Capítulo 2 (I)

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La mañana siguiente se despertó al escuchar unos estridentes ruidos provenientes de la planta inferior. No les prestó mucha atención, pues recordaba perfectamente que aquellas escenas de habitantes viniendo a quejarse sobre algo a su padre solían ser habituales cuando pasaba allí sus vacaciones de niña.

Katia se sorprendía a sí misma con los recuerdos que albergaba en su mente, recuerdos que ni siquiera sabía hasta el momento que existieran.

–Hola, Katia.

Justo entonces, apareció en el umbral de la puerta un chico alto con unas rastas no demasiado largas que se sostenían en forma de coleta sobre su cabeza; sus laterales estaban totalmente rapados. Y los ojos del joven eran ¿naranjas?

–¿Tú quién eres? –respondió la chica, subiéndose la manta hasta la altura de su nariz, como si de algún modo ésta pudiera protegerla de aquel extraño ser.

Escrutó su rostro, dándose cuenta de que tenía tatuada una especie de luna y 2 estrellas en su mejilla izquierda. Sus largas pestañas hacían que su mirada, más que dar miedo, le causara una inmensa curiosidad. Ésta era intensa, y provocaba en ella una sensación de magnetismo escalofriante.

– Necat. "Muerte para los amigos" –explicó con la mayor seriedad posible, y Katia se quedó callada, incómoda ante la situación. El silencio se formó en la habitación en cuestión de segundos, y la chica llegó a la conclusión de que un alfiler en el pecho la habría aturdido menos que aquella escena–. Quiero suponer que tienes una mínima noción de latín y lo has entendido, pero se me hace difícil al ver que no te causa gracia alguna –prosiguió él, frunciendo el ceño instantáneamente.

No cabía duda de que aquel hombre frente a ella no le resultaba una compañía agradable en absoluto, pero al ver su semblante cambiar a una expresión de angustia, había descubierto que tampoco le gustaría tenerlo en su contra. Era desconcertante la cantidad de impresiones que se había llevado de él en tan poco tiempo.

            – ¿Qué se supone que haces aquí? –Lo quería lejos de ella. Ansiaba disfrutar de lo que le quedaba de sueño hasta que diera el mediodía en su cama, sola.

            – ¿Tu padre no te ha dicho nada?

            Fue escuchar eso y Katia salió de un salto de su cama, sin importarle lo más mínimo el hecho de ir en pijama. Sin dudarlo, bajó en busca de su progenitor. Y pensar que por algún momento había llegado a replantearse la posibilidad de perdonarlo...

            De todos modos, por muy furiosa que estuviera por lo que fuera que estuviera planeando su padre, debía admitir que, en parte, le reconfortaba saber que quizá aquella actividad le proporcionaría la oportunidad de alejarse unos días de él, y que su viaje fuera un poco más llevadero.

            De pronto, justo antes de que pudiera dar un paso más hacia el salón, sintió una presión en su muñeca que impidió que se moviera. Siguió tironeando hasta que, simplemente, tuvo que sucumbir, pues su cuerpo no respondía a sus órdenes.

            Estaba paralizada. Completamente. Entonces lo vio claramente, justo frente a ella; los ojos de Necat brillaban tenebrosamente. Estaba usando magia. Contra ella, que ni siquiera le había dado motivos para hacerlo.

            – ¿Qué mierda haces? –rugió.

            – Te estoy salvando el culo, idiota. No es el momento adecuado para molestar a tu padre. Ya le cuesta bastante aceptar el hecho de que lo haya convencido para llevarte conmigo a Tragodía.

            Katia trató de revolverse en su sitio, de alzar el puño hacia su barbilla y de pegarle un rodillazo donde más pudiera dolerle, pero todo resultó en fracaso.

Black-heartedWhere stories live. Discover now