria, ¿me has traído el dinero?
Erika-...Si, toma... Ya no me queda mucho mas, no podré seguir con esto...-
Cynthia:-¿Hm? Oye, esto es muy poco.-
Erika:-¿Eh? Pero ¡Es mas que la vez anterior!-
Cynthia:-Pues si, es mas, ¿pero sabes? Yo no comeré el mismo almuerzo todos los días. Vamos, deberás mendigar algo si no quieres que vuelva a suceder lo mismo que la última vez que me fallaste con el dinero. Después de todo, mendigar no te cuesta nada verdad? Mirate ¡Con solo verte das pena! ¡De seguro ganarás mucho!-
Romina, mientras reía, empujó a Erika hacia su puesto y se fue con Cynthia a contar el preciado dinero. Erika estaba aterrada, no quería que la golpearan una vez mas, pero debía pensar en si misma y en su almuerzo, no podía darles el dinero que se guardó.
En el otro extremo del pasillo se vivía algo muy distinto, Javier entró a su clase y unas chicas se le acercaron, saludándolo y conversando con él, casi todas a la vez. Javier solo reía y contestaba poco, no quería hablar mucho con ellas.
La hora del almuerzo llegó, Erika no sabía que hacer, en verdad no quería entregarles el dinero
Cynthia:-¿Y bien? ¿Tienes el dinero?
Erika:....No...-
Cynthia:- *La toma de su cabello* Bien, ya sabes lo que te pasará a la tarde, ahora tendré que repetir un almuerzo, me las vas a pagar. *La suelta*-
A la salida de clases, en la tarde, Leo fue inmediatamente a la clase de Javier, mientras Erika subía a la terraza.
Leo:-Javier, el profesor tiene algo que hacer mas a la tarde, por lo que hoy llegará a la hora exacta, vamos.-
Javier:-¿Eh? Está bien... (Pensando*) Supongo que no podré ir a verla...-
Todo el ensayo de Javier, Erika estuvo en la terraza, cantando y tratando de calmarse, ya que sabía que en cuanto saliera de las puertas de colegio, sería atacada por Cynthia. Javier decidió quedarse un poco mas luego de su clase para tocar la melodía del sueño que aún no podía olvidar. Todo este tiempo, no había podido sacarse a la chica de su cabeza, mas aún porque ella era real, eso le causaba curiosidad, pero a la vez escalofríos.
Narra Erika:
Terminé mi canto, ya estaba lista para recivir una gran golpiza, todo por preocuparme por mi tan solo un poco. Bajé las escaleras, pasando por la sala de música, me pareció escuchar un piano, una hermosa melodía invadía mis oídos, así que me paré al lado de la puerta sin que nadie me viera y continué escuchando... Esa melodía, la he escuchado antes... ¿En una canción? No, la escuché solo una vez, ésta es la segunda... En ese momento un recuerdo pasó por mi mente... ¡Mi sueño! ¡Es la melodía de mi sueño! ¿Como es posible? ¿Por que es podible?
Muchas dudas pasaban por mi mente, esa melodía me llenaba, me hacía sentir tranquila, mas que cualquiera de mis canciones, mas que mi propio canto... Pero, fui sacada de mi fantasía por Cynthia, que me tomaba el cabello y me tiró de un puñetazo al suelo. Grité del dolor, estaba desprevenida, no pude contenerlo ni controlarlo.
Cynthia:-¡No grites idiota! Después de todo te lo mereces-
Aún en el suelo, traté de aferrarme a la melodía del piano mientras era golpeada, pero ésta había desaparecido, solo rompo en llanto, con dolor en cada parte de mi cuerpo. Parecía que no iba a terminar... Cada golpe dolía mas... Hasta que, escuchamos como las puertas de la sala de música se abrían, y pude ver a un chico con cabello negro, con cara de terror y pena ante mi estado...
Listo! Lo se, tarde, pero hago lo que puedo, jugar con esta pareja me es dificil, osea tengo toda la trama, pero no se como plasmarla T_T Bueeeh, espero que les guste este cap, ahora editaré Mi Amado Asesino [en mi otra cuenta]. Nos leemos luego! Bye~
Atte: Cata.
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Pianista y Cantante
RomanceEsta es la historia de Erika, cuya voz es hermosa, pero tiene problemas de autoestima y sus compañeros de clase se aprovechan de su debilidad. Ella no quiere que su madre se entere de los maltratos que sufre, por lo que se aferra fuermetente al cant...